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Clero y Testimonios

Sacerdotes argentinos

Sacerdotes argentinos que peregrinaron a Medjugorje, por nuestro intermedio.

Monseñor JULIO LORENZO, ESTRADA
Monseñor VICENTE, ZAPPIA
padre ANGEL, AGUIRRE
padre HECTOR, ALBARRACIN
padre HUGO A., ARANA
padre HECTOR M., ARMELIN
padre CARLOS FABIAN, BAEZ
padre FRANCISCO, BAIGORRIA
padre FABIÁN ANDRÉS, BARRERA
padre JUAN PABLO, BERRA
padre CLAUDIO, RUBEN BERT
padre ESTANISLAO, BISKUP
padre MARTIN, BRACHT
padre RUBEN, CABRERA
padre FERNANDO, CARMONA
padre CARLOS ALBERTO, CHAVES
padre JUAN FRANCISCO, DE ESTRADA
padre RODRIGO MARCIAL, DOMINGUEZ
padre PABLO, DUMAS
padre DANIEL DOMINGO, FLORES
padre JORGE (Georgie), GALLINO
padre RAÚL, BELARMINO GARCIA
padre ABEL H., GASPAR
padre RICARDO U., GONZALEZ
padre ALEJANDRO, GORDILLO SALAS
padre JORGE LUIS (Harry), GUEVARA
padre NESTOR, de GREGORIO
padre Máximo Leonardo, HERGENREDER
padre OSCAR, IGLESIAS
padre MARIO ALBERTO, KOESSLER
padre Mario, LEZCANO
padre RICARDO ANGEL, LOBO
padre JUAN CARLOS, LISA
padre SEBASTIÁN, LUNA
padre PEDRO, MARANO
padre GUILLERMO, MARCO
padre JOSE IGNACIO, MARTIN SANCHEZ
padre MARIO ALBERTO, MENDOZA
padre FERNANDO, MERINO
padre JUAN JOSE, METTINI
padre JAIME, MOREA
padre PABLO, OSTUNI ROCCA
padre JOSE, PARODI
padre DANIEL, PAVON
padre EDUARDO G., PEREZ DAL LAGO
padre IVÁN, PERTINÉ
padre FEDERICO, PIEDRABUENA
padre PABLO JAVIER, POL
padre SEBASTIAN, RACIOPPI
padre RODRIGO, RIVANEGRA
padre OMAR, ROHRMANN
padre PABLO, ROJAS
padre EDUARDO, ROMERO
padre CARLOS ALBERTO, SCARPONI
padre JORGE ROBERTO, SEIBOLD S.J.
padre MARTIN, SERANTES
padre ANIBAL, SOSA LABORDA
padre MAXIMO, STOCK
padre GUILLERMO, STRIEBECK
padre JOSE MARIA , SUAREZ
padre PABLO, SYLVESTER
padre PABLO, TABOADA
padre NESTOR, TEJERINA
padre MIGUEL ALEJANDRO, TOBARES
padre JUAN CARLOS, VIGNOLI
padre FLORENCIO, VILADOMS VILA
padre CHRISTIAN, WESCHLER
padre RAMON ESTANISLAO, ZAPATA

Algunos de estos sacerdotes, peregrinaron más de una vez a Medjugorje. Iremos agregando a este listado los nombres de los próximos sacerdotes peregrinos. Pedimos disculpas si omitimos algún nombre.

Religiosas

hermana OLGA, MARIA (Editorial Paulinas)
hermana INÉS, BRAUN (Franciscana)
hermana BELEN, MARQUEZ (Sociedad de María)
hermana MARIA, MAZZINGHI (Misioneras de María Madre de la Iglesia)





Sacerdotes Extranjeros

Sacerdotes extranjeros que peregrinaron por nuestro intermedio.

padre DANIEL ALEJANDRO, ARAUJO SEVRINI (Uruguayo)
padre CÉSAR, CAÑETE TORALES (Paraguayo)
padre JAVIER, HERNANDEZ (Uruguayo)
padre JOHN, O´CONNORS (Irlandés)
padre MIGUEL ANGEL, PAEZ CESPEDES (Paraguayo)
padre MIGUEL A., PASTORINO PEREIRA (Uruguayo)
padre PEDRO, WOLCAN (Uruguayo)

Testimonios


4 de agosto de 2016
Impactante testimonio en el Festival de la Juventud

Medjugorje por Fundación Centro Medjugorje

El Doctor Csokay András, procedente de Hungría, dio su testimonio el 2 de agosto dentro del programa matutino del Festival de la Juventud: “Os saludo con muchísima alegría y es todo un placer estar hoy de nuevo ante vosotros, después de nueve años. Me gustaría hablaros de la fe, esa fe que está en continuo crecimiento. También me gustaría destacar que todo es para bien para los que aman al Señor, como nos decía el apóstol Pablo. Estamos rodeados de muchas preocupaciones y dificultades; y no me refiero sólo a los últimos acontecimientos tan trágicos que han tenido lugar en Europa, pues el demonio lleva a cabo incluso mayores destrucciones y hechos terribles valiéndose de personas poseídas por el mal. La causa no es el ateísmo: los malos espíritus nacen de nuestra indiferencia hacia Dios y es aquí donde se abre la brecha por la que penetra el mal. La mayor destrucción se refleja en los 4.000 abortos que se producen en Europa cada día. En cada país del mundo -también a diario- se abortan 130.000 niños. Son nuestros médicos los que los practican. Somos como el endemoniado de Gerasa. ¿Podemos controlar esos malos espíritus? Sí, podemos. Recordemos a Jesús cuando los demonios le piden que los envíe a los cerdos y una vez dentro se lanzan pendiente abajo hasta el agua. Fue entonces cuando dijo a sus discípulos que en esos casos no bastaba con la oración, también era necesario ayunar. A través de los videntes, la Virgen nos dice exactamente lo mismo aquí, en Medjugorje. Cada uno de nosotros tiene el poder de vivir una experiencia mística cada día, cuando escuchamos y reconocemos en lo más profundo de nosotros a Cristo vivo y la Virgen María -lo cual sólo lograremos, sin duda alguna, mediante el ayuno y la oración. Esa es nuestra realidad. Es muy importante que nuestra experiencia espiritual no añada nada a lo que está ya dicho en el Evangelio y en el Catecismo de nuestra Iglesia. Es en la cruz donde podemos discernir de dónde procede esa voz interior, si viene de Jesús o no. Todos podemos estar de parte del mal, actuar y convertirnos en el endemoniado de Gerasa. Yo estuve en ese camino cuando, en mi libertad, abandoné la fe que me transmitieron en mi infancia, perdí la estabilidad espiritual y me convertí en el hijo pródigo. Participé en abortos y cometí adulterio. Fui cómplice del asesinado de mi propio hijo. Me convertí en un médico horrible, en un padre horrible y en un marido horrible.

Pero el mayor vuelco que dio mi vida lo tuve a los 16 años. Fue entonces cuando conocí a mi mujer -aquí está hoy conmigo. Como la mayoría de los jóvenes, antepusimos la relación física a la espiritual aún sabiendo que no estaba bien; pero nos dejamos llevar por las emociones y dejamos de escuchar a Jesús. Como muchos otros jóvenes, también nos alejamos de la Iglesia y dejamos de rezar. Pasaron los años, tuvimos niños y parecía que todo iba bien. Yo era como un deportista que está muy en forma, pero que deja de entrenar y practicar -en la oración y la confesión. Entonces, cuando uno menos lo espera, llega el día de la competición, comienzan las luchas en la vida y te pillan completamente desentrenado. A mi me venció el demonio.

Cuando tenía 32 años, el mal me absorbió por completo: comencé a ignorar a mi propia familia, al sacramento del matrimonio, no paraba de fiesta en fiesta, bebía, me volví arrogante, egoísta… Y como médico, como os he comentado antes, participé en el asesinato de mi propio hijo fruto de una relación extra matrimonial. Fui cayendo cada vez más bajo, dejé a mi mujer y me fui de casa. Pero la voz silenciosa de Jesucristo, la voz de mi conciencia me seguía allá donde iba. Me sentía fatal en esa vida tan terrible que me había creado. Quería regresar a la casa de mi Padre y finalmente lo logré, tras muchos intentos. Recibí el perdón setenta veces siete y por fin pude pronunciar estas palabras: “Señor, Jesús, ten piedad de mi. Querida Virgen María, ven en mi ayuda”. Necesitaba mucho y recibí mucho. Pasaron muchos años -yo tenía 42 años en aquella época. Hace 9 años, cuando hablé en este mismo lugar, pude dar mi testimonio sobre cómo Dios me había sacado del pozo más profundo. Recibí ese don gracias a una experiencia mística que tuve lugar en 1998. Mientras rezaba a los pies de una gran cruz, pude ver al Señor que asentía con la cabeza y me decía las mismas palabras que a la mujer adúltera: “Vete y no peques más.” Ese fue mi camino a Damasco y mi vida se iluminó por completo. Nuestro matrimonio se transformó, el amor infinito se restauró y los dos volvíamos a formar parte de la trinidad con Jesús. Tuvimos dos hijos más, aunque teníamos 47 años por entonces. Profesionalmente mejoré muchísimo, aumentó mi éxito y mi creatividad y todos mis inventos e ideas nuevas nacieron mientras rezaba el Rosario.

En 1998, mientras operaba a una niña de una traumatismo cerebral severo, recé durante la operación y se me ocurrió una idea que ha llegado incluso a desarrollar un nuevo método quirúrgico, en la actualidad muy utilizado e internacionalmente reconocido. De hecho, los niños con traumatismo cerebral se están recuperando mucho mejor. Posteriormente desarrollé nuevos inventos en el campo de la cirugía vascular cerebral. En esos casos, sería mucho más sencillo hablar del increíble poder del rosario, ya que pude ser testigo de muchas curaciones tanto físicas como espirituales de distintas enfermedades, alcoholismo, adicción a las drogas, pecados contra el matrimonio, la familia y los vecinos… Ese fue mi caso. Incluso podría decir que es distinto cuando eres una persona muy religiosa y te llega el dolor y el sufrimiento. Siempre he admirado a Nick Vujicic, un australiano que nació sin piernas ni manos y viaja por todo el mundo dando testimonio del amor de Dios. Pensé que era maravilloso, pero no quería cambiarme por él. Entonces, en el momento en que mi vida cambió -y eso ha sido hace dos años y medio- fue cuando no me hubiera importado cambiarme por Nick. Dios me ayudó incluso hasta ese punto y quería compartirlo con vosotros. Es mucho más duro hacer algo así.

En un accidente muy poco usual y trágico perdí a un hijo de 10 años, que estuvo sentado aquí a mi lado en mi testimonio anterior. Era un chico que rezaba con alegría, era monaguillo y tenía una impresionante fe en Dios. Iba al colegio, era deportista, le gustaban los bailes tradicionales y era buen estudiante. Como los demás niños, era muy juguetón y nunca sospechamos que su temprana enfermedad de epilepsia leve volvería a surgir.

Un día de invierno, encontré a mi hijo ahogado en la piscina del jardín en 20 cm de agua en el día de su décimo cumpleaños, coincidiendo con la Festividad de la Presentación de Nuestro Señor. No fue suficiente una hora de reanimación desesperada… Fue como si pudiese oír al demonio riéndose de mi cuando miraba sus pequeñas manos blancas que sobresalían de ese agua sucia y fría. Jesucristo nunca nos abandona, ni siquiera en los peores momentos. Tras intentar reanimarlo, rezamos el rosario y dimos gracias a Dios por el tiempo que Dios nos lo había dejado. Pero esa fue tan sólo una oración que partía de nuestra mente y de nuestra voluntad. El tercer tipo de oración muy importante que nos faltaba por hacer era el de nuestras emociones. Mi mujer y yo sabíamos que no podíamos culpar a Dios por lo que había sucedido. Sin embargo, mientras lo reanimaba, grité: “Señor, por favor, permítele ser un pequeño Lázaro o el niño de Naim.” Pero pude comprobar que nada cambiaría. Dios también ha creado ciertas limitaciones, en especial cuando permite el dolor y la muerte de un niño. Por eso, nosotros los humanos vemos esas muertes como algo terrible. Jesús nos prometió que los niños se irían directamente con Él, puesto que son criaturas inocentes y disfrutan con Él de su Gloria Eterna, de una felicidad imposible de comparar con las alegrías humanas y con la serenidad. El Señor puso sus ojos en mi y me hizo un maravilloso regalo. Una vez, durante la Adoración del Santísimo en la Basílica de Budapest, pude ver a Jesús con mi pequeño: Jesús, a quien pude ver claramente igual que en el Santo Sudario de Turín, abrazaba a mi hijo por los hombros mientras oí a mi hijo Marcika que me decía: “¡Sí, papá, es verdad lo que estás viendo!” No era la primera vez que escuchaba esa voz, ya que el día en que incineraron a mi hijo lo oí decirme desde el otro lado de la carretera: “Papá, vive en paz, que me caí en los brazos de Jesús, no en los de la piscina.” Y a pesar de todo, como padre y como médico, estuve perdido durante meses. Una vez, mientras jugaba al tenis con mi hijo mayor, vi a un chico que se parecía mucho a mi hijo que había fallecido, con quien también solía jugar al tenis. En aquel momento pude sentir de nuevo mi fe al nivel de mi mente y de mi voluntad, sin emociones, ya que no podía sentir emocionalmente a Jesús. Ese sentido de la cristiandad no es fácil y no nos puede transmitir la alegría de la resurrección. Recé y ayuné mucho y Jesús me increpó: “¿Pero no sabes que está aquí conmigo?” Su voz estaba llena de amor y nunca jamás he vuelto a sentir algo semejante. Sé que fue real, una experiencia mística. Necesitamos bajar a lo más profundo de nosotros y rezar, confesar, ayunar, la Santa Comunión, la Biblia, como nos invita la Virgen aquí, en Medjugorje. Mientras tanto, necesitamos encontrar la fuerza para luchar contra esos malos pensamientos, no huyamos. A veces necesitamos tener un choque frontal con nosotros mismos. He sido consciente de que hablamos de nuestra fe, pero que somos incapaces de seguir el camino en el que de verdad vivimos con Dios.

Siempre queremos controlarlo todo y le pedimos al Señor que nos ayude. Decimos: “Hágase tu voluntad”, pero siempre poniendo la nuestra por delante. Corremos el riesgo de caer en la arrogancia espiritual. No quiero seguir utilizando a Jesús, quiero estar con Él, vivir en Él. No nos alejamos de nuestros seres queridos que se mueren, porque cuando estamos en Cristo, estamos siempre con ellos, siempre estarán en nuestras vidas. Su recuerdo constante nos reconforta mucho. Como oración a Jesús, podemos aprender a decir: “Señor Jesús, ten piedad de mi, que soy un pecador”. San Pablo nos dijo que debemos estar siempre en oración y que todo es para nuestro bien, incluso la muerte de un hijo. Vivamos en la alegría de la Resurrección, contagiémosla. Con Jesús y la Virgen María podemos cambiar el mundo.”

12 de agosto de 2009
Un regalo tumbante

Intentaré contar lo que la Virgen hizo para mí  y mis tres amigos, Clara, Celia y Luis, cuatro de los seis peregrinos que fuimos a Medjugorje “engañados” por el padre Cruz, durante la última adoración, la última noche del Festival de Jóvenes 2009, el día del cumpleaños de la Gospa. Lo contaré en primera persona, desde mi propia experiencia, aunque no pueda dejar de contar lo que vivieron los otros como algo mío también.

Primero explicaré un poco mi situación y experiencia en la fe.

Desde pequeño he tenido la suerte de conocer de Dios y creer en Él, no sólo por herencia familiar, sino por mi entorno más próximo. Tuve la suerte de que mis amigos y yo, que nos conocimos en una urbanización de Ávila llamada Puenteviejo, viviésemos muchas experiencias que nos acercaron mucho a Dios. Siempre he participado en la misa dominical, junto con mis amigos formamos un coro para la misa de la urbanización, fui a campamentos cristianos con ellos, rezábamos juntos y encontré apoyo y confianza en el Padre Cruz Miguel desde muy joven en el colegio. También he sido catequista de niños y jóvenes desde hace siete años. Doy gracias a Dios por todo eso, que ha ido fortaleciéndome en la fe, a pesar de mis altibajos.

Eso es una cosa y, según creo yo, otra muy distinta es creer que la Virgen se aparece en un pueblo perdido de Bosnia y que hace milagros. No veía necesario que la Virgen se apareciese, y menos que se apareciese de esa forma, tal como contaban, que más parecía sacada de cuentos de hadas. Además, yo nunca he oído antes hablar de Fátima y Lourdes más que como un sitio donde van las abuelas de la parroquia. Cuando oí hablar de Medjugorje, no sé porqué,  me atrajo la idea y me apetecía ver qué había en un lugar en el que, según la gente, “pasan cosas”. Así que la Virgen María, con ayuda de la Citröen Jumpy, nos llevó para allá.

Después de unos días de viaje, con paradas en Roma y Asís, allí estábamos, en un pueblo católico en medio de un país de mayoría musulmana donde sólo había dos montes a los que se iba a rezar, una iglesia y un montón de tiendas de suvenires, hostales y pensiones. Estábamos allí para el Festival de Jóvenes que se celebra cada año del 1 al 6 de agosto. Todo era muy raro, incluso para mí. Todo estaba lleno de gente que parecía que venía con todo mucho más claro que nosotros. Había gente que había ido allí catorce veces. ¿Por qué? No tuvimos respuesta clara hasta el último día. Recuerdo que la última vez que hablé por teléfono con mis padres, el día antes, les dije con tono de burla: “No he visto a la Virgen, pero se está bien aquí”.

Ahora ha pasado exactamente una semana desde que Dios me dio, allí en Medjugorje,  un regalo que no podré dejar de agradecerle, pero que me costará entender.

Durante la última adoración, después de la última misa, la gente nos pisaba, pues estábamos justo delante de un paso por donde salían todos los que tras la Eucaristía decidían marcharse. Ahora soy capaz de darme cuenta de pequeños detalles que la Virgen había preparado meticulosamente para que todo saliese como ella quería. Esa adoración, la última, la del día de su cumpleaños, el de la Gospa, era la única a la que habíamos ido todos. Estábamos todos ahí y María no quería que estuviésemos en otro sitio. No quiso que faltase nadie.

Al principio de la adoración yo estaba muy a gusto, a pesar de los pisotones. La música parecía perfecta para ambientar, y la oración que proponía el sacerdote para reflexionar también me parecía que era muy apropiada para despedir el Festival. La oración era de acción de Gracias, por los momentos vividos, que no habían estado nada mal. Yo me despedía contento a Dios de aquellos días, aunque por dentro quizás un poco decepcionado por irme con una idea sobre la “milagrosidad” de aquel lugar parecida a cuando había llegado. Además, estaba un poco disgustado por Celia y Luis, que habían venido buscando “algo” y se iban sin encontrarlo. Pero ahora entiendo las palabras de Cruz y de Santiago al principio del viaje: “Ya que habéis venido hasta aquí en furgoneta, la Virgen no os va a dejar sin regalo”.

El último rato de la adoración yo ya no estaba tan concentrado, puede que por las molestias acumuladas en las rodillas después de cinco días arrodillándonos frecuentemente sobre piedrecillas, no precisamente cómodas. Empecé a fijarme en Clara y ella estaba orando con las manos juntas a la altura del estómago en posición de ofrenda. Yo nunca la había visto rezar así, pero pensé: “Qué bien, que a gusto está”. Después la vi llorar un poco, pero me pareció que sería por la emoción. Cuando nos levantamos, porque la adoración había acabado, después de los fuegos artificiales, llegaron un hombre y una mujer hacia Cruz, que estaba justo a la derecha de Clara. Eran un hombre de unos 40 años y una mujer algo más mayor. El hombre tenía una barba frondosa y era muy delgado. La mujer era algo más robusta y de piel y pelo claros. Empezaron a intentar hablar con Cruz en inglés, pero no muy bien; eran húngaros.  Clara y yo nos acercamos a ayudar a Cruz, para entender lo que querían. Al final comprendimos que querían la bendición. Ya habíamos visto a más gente acercarse a Cruz para lo mismo, así que no era raro. Lo que más nos llamó la atención fue cuando antes de irse nos dijeron que se llamaban Chiara y Francesco. Habíamos estado en Asís dos días, de camino a Medjugorje, y habíamos vivido momentos muy bonitos recorriendo los lugares franciscanos y aprendiendo sobre las vidas de Francisco y Clara de Asís. Fue una coincidencia “o un regalo” muy bonito aquel encuentro con esos dos peregrinos tan especiales.

De repente Clara empezó a llorar más y a hacer gestos que no le había visto hacer nunca antes. Me acerqué a ella, le toqué la mano y la tenía más fría de lo normal. Le pregunté que qué le pasaba. Ella sólo me contestó: “¡Que yo no me muevo!, ¡que algo me mueve!”. Yo le toqué el brazo, y vi que lo que decía era verdad. En ese momento, lo único que me salió fue llorar, y eso que a mí llorar me cuesta muchísimo. Me acerqué a Cruz y le dije: “Que no se está moviendo ella”. Fui de nuevo hacia Clara y dejé que la Virgen hiciera lo que tuviese que hacer. Cerré los ojos, empezó a acariciarme la cara, a secarme las lágrimas y tocarme el corazón. Esas manos no eran las suyas, las conozco muy bien. Inmediatamente noté como que algo entraba dentro de mí, algo que tenía más fuerza y más amor de lo que haya sentido nunca. Me caí al suelo, pero sin brusquedad, sin violencia, y viví los momentos más bonitos y de más paz que nunca nadie haya podido imaginar. Tenía los ojos cerrados, no los podía abrir, sentía como si alguien me los estuviese cerrando y no quisiese que los abriera; el Señor quería que disfrutase de ese momento. Sentía a los que estaban a mi lado y cómo alguien me cogía de las piernas, creyendo que me había desmayado. Luego supe que ese alguien era Santiago, compañero de peregrinación y ahora amigo.  Pero no, aquello no era un desmayo, eso lo sé yo muy bien, pues ya he experimentado más de un desmayo durante algún análisis médico. A mi derecha empecé a escuchar a otra chica del grupo de españoles, que rezaba oraciones a mi lado, pensando que me había pasado algo malo. Por lo que recuerdo y me han contado, lo único que dije fue: “Esto es bueno, es de Dios” y agarraba la mano de Cruz y le acariciaba la cabeza. Ese gesto no habría salido de mí solo sin el Espíritu Santo. Recuerdo que sólo podía sonreír y dejarme llevar por aquella sensación indescriptible. Después de ese rato de paz absoluta, creo que de menos de un minuto, me levanté con una alegría y sensación de felicidad que nunca antes había sentido. Me acerqué a Santi y lo abracé con fuerza, pero no era mi abrazo, era el abrazo del Padre. Lo mismo hice con Cruz. Después sólo sentí que quería bailar y cantar. Quería quedarme cantando aquellas canciones que hasta ahora sólo habían sido eso, canciones, pero cuyas letras a partir de ese momento tenían todo el sentido, decían justo lo que yo quería decir: “Aleluya, ha ha ha, yes Jesus loves us…”. Clara a mi lado bailaba conmigo y yo no tenía palabras, no tenía nada que decirle, sólo quería abrazarla, sonreír, cantar, bailar. Miraba a la gente y me apetecía sonreírles, bailar con ellos.

Cuando el baile acabó, o alguien dijo que nos íbamos, Clara se acercó a Celia, que estaba asustada porque no entendía qué nos pasaba. Recuerdo esa imagen perfectamente, grabada en mi cabeza. Estaban las dos justo a la salida de la explanada, abrazadas, llorando, y Clara empezó a acariciarla de la misma forma que lo había hecho conmigo. Las dos se arrodillaron una enfrente de la otra y siguieron así, abrazándose durante unos cinco minutos. Luis, que no entendía nada, dijo: “¡Me estoy poniendo nervioso, yo me voy!”; y salió corriendo.  Yo, que entendía cómo el Espíritu Santo, por medio de Clara, estaba haciendo cosas maravillosas con Celia, igual que las había hecho conmigo, sólo podía mirarlas y sonreír. Me di cuenta que, desde un banco que había justo al lado, una monja vestida de color blanco las miraba con una sonrisa que seguro que se parecía a la mía. Creo que en ese rostro estaba también María, y era parte de los personajes que había colocado meticulosamente para que todo saliese como ella había planeado. Al poco tiempo llegó un grupo de italianos, que viendo a dos chicas abrazarse sin soltarse, arrodilladas en el suelo, se unieron y empezaron a abrazarlas todos juntos. Cuando se desengancharon supe que teníamos que dejarlas solas y dije a Ignacio y a Dani, los más pequeños del grupo de peregrinos de la furgoneta, que fuésemos yendo hacia la pensión para cenar. Por el camino me preguntaron que qué me había pasado, que por qué me había caído. Sentí que tenía que contárselo para que supieran que todo eso era bueno, aunque seguro que notaban una felicidad y una alegría que no habían visto antes en mí.

Mientras cenábamos y sonreía llegaron Clara y Celia muy contentas. Después de la cena habíamos decidido subir al Podbrdo, el monte de las primeras apariciones. Luís dijo que él no iba. Ignacio y Dani tampoco quisieron venir.  De camino yo iba con Clara y Celia. De repente Celia me dijo que le tocase el brazo. Lo tenía completamente rígido. Al poco empezó a hacer los mismos gestos de alabanza que le había visto hacer a Clara y a golpearse  suavemente el pecho con la palma de la mano abierta. El espectáculo era para contarlo. Ahora las dos estaban haciendo lo mismo movidas por aquella fuerza que no venía de ellas. Me asusté un poco porque no sabía qué teníamos que hacer. Ellas tampoco lo sabían y me dijeron que llamase al Padre Cruz. Cruz estaba mucho más adelante, con el resto del grupo que nos acompañaba. Le dije que viniera sólo, pues no era algo fácil de entender, y los otros se podían asustar. Cuando llegamos al pie del Podbrdo ellas empezaron a sentir que lo que aquella “fuerza” quería es que se confesaran, y Cruz se quedó con ellas. Yo me quedé con el resto del grupo, sentados, un poco más arriba, contándoles todo con una alegría, un entusiasmo  y una fuerza que no venían de mí. Fue un regalo para ellos también el que yo compartiera aquello que había visto y sentido. Me lo agradecieron muchísimo.

Después de la confesión, Cruz las dejó a ellas solas. Vino a donde estábamos nosotros. Estaba un poco nervioso. Me dijo en voz baja: “Esto está siendo muy duro para mí”. Me contó que, mientras confesaba a Clara, parecía como si a Celia, que estaba más alejada y de espaldas, algo le tirase del brazo directamente hacia Cruz, sin que ella estuviese mirando. A la vuelta, los gestos de Clara y Celia ya no eran los mismos. Sus brazos seguían moviéndose involuntariamente y por acción de una fuerza de Dios. Ahora los gestos eran de agradecimiento entre ellas, para Cruz y para mí. Nos abrazaban y se abrazaban.

La cosa no había acabado. La Providencia hizo que de camino a casa nos perdiésemos y nos encontramos con un hombre que iba cantando en español. Yo me uní a lo que cantaba y entonces me preguntó que de dónde éramos. Le dijimos que de Madrid y nos dijo que él también. Fuimos juntos hasta que llegamos a un portal de una posada donde un grupo muy grande de jóvenes cantaban y tocaban la guitarra. Eran los jóvenes del grupo que había animado los cantos en todas las celebraciones. Eran de muchos países diferentes. Mientras tocaban y cantaban, Clara y Celia bailaban levantando los brazos y alabando a Dios. No hace falta explicar que no eran ellas las que decidían moverse así, pero se las veía muy felices. Mientras, yo hablé un rato con ese chico, le conté lo que nos había pasado y me explicó cómo el Espíritu Santo estaba actuando en ellas desde el corazón y por eso les hacía hacer esos gestos. No sé porqué él entendía aquello de forma tan clara. Después nos despedimos y me dijo algo que me hizo llorar de repente. Me dijo que a partir de ahora tenía que rezar por una cosa. Esa cosa era muy personal mía y es imposible que él la supiese. Me di cuenta en seguida que Dios había hablado a través de aquel hombre tan bueno. Toda la noche había sido un regalo y ahora entendía muchas cosas.

Cuando llegamos a la pensión, sólo estaba Luis sentado en la entrada. Todos los que veníamos del Podbrdo excepto Clara, Celia y yo decidieron subir a acostarse. Era el momento de explicarle a Luis todo y ver su reacción. Él estaba muy asustado y no entendía nada. Clara y yo nos alejamos para hablar solos mientras veíamos de lejos cómo Celia, de la misma forma que Clara había hecho conmigo, intentaba acariciar a Luis y explicarle que ella no se movía, que era el Espíritu Santo el que lo hacía. Luis se resistía a creer en aquello y se metieron dentro de la pensión. Recuerdo que la siguiente vez que vi a Luis tenía una cara de felicidad parecida a la que yo tuve después de aquella “caída”. Nos contó cómo al entrar y mirar al crucifijo de la pared había sentido algo que lo envolvía y lo tumbaba en el suelo. Había recibido el mismo regalo que yo. Parecía que la Virgen había preparado todo para nosotros y todo había salido como ella quería. Nos había tocado a los cuatro, de forma individual y distinta, enseñándonos cómo Dios nos ama a cada uno y lo importantes que somos para Él.
Aquella noche había sido muy larga, pero el tiempo pasó más deprisa de lo normal.  Me acosté abrazando a Clara, rezando, sin poder dormir, mirando al cielo por la ventana, pues ya amanecía, y dando gracias a Dios. A la vez, desde ese momento y durante todo el viaje de vuelta tuve una sensación muy extraña que me hacía preguntarme: “¿Qué quieres ahora de nosotros, por qué nosotros?”

Mi corazón ahora late normal y la sonrisa tonta se ha ido, pero en el corazón quedan muchas sensaciones y ha quedado una puerta abierta para que Dios entre y haga cosas muy bonitas en mí. Creo que Él me está enseñando “el método” para que no se cierre, más bien, para que se abra más y más.

Desde el día que llegué y hasta ahora, he sentido la presencia del Espíritu Santo dentro de mí, que me impulsa a rezar, a pensar en la misa con impaciencia, con ganas de que llegue la próxima Comunión. Parece como si todo ahora tuviese diez veces más sentido que antes de ir a Medjugorje. La Gospa no sólo nos ha dado ese regalo descomunal sino que algo más ha cambiado en nuestras vidas. De pronto siento una certeza absoluta sobre cosas que hasta entonces me creaban muchas dudas. ¿Quién se iba a creer que la Virgen se aparece a seis videntes?, ¿quién se iba a creer que Pablo de Tarso, de camino a Damasco, persiguiendo a los cristianos, iba a caerse del caballo al ver una luz y desde entonces predicaría el evangelio por toda Europa hasta morir mártir? Después de esto, CREO.

Ignacio.

Un sacerdote coreano: mi vida cambio en Medjugorje

El joven franciscano Pedro Kim Dae Woo visitó Medjugorje por segunda vez. Vino desde la parroquia de Incon en Corea, donde desempeña su labor como párroco asistente. Fue ordenado sacerdote en 2009, a pesar de que su sueño era ser cantante.

Estudió en la Universidad la carrera de Ingeniería electrónica, pero soñaba con la música, lo que hacía que redujera su asistencia a clase:-"Estudié Ingeniería durante cuatro años, pero en el fondo, no me interesaba nada".

Pasaba la mayor parte de mi tiempo entre el juego y el canto, la música era mi vida. Yo estudié hasta el momento en que llegué a conocer la música un poco mejor. Hasta el punto en que me di cuenta, que no tenía ningún interés por asistir a clase. En esa época, yo tenía un apodo:- "Fábrica de maldiciones"-, porque todas las palabras que salían de mi boca eran feas, pero tampoco me importaba. Yo sólo me preocupaba por la música y ese era mi mundo, sólo me socializaba con los llamados músicos "...

En 1998 después de leer un libro sobre Medjugorje en el mes de febrero, se decidió a venir en septiembre de ese mismo año. Fr. Pedro continúa: "Hasta ese momento, yo solía ir a la Misa los domingos. Pero, después de leer el libro, empecé a acudir a Misa a diario. Sentí el deseo de empezar a rezar el Rosario y empecé también a rezarlo cada día.

Comencé a vivir los cinco mensajes principales de la Virgen de Medjugorje. En el momento en que empecé a leer ese libro, mi vida no era especialmente brillante ni fácil. Estaba deprimido y mi madre sufría mucho por ello. Para ayudarme, me sugirió que viniera a Medjugorje. Vine, y mi espiritualidad empezó a cambiar. 

El cambio fue enorme, pero todavía tenía en el corazón el deseo ardiente de convertirme algún día, en un cantante famoso.

Cuando llegué a Medjugorje, solía llorar a diario, especialmente durante la Adoración, después de escuchar el sonido del violín".

El Padre Pedro volvió a Corea y empezó a reconsiderar la elección de la música en su vida. No estaba seguro de si eso podría ser una profesión para toda la vida. A su regreso, una persona que rezó mucho con él, le dijo que tenía vocación religiosa. El P. Pedro continuó con su vida ordinaria, pero en el fondo de su corazón pudo escuchar al Señor llamándole: "Dae Woo".
Sintió miedo de aceptar la llamada, pensando que si respondía a esa invitación del Señor, sus días en el mundo de la música habrían terminado. Lloraba a menudo en presencia del Señor, suplicándole que le ayudara a cambiar su vida.

Este joven sacerdote nos contó cómo se decidió finalmente a ingresar en la Orden Franciscana:-"Recé al Señor y también a Nuestra Señora. "Si es tu voluntad que yo tenga vocación religiosa, por favor ayúdame, dame una señal evidente para que yo sepa que he de tomar esa decisión. "Estaba yo diciéndole a Dios en esos momentos, cuando la Santa Biblia se abrió por el Salmo 110 que reza:" Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec".

Cerré la Biblia y sentí como si se me fuera el corazón en esos momentos. Después de tantas luchas internas, puse las otras cosas de mi vida en orden y llamé a la puerta de un monasterio franciscano. Decidí ser franciscano en el año 2000."

Concluyó diciendo que Medjugorje es un lugar de gran gracia, un lugar especial que le permitió cambiar su vida.

Nunca antes de su visita a Medjugorje, había pensado ser sacerdote.

Testimonio de Ángela de la Comunidad "Nuovi Orizzonti"

Hace poco tiempo, el Padre Ljubo me pregunto si estaba dispuesta a compartirles mi historia. Y les puedo garantizar que no es fácil. Pero cuando se experimenta el amor de Dios, se aprende que no se puede guardar para uno mismo. Yo llevo 10 años viviendo esta forma de amor. Llevando el amor a quienes no conocen el amor de Dios. La comunidad nace en 1984 de Chiara Amirante, que comienza a llevar la palabra de Dios a los puntos de muerte de la ciudad de Roma. Tantos jóvenes que no conocían la palabra de Dios le pedían "Clara sácanos de este infierno".
        
Yo llevo 10 años, tengo 38 años y cuando entré a la comunidad no creía absolutamente en Dios. Creía que los sacerdotes y las religiosas se hacían sacerdotes y religiosas por la falta de trabajo. Veía una Iglesia que solo daba reglas. Una Iglesia que prohibía todo. Pero había una pregunta que me hacia: "Si es verdad que Dios es amor, por qué en el mundo hay sufrimiento?". Y con el sufrimiento tuve contacto apenas nací. Porque mi papa y mi mama me abandonaron en un hospital recién nacida. Viví mis primeros 6 años de vida en un orfanato. Dos meses después de mi adopción el instituto fue clausurado por maltrato a menores. Yo había conocido todo menos el amor. Y cuando un niño no conoce el amor es difícil que de adulto sepa dar amor. Crecí rebelde. En la escuela era instrumento de santificación para los profesores. Un día iba a la escuela y dos me suspendían.
        
A los 18 anos eres mayor de edad en Italia, asi que me fui de casa. Pude hacerlo porque tenía un trabajo, una ocupación. Yo soy una ex chef internacional de cocina. Comencé a trabajar en Italia y el resto de Europa. El dinero empezó a ser el Dios de mi vida. Entre más tenia, mas quería tener. Pero a fin de mes no quedaba nada. Todo lo que pertenece al mundo de la afectividad era un desastre. Tenía novios en base a la estación del año. Por lo tanto, tenía un novio para la estación invernal y otro para el verano. Y me decía, por lo pronto yo el corazón no lo meto. Pero cada vez era una herida más que dejaba al corazón muy lastimado.
        
Finalmente me enamoro de una persona que todas las madres de familia soñarían para su propia hija, inteligente, bueno, perfecto. Pero tenía un pequeño defecto: era un católico, un católico convencido. Y empezó a hablarme de Dios. Y le dije: "Escucha Luca las relaciones de 3 no funcionan, somos tu y yo y punto. Dios debe estar fuera". El fingió seguirme la corriente. Después de 2 años, una noche viene a mi casa y me dice: escucha Ángela hablé con mi padre espiritual porque tengo intención de casarme contigo. Yo lo observé un poco perpleja pero por un solo motivo, porque no sabia qué era un padre espiritual. Y le respondí: "Vamos al registro de la ciudad, una cita, dos firmas y estamos casados". Y me dijo: "No para mi es importante el sacramento del matrimonio. Nos dan la posibilidad de efectuar un matrimonio mixto donde tu declares ser no creyente pero yo puedo casarme contigo dentro de la Iglesia". Entonces mi siguiente pregunta fue: "Y esto cuanto cuesta?". "Nada". Por lo tanto pensé, no cuesta nada, la imagen no la pierdo, puedo hacerlo. Puse una condición: "Tu organiza la boda".
        
El comenzó a organizar la boda, pero de repente se enferma, se enferma gravemente... Después de una serie de análisis, nos dicen que debido a una transfusión de sangre había contraído el HIV, tenia SIDA, sentencia ni un año de vida. Y ahí entro en contacto con la primera verdad de mi vida. Porque yo con el dinero hasta ese día había comprado todo y a todos. Pero una sola cosa no podía comprar y esta era la vida. Y para mi fue una derrota. Luca partió para el paraíso 4 días antes del matrimonio. Y ahí se me derrumba el mundo… Recuerdo la tarde del funeral, yo estaba en una playa y dije: "Dios si tu existes yo te destruyo, pero si tu no existes pasare mi vida diciéndole al mundo que no existes". Y ahí comenzó mi guerra con Dios.
        
Primero me acerqué a varias filosofías. Todo lo que era la New Age y Reiki. Pero no encontraba nada de la presencia de Dios. Hasta que un día una colega de trabajo me dijo que tal vez necesitaba ir a psicoterapia. Pensé: he probado todo, pruebo también esto. Y comencé a ir un día a la semana, dos días, tres días, cuatro veces por semana. La psicoterapia se convirtió en mi droga. No tenia la facultad de decidir nada de mi vida. Poco después la doctora me dice: sabes, Ángela, tal vez necesites hipnosis porque tenemos que entrar a lo más profundo de tus heridas. Le dije que si. Desafortunadamente no estaba en grado de tomar ninguna decisión.
        
Desafortunadamente esta doctora era una sacerdotisa de una de las sectas satánicas más importantes de Italia. Ahí pasare dos años de mi vida. Dos años que me llevaron a perder mi dignidad de mujer, mi dignidad de ser humano. Solo el poder, solo el tener. Llegue a alcanzar la muerte del alma. La noche de Navidad de hace 10 años, durante un rito, me dicen que hay una ciudad en Italia en la que puedo ir yo como líder, pero me dicen que tengo que demostrar mi pertenencia, mi afiliación. Y me dicen: "En Roma hay una joven, de nombre Chiara, que ha fundado hace poco tiempo una comunidad. Esta muy protegida por la Iglesia y para nosotros es un obstáculo. Si tu verdaderamente quieres pertenecer a nosotros y tener el poder, debes hacer una cosa: destruye Nuovi Orizzonti y mata a Chiara". Y acepté.
        
Parto para Roma la noche del 5 de Enero. Eran las 8 de la noche y Chiara estaba cenando. Toque la puerta de la comunidad. Estaba segura de aquello que haría. Chiara cuenta siempre que en ese momento en su corazón escucho la voz de Maria que le decía: "Abre tu la puerta que es una hija mía que tiene una gran necesidad". Chiara se levantó y abrió la puerta y cuando abrió la puerta hizo una sola cosa. Me abrazó y me dijo: "Finalmente estas en casa". Es el abrazo que cambia mi vida. Un abrazo indeleble que llegó a mi corazón. Chiara me llevo a su recamara y hablamos un poco. Le entregué el arma y le dije: "Chiara para mi ya no hay esperanza". Y me respondió: "Si. Si hay esperanza porque el amor ha vencido a la muerte. Porque un hijo dio la vida por ti. Y Jesús te ama". Le dije: "Chiara yo los conozco. Tengo pocos minutos. Ellos me mataran a mi y te mataran a ti". "No Ángela, no lo harán. Porque Maria te quiso en esta casa".
        
Llamaron a un sacerdote pues obviamente la primera cosa por hacer era una buena confesión. Debido a las actividades en las que estaba involucrada no me pudieron dar la absolución inmediatamente. Escribieron a la Santa Sede, a la Doctrina de la fe, mi historia. Y un cierto cardenal Ratzinger en pocos días respondió: "Hoy la Iglesia esta de fiesta porque un Hijo ha regresado a casa". Con un permiso muy especial la noche del 27 de Enero, en la capilla de las hermanas de la Madre Teresa en Roma, pude recibir la comunión, pude consagrar mi corazón al Corazón Inmaculado de Maria, y pude hacer votos de pobreza, obediencia, castidad y la alegría de Cristo Resucitado. Y ahí comenzó mi camino. Mi camino de sanacion. Donde ninguno había conseguido sanar ciertas heridas, solamente el amor de Jesús.
        
Pero había todavía una herida que no había podido sanar, y era la falta de una madre… porque me faltaba… Me faltaba cuando en Navidad todas la madres telefonaban y yo no recibía una llamada. Y entonces un día Chiara me envía a abrir un centro de ayuda a la vida. Un centro para jóvenes madres y menores en riesgo. Me fui con el entusiasmo de abrir una casa. Pero después de poco tiempo, empecé a recoger un grito de dolor. Madres que habían dado a luz en cárceles, que no sabían leer ni escribir, habían firmado ciertos documentos y una vez dado a luz el niño, les era arrebatado. Y entonces me decían: "sabes, hoy tendría un hijo, pero está en alguna parte, tiene 8 años, nunca lo he visto". Comencé a recoger el grito de dolor de mujeres que habían abortado y me decían: "Sabes hoy tendría un hijo pero lo asesiné".
        
Por la noche cuando llegaba frente a Jesús para entregarle todo este dolor. Empecé a escuchar una cosa en mi corazón: "Ángela, si hoy tu existes es porque tu madre dijo sí a la vida". Cuando se experimenta la misericordia de Dios, la primera cosa que se aprende es a no juzgar. Y yo no tenía ningún derecho de juzgar a mi madre. Porque si una madre llega a abandonar a un hijo es porque hay un gran dolor.
        
La ley italiana permite obtener información del propio origen. Encontré a mi madre. Comenzó a telefonearme y un día me sugirió conocernos personalmente. El 2 de Junio de 2004 partí para la ciudad donde ella vivía para encontrarla. Y había dos partes de mí. Estaba la parte humana que decía finalmente podré llamar a alguien mamá. Pero había una parte operativa que me decía Ángela no sabes qué puedes encontrar allá. Mi error es que venció la parte humana. Pero el hombre propone y Dios dispone… porque pocos minutos después de encontrarnos, con una mirada que yo no le deseo ni a mi peor enemigo me dijo: "Tu para mi no has existido hasta ahora, no existes hoy, sal de mi vida". Yo no sé qué siente una madre cuando un hijo dice no al amor, pero les puedo decir lo que siente un hijo cuando una madre le dice no al amor…
        
Fue un gran dolor, regrese a Roma con Chiara y le dije: "Pero yo qué le hecho de malo a Jesús, trabajo para Él, por qué no me puede ayudar?" y Chira me respondió con una frase de Santa Teresa de Ávila a mi pregunta de por qué Jesús me trata asi, me contestó: "Sabes Ángela a sus amigos los trata asi". Y Santa Teresa había respondido: "ahora entiendo por qué tienes tan pocos amigos"…
        
Chiara me dijo: "escucha Ángela tienes 20 días de vacaciones, hay un lugar al que puedes ir. Este lugar es Medjugorje, toma tus vacaciones y ve allá". Era el periodo del aniversario. Y pensé: yo a Medjugorje no voy. Mejor me pagas las vacaciones a Croacia que tiene un mar estupendo y un día voy a Medjugorje. Pero yo no voy a ir a meterme en las piedras, las colinas, el calor... Y ella me dijo: "te recuerdo que tienes un voto de pobreza y un voto de obediencia. Y tanto por obediencia vas a Medjugorje". Asi que vine a Medjugorje.
        
Llego a Medjugorje. Y me daban pena los peregrinos. Porque decía: al menos ellos podrían ir al mar y no van. Yo estoy obligada a estar aquí. Los primeros 10 días no quise saber de nada. El onceavo día, cerca de la tienda verde, pasa la vidente Marija me saluda y me invita a una aparición. Y de golpe, riéndome, le contesto: "escucha Marija la Virgen tiene que venir a mí porque yo no me muevo". Me observó un poco sorprendida y me dice: "de todas formas vienes".
        
Era al día siguiente en el Oasis de la Paz, estaba lleno de gente. Yo llego a las 6:20 p.m. y había gente que llevaba 2 o 3 horas esperando. Y yo decía: para qué llegar tan temprano, de todas formas no la veo. Llego al Oasis, pasa Marija, me toma por el brazo y me lleva con ella dentro de la capilla del Oasis. Y empieza la aparición. Me hizo arrodillarme, ella estaba al lado de mí. Yo veía a todos los peregrinos, y decía: "¡qué buenos, como rezan!", pero mi corazón estaba cerrado.
        
Por otro lado pensaba, no se podía estar al lado a un personaje como Marija y no verse afectado. De repente la observaba y veía que movía sus labios de vez en cuando, y en ese momento ¿saben cuál era mi preocupación? ¿Pero ella con la Virgen habla en italiano o en croata?. 15 días después le hice esta pregunta y me dijo que hablaba en croata.
        
Pero en cierto momento sucedió una cosa, y se lo dice la persona más racional que existe. Empecé a sentir un calor en el cuerpo, era un calor que me envolvía, era como si algo me abrazara, pero lo más increíble era como si fuera un transplante de corazón y subrayo la palabra transplante porque no era un corazón reparado, era un corazón nuevo…
        
Termina la aparición, y yo continuaba repitiéndome, Ángela no ha pasado nada. Y entre más lo decía mejor me sentía. Marija se levanta e hizo lo que hace siempre, explica lo que ha sucedido. Delante a todos dice: "He presentado a la Virgen todas las intenciones de oración, la Virgen ha orado por ustedes, los ha bendecido" y después delante a todos me observa y me dice: "La Virgen hace suyo el dolor que llevas, pero a partir de hoy sólo Ella será tu Madre".
        
Marija de mi historia no sabia absolutamente nada. Salí de la capilla, Marija me toma por el brazo y nos vamos a casa. Y aún sin convencerme le hago una pregunta: ¿Marija, estabas ahí, tú en la capilla me viste? y ella sonriendo me respondió: "yo no pero la Virgen sí". Y desde aquel día he sentido a Maria en mi vida.
        
He descubierto que cada vez que tengo el rosario en las manos es Maria quien me toma de la mano. Aquella tarde aprendí otra cosa, que era cierto que hasta ese día había trabajado para Dios. Pero que Maria quería que trabajara con Dios. Y otra cosa bellísima es que si yo quería llegar a ser santa, debería tomar a Maria como modelo de santidad. Y para un carácter como el mío no era fácil. No era fácil vivir la obediencia de Maria. No era fácil vivir la humildad de Maria. No era fácil vivir el silencio de Maria. El silencio de Maria bajo la cruz. Maria estaba bajo la cruz.
        
Fue una experiencia bellísima. Porque descubrí que el dolor, puede ser transformado en amor por la humanidad. Cuando el Padre Ljubo me llamó, a través de Chiara, porque si hoy yo les hablo es porque me han autorizado a hacerlo, me imagino en el paraíso. Me imagino la Santísima Trinidad, con Maria, y los santos. ¡Cuantos se están formando en este momento!
        
Porque si aquella tarde yo dije que Dios no existe, después de 12 años puedo decirles que Dios existe. Por 8 años, viví en el silencio. Viví escondida. Pero hace 2 años, durante un capitulo general de la familia salesiana, Chiara y otras personas importantes me pidieron contar mi historia. Al principio tuve miedo. Pero cuando aprendes que la vida no te pertenece a ti, que la vida es un regalo..., hice este pacto con Jesús: "Jesús te ruego, si mi vida, mi historia, sirve a un solo joven a encontrar tu misericordia, daré mi vida por esto".

Queridos Jóvenes: no tengan miedo al sufrimiento. El sufrimiento existe. El mundo nos enseña que no existe. El mundo nos enseña a cubrir el sufrimiento. Pero Jesús nos ha enseñado a vivirlo con Él. Lo que tiene clavado a Jesús a la cruz no son los clavos sino el amor especial que tiene por cada uno de nosotros… Les ruego, como decía San Francisco, no permitan que el amor de los amores no sea amado. Llevemos el amor de Dios a todo el mundo. La Madre Teresa decía: somos gotas en el mar, pero tantas gotas hacen un océano.
        
Queridos Jóvenes: como decía San Pedro, yo no tengo oro ni plata. Queridos Jóvenes: todo lo que tengo me llega de la Providencia, ni siquiera este rosario, me lo han dado. Queridos Jóvenes: yo no tengo nada. A diferencia de San Pedro, yo no hago milagros. Pero les puedo decir una cosa: que hay un Dios que ha dado la vida. Que hay un Dios que nos ama. Que debemos experimentar la alegría. La alegría de Cristo resucitado. Ese pedazo de pan que nosotros adoramos, ese pedazo de pan con el que nos nutrimos. Ahí está realmente el cuerpo de Jesús. Y lo digo con un gran dolor, porque los satanistas creen más que nosotros que ahí está el cuerpo de Jesús. Nosotros tenemos que empezar a creer. Tenemos que empezar a vivir a Jesús. San Pablo decía, no soy yo quien vivo, es Jesús quien vive en mí.
        
Entonces jóvenes, ya saben donde está la verdadera libertad. Está en una sola palabra, la verdadera libertad está en la obediencia. Y lo repito, no escapen al sufrimiento. Llévenlo con Jesús, y entonces ese sufrimiento se transformará en amor. Me despido con una frase de Edith Stein. Cuando Edith Stein se convirtió le preguntaron: ¿por qué te convertiste a la religión católica? Y ella respondió: "Porque busqué el amor y encontré a Jesús".

DOLORES

Me llamo Dolores, tengo 36 años, casada hace 13 años y muy feliz en mi matrimonio. Tengo tres hijos varones de 5,7 y 9 años. Vengo de una familia católica, colegio religioso, etc. Podría decir que tuve una educación católica pero era atea en práctica. Siempre me admiraba la espiritualidad profunda de Juan, mi marido, pero nunca pude entenderla y menos experimentarla. Siempre pensaba y me decía “¿cómo puede la gente vivir rezando?”.

Ahora me pregunto “¿cómo puede la gente vivir sin oración?”.

Podría decir que mi conversión fue hace tres años. Decidí hacer un retiro de silencio total de 8 días. Buscaba algo en mi vida y no sabia que.

Nunca pude rezarle a nuestra quería Madre del cielo. Siempre que rezaba me refería a Jesús y en su defecto a Dios Padre, pero una oración muy vacía y fría, algo que tenia que hacer porque así me lo habían enseñado. Al cuarto día del retiro vi una estampita de la Virgen María que me impacto por la paz de su mirada y me dije “Si me la tuviera que imaginar a María, me la imaginaria así, como la estampita”.
Ese mismo día me di cuenta que la relación con mi madre terrenal hacia que no pudiera rezarle a María. En ese momento no sé que me pasó, pero sentí una paz increíble dentro mío, me caían lágrimas de alegría. Algo había sanado. Ya no estaba mas enojada con mi madre terrena. Tenía una paz que jamás había conocido antes.

Empecé a disfrutar por primera vez de la oración, aunque ahora, en cuanto cerraba los ojos se me venia la imagen de la Virgen María de la estampita que había visto. Pasaron seis meses desde ese día (durante todo ese tiempo siguió estando esa paz dentro mío y una devoción total a María) cuando me anunciaron que estaba con un cáncer de pleura, algo muy poco común y menos en mujeres de mi edad. A los dos días de enterarme me operaban. Cuando entro al quirófano veo en la parte superior de la puerta la misma imagen del retiro pero en tamaño muy grande. Ahí supe que la imagen que tanto me había impactado era la de María, Reina de la Paz de Medjugorje. Ella estaba conmigo nuevamente. La paz me volvió a invadir y la confianza en ella fue total. Al mes me volvieron a operar y después tuve dos meses de rayos.

Mi estado de ánimo nunca decayó. Mucha gente me aconsejaba que viera a psicólogos y derivados ya que no era normal que estuviera tan bien de ánimo. Después de un corto tiempo decidí ver a un equipo de psicólogos que atienden a pacientes y familiares oncológicos por las dudas, en una de esas tenían razón, pero no fue así, ellos mismos me ofrecieron que vaya las veces que quisiera pero no creían que me hiciese falta. Yo sabía que mi bastón era María, mi queridísima madre, ella me daba una paz indescriptible y una alegría permanente. Mi confianza seguía siendo total a pesar de saber que según las estadísticas de mi cáncer tenia aproximadamente 8 meses por delante. Cuando paso un año decidí ir a Medjugorje, ese pueblo en Bosnia & Herzegovina. Sabía que mas que ir a pedirle algo iba a agradecerle tanto!!! Ese año y medio tan especial que había convivido con ella fue más de lo que jamás me imagine que pudiera tener. Estando allá pude confirmar su presencia, su compañía y por sobre todo su amor y paz.

Las palabras no alcanzan para expresar lo que siente el corazón, en el encuentro con Dios.
Ya pasaron dos años y medio desde el día del diagnóstico y tres años desde el día de mi conversión. Puedo decir después de este tiempo de controles, médicos, etc., que fueron los años mas felices y plenos de mi vida. Dios me regalo esta gran oportunidad de conocerlo y sentirlo a través de mi enfermedad , de la mano de María, nuestra querida Madre. Sigo haciéndome los controles periódicamente (que me dan bien) y hago todo lo clínicamente posible, el resto lo dejo en sus manos.

Lo que más me asombra es que esta enfermedad me lleno de alegría y se que no hubiera sido posible si Ella no hubiera estado en el medio. María me llevo a Dios, ya que siempre se aparecía en mi camino a través de personas, imágenes, causalidades (que solemos llamar casualidades), etc. Siempre fue Ella, la Reina de la Paz de Medjugorje. Esa imagen tan perfecta.

P. MARTIN SERANTES

Diócesis de Morón ­ Buenos Aires
Pienso que Medjugorje es una exageración, algo que ya se pasa de la raya y de la lógica. Pienso que esta tan gran exageración sólo se la explica desde la exagerada manera de amarnos que tiene Dios. Dios nos creó por una exageración de amor. Somos sus creaturas amadas hasta el infinito.

La Historia de la Creación, y más aún, la Historia de la Redención, es una Historia de amor apasionado.

El amor es apasionado, o no es. No sería amor. El amor es del todo y para toda la vida. Siempre fui pensando estas cosas en la vida, en el crecimiento espiritual. Y al conocer y vivir estos acontecimientos de Medjugorje, todo esto se me grabó a fuego en mi corazón. Lo que era intuición se transformó en certeza. Es haber vivido una confirmación de las verdades más hondas del corazón.

Esta es mi vivencia de Medjugorje, y pienso que este mismo espíritu fue el vivido por nuestro grupo peregrino. 

Qué difícil compartir una experiencia del corazón. Con dos o tres palabras pareciera que ya estuviese todo dicho... o quien sabe con mil palabras uno aún no ha comenzado a compartir lo más hondo, lo más querido.

No puedo olvidar Medjugorje, lo llevo entero en mí. Quiero compartirlo, y quiero hacerlo más que nada por amor. Por el silencio. Por el amor incondicional a cada hermano, a cada hermana. También por un deseo de santidad, de coherencia de vida.

Doy gracias al Padre por este misterio de amor, y por habernos invitado a vivirlo tan, tan de cerca. El nos guíe para dar testimonio de su eterno amor. Amén.

Castelar, 29 de julio de 2000.

MIR (en idioma croata, "Paz")
es, quizás, la palabra más adecuada que encuentro para describir la experiencia religiosa que se puede vivir en Medjugorje. Palabra que, a su vez, invita a pensar en otras tres que surgen de las letras que la componen: María, Intercede, Reconciliando.

La presencia de María en el lugar es más que evidente, no sólo por las apariciones sino, aún más, por lo que se puede sentir en el propio corazón.

Su presencia es, a la vez, Intercesora, porque nos acerca a través de sus mensajes a su hijo Jesucristo y por él  al Padre en la efusión del Espíritu Santo de la que ella es esposa. Por último, su presencia es Reconciliadora, ya que  por intermedio de la oración, el recogimiento y la meditación, a los que invita continuamente el lugar, nos ayuda a reconciliarnos con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Y de esa reconciliación surge, sin duda, la Paz interior.

Quien desea vivir una experiencia mística y espiritual, que trasciende lo cotidiano, podrá hallarla en Medjugorje y a su regreso se encontrará con nuevas herramientas para continuar en este caminar del peregrino de la vida que busca el encuentro con Dios.

Jesús María Silveyra

Peregrinación  a  Medjugorje (del 28 mayo al 05 junio 2009)
Testimonio de:  Gigliola - Travizan - Mariano Pablo Vladuši
 
Estamos de regreso, luego de concretar un  proyecto incomparable, la peregrinación  a Medjugorje, a la Virgen de la Paz.

Fue una mezcla de peregrinación, viaje y sueño maravilloso, que muchos no habíamos proyectado, no estaba en nuestras agendas, ni en los planes inmediatos ó futuros; pero
entonces un día cualquiera, por los caminos más inesperados que dispone la Divina Providencia, llega ésta propuesta a nuestras manos. La primera reacción  fue de mucha sorpresa, una pizca de duda (sólo un instante), a partir de allí, la peregrinación a Medjugorje fue nuestro objetivo más preciado y lo tomamos con toda la fuerza de nuestras almas; aunque los obstáculos y sufrimientos espirituales fueron muchos, llegó el tan ansiado 27 de mayo de 2009, los peregrinos ya estábamos en Ezeiza, para decirle a  la Virgencita ¡María allá vamos!
 
Llegamos a Medjugorje  BOSNIA-HERZEGOVINA  que no es un lugar, es EL LUGAR elegido por nuestra  Madre, para manifestarse a sus hijos, que somos todos nosotros, a través de los videntes, para darnos sus mensajes y decirnos cuanto nos ama y ama a toda la humanidad y pedirnos que recemos mucho el Rosario, hagamos ayuno, nos reconciliemos, comulguemos y vayamos a la Santa Misa.
 
Medjugorje es un lugar rural hermosísimo, un valle entre verdes colinas, con higueras, granados silvestres, amapolas y pequeños viñedos que bordeábamos para ir a la Iglesia, los habitantes aman las flores, que están por todas partes; en EL LUGAR se respira PAZ una inmensa PAZ, también FE, es como un retiro espiritual inmenso, la gente por miles se confiesa, asiste a Misa, adora al Santísimo Sacramento, es un lugar que uno nunca quisiera dejar.
 
Durante la estadía tuvimos la inmensa dicha, pues la Gospa es decir Nuestra Señora, se manifestó dos veces en Podbrdo en la Colina de las Apariciones. La primera manifestación el día siguiente de nuestra llegada, un viernes a la noche, ya estábamos en el sendero de la colina, pedregoso y a oscuras, iluminándonos  con las linternas para llegar a la cima, donde se reunió una multitud, allí recibió el mensaje de la Sma. Virgen, Iván. La semana siguiente el día 2 de junio de 2009, el mensaje fue para Mirjana, era a la mañana temprano y también había una multitud en la  Cruz Azul, esos momentos nos transportaron y así seguiremos asombrados toda  nuestra vida ¡Gracias Virgencita de la Paz por ese privilegio!
 
En la peregrinación tuvimos la suerte de encontrar un valor agregado,  que fueron nuestro compañeros peregrinos con ellos compartimos todo: manifestaciones de la Sma. Virgen, Misas, oraciones, adoraciones al Santísimo Sacramento, sorpresas, viajes, lágrimas, sonrisas, risas, silencios, emociones, días de reconciliación , días de fe, días de vida.
 
Deseamos agradecer:
Al  padre Mario Lezcano que fue nuestro guía espiritual, nos confesó, celebró las Misas, estuvo atento en cada momento a nuestras necesidades espirituales.

A Ángeles Marín tour leader  con toda su experiencia nos guió como niños pequeños cuando lo necesitamos (ej. Aeropuertos) pero dejó que nos deslumbráramos como primerizos en Medjugorje y en toda la peregrinación.

A Silvia Cecic traductora, la queremos recordar orando la oración de la Sangre de Cristo con tanta unción, en el micro que nos llevaba  de regreso a Split - Croacia  porque finalizaba nuestra peregrinación.

A Juan Carlos Escudero  pues a través suyo se concretaron nuestros sueños. La vida nos regresa a nuestras queridas familias, parientes, amigos colegas, pero estoy segura que en el corazón transformado  de todos nosotros quedará grabado para siempre MARIA-MEDJUGORJE y más abajo muy pequeñita  la “foto de familia” de todo el grupo, que nos sacamos precisamente en la Capillita de la Sagrada Familia.

¡Gracias!

Impresiones de Medjugorje
Chus Villarroel O.P.


El testimonio del sacerdote Chus Villarroel OP no tiene desperdicio, les recomiendo su lectura. Es extenso pero vale la pena.

Juan Carlos Escudero

Día primero, sábado 7 de julio de 2007

En Junio de 1981 un grupo de niños se presentaron una tarde en sus casas diciendo a sus padres que habían visto a la Virgen. Uno tras otro llegaron a casa gritando: “Mamá, he visto a la Gospa”. Las familias y casi todo el pueblo, de gente muy sencilla, creyeron a los niños y a los pocos días eran ya multitud los que se acercaban al monte de las apariciones. Sucedió este hecho en un pueblito de la antigua Yugoslavia llamado Medjugorje. Hoy después de muchas convulsiones políticas y de las guerras que se han sucedido, Medjugorje queda enclavado en la federación Bosnia, en la parte de Herzegovina. Su población es croata y, aunque Bosnia no pertenece políticamente a Croacia, parte de la población, por lengua, raza y religión se siente croata. Fue en ese mes de junio cuando un niño de diez años y otros cinco adolescentes un poco mayores afirmaron un día haber visto a la Virgen.

Como es lógico y ante el movimiento masivo de gente, las autoridades civiles se inquietaron. En 1981 Yugoslavia estaba dominada todavía por el duro régimen comunista que, aun después de muerto el dictador Tito, estaba intentando crear una gran nación compuesta por seis estados menores no fáciles de aglutinar. Este régimen marxista, ateo y perseguidor, vio en estos sucesos una estratagema contrarrevolucionaria de la Iglesia. Desde esa convicción comenzó pronto a tomar parte en el asunto.

La zozobra e inquietud no se limitó a la parte civil. Ocurrió lo mismo en la parte religiosa. La parroquia de Medjugorje, regida por franciscanos, temió que estos sucesos, como tantas veces, no fueran más que una nueva trampa que el régimen político se inventaba para burlarse de la Iglesia y torpedear su misión. El párroco, padre Jozo, sólo llevaba unos meses en dicha parroquia y apenas conocía a la gente y menos a los videntes, máxime cuando alguno de ellos ni siquiera vivía en ese pueblo.

El tema es que pronto comenzaron los interrogatorios a los niños por ambas partes. La policía, a veces, con los padres de los niños llorando, les sometió a continuas vejaciones, halagos y toda clase de inventos para hacerles confesar el engaño. El párroco, ayudado por otros franciscanos, hizo también por su parte lo indecible para que los niños desistieran de propalar embustes semejantes. Los niños, más tarde, llegaron a decir que la policía había sido menos dura que los sacerdotes.

Nadie pudo con ellos. Como decía una de las niñas: “Lo veo, y lo veo”. A otra que le preguntaron: “¿Estás segura de que ves a la Virgen?”, respondió: “Estoy más segura que todos los seguros”. Su convicción y firmeza no se limitó a aquellos primeros años. Hace 26 años que sucedieron los primeros eventos y los seis, ahora ya mayores, casados y con familia, siguen firmes en su convicción y afirmaciones. No sólo afirman que la Virgen se les apareció sino que se les sigue apareciendo muy frecuentemente.

La lucha por la autenticidad de las apariciones sigue viva. Hoy es el día que el obispo de Mostar, al que pertenece la parroquia de Medjugorje, no las admite y más bien habla de estafa. Dicha parroquia está actualmente sin párroco porque el obispo no quiere nombrar a nadie. Por su parte, la orden franciscana, oficialmente, además de no reconocerlas, ha puesto en entredicho a los padres que han llevado adelante la dirección espiritual y la atención al creciente número de peregrinos que acuden a rezar allí en peregrinación.

Es un tema teológicamente muy serio. Al fin y al cabo, al obispo es al que pertenece discernir estas cosas. Por otra parte, si es cierto el dicho de que “por sus frutos los conoceréis”, hay que admitir que ninguna pastoral en el mundo es capaz de reunir a tantos miles de jóvenes, ninguna es capaz de hacer que tantos desheredados de la vida se sientan salvados con un rosario en la mano. El obispo no lo admite pero en esta semana pasada ningún día concelebramos menos de cuarenta sacerdotes. Lo mismo pasa con los franciscanos: sus autoridades no lo admiten, pero la cantidad de franciscanos, ellos y ellas, que hemos visto, sobre todo jóvenes, pone muy en duda el discernimiento de sus superiores.

La pequeña peregrinación de Madrid con la que he venido no es quién ni le interesa juzgar la autenticidad de estos hechos. Los que viven en esta tierra y se conocen bien a sí mismos son los que deben hacerlo. Nos preguntamos, sin embargo, ¿qué significa en este caso autenticidad? Los que niegan las apariciones, a veces con tanto furor, ¿qué entienden por aparecerse la Virgen? Niegan la sobrenaturalidad de estos hechos. ¿Tienen tan bien catalogados los modos y maneras con los que puede hacerse presente lo sobrenatural entre nosotros? ¿De qué burdo realismo nos están hablando? Por otra parte, ¿es posible que seis niños sean capaces de formar este revuelo durante veinticinco años? El obispo apela a una obediencia a rajatabla porque él no cree en las apariciones, pero ¿quién pone compuertas al mar?, ¿qué conflictos personales hay debajo de todo esto? Dada la realidad, ¿no sería mejor que todos se guardaran de pronunciar palabras duras y dejar que el tiempo resuelva el conflicto? ¿No fue condenado Santo Tomás de Aquino por el obispo de París? ¿No llevaron al dominico Savonarola a sus cuarenta y seis años a la hoguera por predicar contra la curia romana? Pues bien, ahora le quieren canonizar. Todo parece indicar que el asunto de Medjugorje es uno más entre tantos episodios que a lo largo de los siglos han enfrentado a la institución con el carisma.

Nuestra peregrinación llega aquí de una manera privada, atraída por la experiencia espiritual que muchas personas han sacado en anteriores visitas. Lo que el peregrino puede percibir en Medjugorje es que, teológicamente, tanto al culto como a  la palabra que se predica, no se le pueden poner peros. Lo que suceda por dentro en cada peregrino pertenece a otro orden de cosas. De internis non judicat Ecclesia. Hay dos cosas muy claras: que las experiencias personales son muy reales y que este humilde lugar atrae cada vez a mayor número de peregrinos. La semana anterior a la nuestra se reunieron 670 sacerdotes de todo el mundo, venidos voluntariamente, atraídos, tal vez, por la fama del P. Cantalamessa, predicador del Papa, que les iba a dar unos ejercicios. El obispo no le permitió a Cantalamessa dar estos ejercicios; los dio otro predicador, testigo de todo lo que ha sucedido aquí desde el principio. Varios de estos sacerdotes con los que pude hablar estaban contentísimos con la experiencia.

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La fama de estas pretendidas apariciones ha llegado también a España. Desde hace años se vienen organizando bastantes peregrinaciones para ir a rezar a Medjugorje. Por la razón que sea, existe entre nosotros una mentalidad poco favorable a tales formas de manifestaciones espirituales. A muchos les parece que con Lourdes y Fátima ya vale. Otros no soportan el secretismo y la comunicación por medio de mensajes, muchos de ellos de tipo apocalíptico y muy integrista. Hay un rechazo instintivo en mucha gente a la que no le gusta que la piedad cristiana se encauce por derroteros poco bíblicos y sustitutivos, según ellos, de la palabra de Dios.

El caso es que yo, participando de estas prevenciones mencionadas, me dejé enrolar en la pequeña peregrinación mencionada de veintitrés personas, que llevamos conviviendo juntas muchos años y nos conocemos muy bien. Algunas de estas personas ya habían estado en Medjugorje y nos convencieron para que les acompañáramos. La organización corrió a cargo de Margarita Cazorla, fiel admiradora de Medjugorje. El nivel espiritual de este grupo es muy alto, ya que son personas que pertenecen a la Renovación carismática y se han tomado en serio en su vida la fuerte experiencia del Espíritu Santo que se engendra en dicha corriente de gracia. Personalmente, no tenía muchas ganas de ir y no estaba motivado suficientemente. Lo hice porque no me gusta cerrarme a nada y dado el creciente numero de adeptos que Medjugorje congrega y con los que tengo que tratar, me pareció sabio el ir a hacer una experiencia personal.

Por eso, el sábado 7 de julio del 2007 a las 5:30 de la mañana estábamos los veintitrés en la T4 del aeropuerto de Barajas. Poco después volamos en Iberia hasta Barcelona. Dos horas más tarde con Clikair, compañía de vuelos baratos, nos embarcamos camino de Dubrovnik, en Croacia. Dos horas y media duró este trayecto. Hacia las 14:00 nos recogió un autobús, que por una carretera estrecha y llena de curvas nos acercó a Medjugorje. En un principio la carretera bordea el mar, que está plagado de islas, rías y ensenadas. El agua es casi color esmeralda bajo un cielo precioso, azul celeste. Como el aeropuerto está al sur de la ciudad, dejamos Dubrovnik a nuestra izquierda y seguimos nuestra ruta  dirigiéndonos hacia el norte por la orilla de un mar en el que había muchos criaderos de mejillones. En sus bordes y orillas la piedra y el acantilado no dejan espacio a ninguna playa.

Hicimos una parada para comer algo y nos sorprendió gratamente lo barato que resulta aquí comer de restaurante. Tienen moneda propia, pero en nuestros círculos turísticos casi sólo funciona el euro. Los croatas esperan entrar en Europa en muy pocos años; aún no pertenecen a la Unión Europea. Todo nos parecía barato, menos la gasolina. Por desgracia, para naciones tan pobres, el precio de ésta es tan alto o más que en España. A las señoras les llamó mucho la atención lo altos y guapos que son los mozos croatas y bosnios.

Al término de la comida subimos de nuevo al autobús. Aún nos faltaban dos horas de viaje; total para recorrer los 140 kilómetros que separan Medjugorje de Dubrovnik. En un determinado momento girando a la derecha nos dirigimos hacia el interior del país. El paisaje hasta ahora había sido bonito porque todo estaba verde y cubierto de arbustos; sin embargo, la sensación era de gran pobreza. No hay bosques ni cultivos, ni una vaca, una oveja o algo que diera impresión de riqueza. Al penetrar en el interior pronto vimos alguna vega a orillas del río Neretva. Aquí los cultivos eran normales para esta latitud con toda clase de árboles y plantas mediterráneas. No obstante, fuera de las vegas, el monte era pura piedra de una esterilidad total.

El viaje se nos hizo largo, no tanto por los kilómetros sino por la limitación de velocidad debido a la estrechez de la carretera, a las continuas curvas y, también, a los pasos fronterizos ya que pasamos de Croacia a Bosnia, de Bosnia a Croacia, y finalmente de Croacia a Bosnia. En uno de esos pasos, nos pidieron el pasaporte. Al llegar a Medjugorje me alegré de no ver pájaros, ni golondrinas ni vencejos, lo cual es señal de que no había mosquitos, como así resultó ser. No me picó ni uno solo, pese a que soy proclive y dormía con la ventana abierta. Otros, al parecer, no tuvieron la misma suerte. Hacia las 17:30 llegábamos a Medjugorje.

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Antes de comenzar el relato espiritual de la peregrinación quiero decir dos palabras sobre la historia y la situación política de estos países balcánicos. La que fue hasta hace poco nación yugoslava está compuesta ahora por seis países independientes: Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia, Macedonia y Montenegro. Seis países a los que no separa ni el origen ni la raza ni la lengua. La lengua es básicamente la misma, con diferencias dialectales que no impiden que se entiendan todos. Como nos decía la guía del último día: “La lengua, que es la misma, la hacen diferente porque quieren ser diferentes”. Dicha lengua es de origen eslavo. En cuanto a la raza se debe decir lo mismo que lo dicho de la lengua. Se trata de la misma raza y el mismo perfil externo: Son gente de estatura alta, blancos de pelo negro, ojos claros, muchas veces azul celeste, en general gente elegante pero de apariencia dura, no muy acogedora ni de modales suaves. Todos ellos formaron un pueblo bárbaro, de los que rodearon el imperio romano, que vinieron, al parecer, del Golfo Pérsico, huyendo de otros pueblos bárbaros más agresivos como fueron los Hunos.

Todo esto sucedió a principios de la era cristiana. La historia, sin embargo, poco a poco, no sólo les ha hecho diferentes sino que ha creado entre ellos odios y divisiones difíciles de soldar. Quizás sea el tema religioso el que más ha profundizado la división. Por una parte, Serbia, más cerca de Constantinopla, pertenece a la Iglesia ortodoxa. En esta Iglesia, desde siempre, la unión de la Iglesia y el Estado simbolizada por el escudo con el águila bicéfala, ha hecho del cristianismo un siervo fiel y potenciador de todas las aspiraciones políticas del Estado. Lo que llamamos nosotros un nacional-cristianismo total. Los sacerdotes forman parte de la burocracia y funcionarado estatal. En ese status,  la religión, más que a Jesucristo, sirve a los intereses de la raza, de la política y de la identidad nacional. Tito, apoyado en esta mentalidad y en el orgullo patrio que engendra, quiso hacer de toda Yugoslavia un país en el que Serbia marcaría las pautas. Sin embargo, el sueño de la Gran Serbia lo único que ha producido ha sido guerra y división.

En efecto, a la muerte de Tito en 1980 la inestabilidad se instaló en todo el territorio. En 1989 asumió la presidencia de la República Federal de Yugoslavia Solovodan Milósevic, bajo la idea de consumar la realización de la Gran Serbia y lo único que consiguió fue una sucesión ininterrumpida de guerras de liberación que asolaron el país y lo llenaron de crueldad y tragedia. Eslovenia, la región más centroeuropea, se separó rápidamente. Más tarde se inició una guerra entre los dos países más grandes y significativos, Croacia y Serbia. Después de mucho sufrimiento y desastre, Croacia consiguió la independencia. Más tarde le tocó el turno a Bosnia, que también logró la independencia. Lo mismo sucedió con Macedonia. Y, finalmente, Montenegro también se ha separado recientemente de Serbia, en el 2006.

No es fácil describir los sufrimientos que estas contiendas han acarreado. Apenas hay familia que no tengo uno o varios muertos. El odio y la enemistad, larvada ya en siglos anteriores, eclosionó plenamente con las contiendas reseñadas. A esto hay que añadir el empobrecimiento económico que les ha llevado a la cola de Europa en renta per cápita. A la guía del último día, cuando en el autobús nos quiso contar estos sufrimientos, se le entrecortaba la voz hasta el punto de no poder hacerlo. Todos nos dimos cuenta y no se le hizo ni una pregunta más. Ella perdió a su padre en la guerra, lo cual significó un golpe durísimo. Sentada a mi lado me decía que hoy a una persona sola, como ella se sentía, le era muy difícil salir adelante en Bosnia. Este año termina periodismo y no ve su futuro nada claro.

Yo, en mi corazón, le exijo a Europa que sea algo más magnánima. Que asuma de una vez a estos países aunque no estén preparados. Queremos redimir los males del tercer mundo y no lo hacemos con nuestro propio tercer mundo europeo. Al fin y al cabo tampoco es tanto; todos estos países juntos tienen un territorio como la mitad de España. Pues bien, en estas tierras de pobreza y de guerra, de adoctrinamiento exhaustivamente ateo y marxista durante decenios, es donde unos niños afirman que se les aparece la Virgen y que les ha dicho que Dios existe, que ella es la Reina de la paz y que nos quiere enseñar a reconciliarnos, porque de lo contrario a todos nos irá muy mal.

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Llegados a Medjugorje, alrededor de las cinco y media del sábado siete de julio,  nos instalamos en la residencia San Giuseppe, dirigida por Marisa, una italiana de pro. Había un grupo de niños belgas flamencos, unos cincuenta, que estaban haciendo ejercicios. Dicha residencia está muy a las afueras, a una media hora andando desde la parroquia. En invierno no parecerá demasiado lejos, pero en plena canícula del mes de julio sí lo parece. Medjugorje está en un paralelo semejante a nuestra costa mediterránea. Una vez colocados en nuestras habitaciones y sin pérdida de tiempo, porque el horario apremiaba, nos recogieron dos microbuses y nos acercaron a la iglesia.

Este año los cultos ya no se celebran en la iglesia porque no cabe la gente. Se ha construido una especie de templete por la parte de fuera del presbiterio, un templete techado y acristalado que es lo que hace ahora de presbiterio y donde está colocado el altar. Para los sacerdotes hay varias gradas que cierran el círculo con el altar. Delante en la explanada hay mil bancos, según contamos, donde caben sentadas unas cinco mil personas.

En los cultos de esta tarde de sábado asistimos como espectadores. De seis a siete se rezaban varias partes del rosario por los altavoces, mientras muchos sacerdotes confesaban a la gente, algunos en sillas al aire libre ocupando la sombra de un lateral de la iglesia. A las siete comenzaba la eucaristía a la que asistieron varios miles de personas. No entendimos nada. Aún no sabíamos que se podían seguir por radio las traducciones a distintas lenguas. La misa se dijo en croato, lengua ajena a nuestras entendederas. La devoción de la gente y la belleza de las canciones nos gratificaban mucho. Quien más, quien menos, de entre nosotros, todos tratábamos de interiorizar lo que presenciábamos.

Entre las ocho y las diez, que sería la adoración al Santísimo, teníamos dos horas para cenar algo. Mi cena fue un risotto, un enorme plato de arroz con gambas y tomate, que sabía muy bueno y del que quedó la mitad. En mi mesa éramos unos quince. Después de pedir cada uno según sus gustos en comida y en bebida, sólo pagamos setenta y seis euros. Nos pareció baratísimo.

A las diez de la noche es ya muy de noche en Bosnia. La hora del reloj es la misma, pero el sol nace y muere aquí dos horas antes que en España. Llegamos un poco tarde a la adoración. El templete, muy iluminado, destacaba sobre la multitud que llenaba los bancos en profundo silencio. Sobre el altar una gran custodia o, mejor dicho, ostensorio, mostraba la enorme hostia blanca a la adoración de todos los fieles. El clima nocturno, el silencio, la comunión con tanta gente desconocida, las breves frases o puntos de meditación, la música, muy bella, todo ello nos hacía sentir profunda e interiormente a gusto. Salimos de allí muy reconfortados.

Día segundo, domingo 8 de julio

La habitación era buena. Como suele suceder en casas dirigidas por monjas o, simplemente mujeres, en el baño no había enchufe para la máquina de afeitar. En cambio, había unos diez rollos de papel higiénico. Más tarde me enteré que la única habitación que no tenía enchufe era la mía y que, en las demás, había muchos menos rollos. Dormí bien, sin ruidos, con la ventana abierta y sin mosquitos.

Hoy hemos desayunado a las 9 de la mañana. Café con leche, pan, margarina, mermelada y miel, es decir, glucosa en cantidad para prediabéticos como yo. Menos mal que acto seguido vamos a subir al monte de las apariciones. En efecto, mientras desayunamos llegó Leo, un chileno casado con una croata, afincado aquí, y que nos servirá de guía estos días. Él nos iría dando las órdenes y explicaciones oportunas.

Al término del desayuno, con mis pantalones Coronel Tapioca, una visera y mis deportivas, sin cremas ni potingues, me uno a la comitiva. Era un día brillante de sol mediterráneo. Caminamos juntos un cuarto de hora desde la residencia San Giuseppe, que es donde nos alojamos, hasta la falda del monte. Al término del camino asfaltado, antes de iniciar propiamente la subida, reunidos en grupo, Leo, nuestro guía, nos dio  las explicaciones pertinentes. Íbamos a subir al Pobrdo o lugar de las apariciones, mejor dicho, donde se iniciaron las apariciones allá por el año 1981. Unos niños comenzaron a ver a la Virgen en esta colina. Nunca fue en un lugar fijo. A veces era bastante arriba y, al parecer, los niños eran subidos como en volandas hasta el lugar destinado por la Virgen para aquel día. Estas apariciones no son como las de Lourdes o Fátima, que siempre sucedían en la misma gruta o árbol. Aquí varía el lugar, el modo y la frecuencia. A veces estaban todos los niños, otras veces se aparecía individualmente y no sólo unas cuantas veces sino que aún se sigue apareciendo, como diremos más tarde.

Se trata de una subida infernal. Hoy además hacía bastante calor. El camino es de guijarros y conviene ir bien calzado para no sufrir demasiado. El constante pedregal nos va elevando a la colina y cada pocos minutos nos encontramos con una especie de medallón rectangular clavado en el suelo donde están esculpidos los misterios del rosario. En cada uno, el grupo se para y reza el correspondiente misterio. Caminando es imposible rezar porque, sobre todo para los mayores, no se trata de un paseo sino de una peligrosa escalada. Varias personas se cayeron y es fácil, por lo menos, retorcerse un pie. No subíamos solos, aparte de otro grupo de los franciscanos de Palencia que se nos unió, era continuo el discurrir de personas y grupos subiendo y bajando.

A mí, personalmente, esta subida a la colina de las apariciones no me dijo nada. La hice con sencillez, recé los misterios del rosario con todos, y caminaba como lo había hecho muchas veces en tantas romerías y procesiones. Yo no sabía muy bien lo que esperaba de Medjugorje, si es que esperaba algo especial. Empatizaba fácilmente con la devoción de las gentes y simplemente me sentía bien, como me suelo sentir bien en todos los lugares donde hay oración e interioridad. Pensaba pasar estos días como si fueran de vacaciones, pasando del estrés y de las noticias del mundo y descansando en la oración y en la comunidad con la que había viajado.

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Por eso, una vez que hubimos bajado, un grupito de nosotros, caminamos por un sendero atajo hacia la iglesia y el centro del pueblo, bajo un sol y un calor de justicia. Íbamos simplemente a fijar y a probar distancias para ulteriores idas. No nos dio tiempo nada más que a tomarnos un refresco. Pronto tuvimos que coger tres taxis para volver a la residencia ya que la comida era a la una menos cuarto. El precio de la carrera siempre fue el mismo: cinco euros por taxi y cuatro personas en cada uno de ellos. Los cogeremos muchas veces a lo largo de estos días. Con muy buen humor dimos cuenta del siguiente menú: ensalada del país, macarrones grandes con carne picada a la boloñesa, un filete ruso pequeño y rechoncho, estilo hamburguesa, con patatas al horno. Y concluimos con un helado con sirope de chocolate a discreción.

Después de comer, Marisa, la dueña y gestora de esta hospedería, nos contó en la capilla el testimonio de su vida. Nos congregamos casi todos para escucharla ya que a cada uno nos apetecía saber más cosas sobre Medjugorje y escuchar testimonios y relatos de lo que había ocurrido aquí. Se trata de una mujer italiana que desde joven tuvo relación con el P. Pío. Nos contó que a ella y a sus amigas el P. Pío las corregía mucho y que tenía muy mal genio. En ocasiones, las echó de la iglesia por no ir decentemente vestidas. Era un hombre con mucho carisma. Lo seguían porque las formaba bien y siempre decía la verdad y te leía el alma.

Más tarde se casó con un hombre rico y famoso, que llegó a ser Director General de la RAI pero de ideas ateas marxistas. Pronto la dejó a ella y a una hija de ambos, para irse con otra. Los comunistas, según ella, tratan de obrar bien pero no miran por los demás.

Siendo la hija aún pequeña, vinieron de visita a Medjugorje. La Virgen les cambió la vida y les liberó de una tristeza y un odio muy profundo. Cuando la niña tenía quince años se instalaron aquí definitivamente, hace 22 años. Al cumplir la chica los dieciocho años entró de monja contemplativa, cerca de Trieste, ofreciendo su vida por su padre. Era muy bella.

“El día que llegamos aquí, el 25 de marzo de 1985, día de la Anunciación, día en que el Señor vino al mundo por la redención de la humanidad, yo venía muerta. Mi pasado y mi fracaso me pesaban como un fardo. El Señor me humilló de tal forma que no sabía ni conocía nada. Era su misericordia pero yo no me enteraba. Estaba como en un sepulcro. Ese día al descender de la montaña, vimos el milagro del sol y esto nos ayudó a profundizar en el mensaje de misericordia que hay aquí. El Señor ha elegido este lugar para derramar misericordia por medio de su Madre. Si caminamos solos nos perdemos y equivocamos. El Señor me ha dado la gracia de comprender que no entendemos nada y que en todo dependemos de Él. Yo he visto a la Virgen con un sol en el cinturón y de ese sol salían rayos para todo el mundo. El sol de la Virgen es la santa hostia. 

Hasta instalarme aquí ayudé a miles de personas a venir a Medjugorje. Eran sobre todo los niños los que yo tenía en mi corazón. Mi hija se fue pero yo encontré personas que me ayudaron a ser madre y a entregar mi vida por los niños. Fue con ocasión de la guerra que aquí duró de 1985 a 1991. Con esta tragedia la Virgen nos despertó del sueño, nos enseñó a abandonarnos, nos descubrió un desierto para podernos hablar al corazón”.

Soy consciente de que no traduzco muy bien el testimonio de Marisa. Chapurreaba el castellano, hablaba bajo y yo estaba demasiado lejos. Perdía muchas cosas. La hora, justo después de comer un día de verano, no es tampoco la más indicada para un fraile.

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Acto seguido tuvimos un par de horas de descanso, muy apetecible en ese momento. A las seis de la tarde ya estaba yo, con mi camisa de cura y alzacuellos, sentado en un lateral de la iglesia por fuera escuchando confesiones. Junto a mí había colocado un letrero que decía: español. Otros confesaban en varios idiomas. Sólo se me acercaron dos sacerdotes extranjeros y unas pocas personas seglares. Después concelebré en la Misa y me quedé hasta el término del rosario que sigue siempre a la misa.

En esta misa entré en noche oscura. Sin entender una sola palabra, con una homilía larguísima, leída por el franciscano de turno, sin atisbar en todo el desarrollo litúrgico ningún signo de carisma, unción o novedad, mis demonios domésticos se me soltaron y comencé a dudar de todo. ¿Qué tipo de kerigma se predica aquí? –me decía. ¿A qué Jesucristo sigue esta gente? Es todo un puro devocionismo. Todo el mundo y todas las cosas me daban grima, en especial los sacerdotes, arrodillados con su rosario en la mano, algunos de quince misterios, exhibiendo piedad. El tufo a integrismo se me hacía insoportable mientras que se me revolvía el estómago.

Veía a bastante gente con hábitos exóticos y estrafalarios y me decía: “Dios mío, aquí está la hez del oscurantismo religioso. Todos los radicales, fanáticos, sectarios han tomado posesión de este lugar”. No veía nada más que voluntarismo y moralismo por doquier. Los mensajes de la Virgen, pasados por mi crisis, los miraba como infectados de viejas taras en el lenguaje y los contenidos. El rechazo hacia todo lo que veía era total. Estábamos en plena misa. Para mí, todo estaba vacío, sin teología, en las antípodas de todo aquello por lo que había luchado en la ya mi larga vida.

Sufrí lo indecible y muy adentro. Era en mi espíritu, en lo más profundo de mí. Además sufría sin esperanza porque creo que tengo trauma ante todos los integrismos y no veía posibilidad de encontrar allí ninguna tabla de salvación. Me hubiera ido al momento ya que, en realidad, me estaba asustando. Me reproché el ser tan fácil para convencer y para ir donde otros me quieren llevar. ¿Qué pintaba yo en Medjugorje? Gracias a Dios sólo era una crisis interior que no se me traslucía hacia fuera.

Después de cenar tuvimos, en el porche de la casa, una conferencia larga y enjundiosa de nuestro guía Leo. Fue lo más interesante que escuché en Medjugorje hasta ese momento. Al llegar a la habitación quise ponerme a escribir, pero era demasiado para ese día. Mañana será otro día -me dije- en que renovado por el sueño podré abordarlo todo mejor.

Día tercero, lunes 9 de julio

La noche fue de perros. El horario me está jugando una mala pasada. Oficialmente es la misma hora que en España pero éstos se rigen por su hora solar natural. Con lo cual al acostarnos a las doce, es como si en España nos acostáramos a las dos de la madrugada. A las cinco de la mañana aquí ya ha salido el sol en esta primera quincena de julio.

Me habían dicho que las ventanas en esta tierra no tenían persianas o contraventanas y yo lo di por hecho sin investigar, con lo que estos dos días la luz del sol me despertaba tempranísimo. Por si fuera poco, hoy a las seis ha salido de excursión el grupo de niños que hace aquí los ejercicios estos días. Desde la cinco de la mañana las cañerías (pasan cuatro por mi habitación no incrustadas en la pared, sino por fuera, por plena habitación) desaguaban sin cesar pasando a pocos centímetros de mi cabeza. Rezando y ofreciéndolo todo por la causa, soporté las horas que faltaban hasta las nueve, que era la hora del desayuno. A las nueve aquí el sol tiene la misma altura que en España a las once de la mañana.

No obstante, en el corazón tenía alegría. La conferencia de anoche fue muy reveladora para mí. Varios de mis interrogantes se me aclararon. Paso a contaros lo que descubrí en las palabras de Leo.

Según nuestro guía Leo, el alejamiento de Dios en nuestro mundo actual es el que hace que la Virgen se aparezca. Debemos tener en cuenta que los que venimos aquí no venimos por casualidad sino llamados por la Virgen. Esto engendra en nosotros una gran responsabilidad espiritual. El peregrino que viene aquí debe comportarse como luz en el mundo pese a todas las fuerzas del mal que se oponen.

El mensaje central de Medjugorje es la oración. Todo el mundo puede orar. No se necesita ninguna sabiduría ni técnica especial. Dios está necesitando mucha gente que ore porque con la oración nos dejamos hacer y Dios es omnipotente en la medida en que pueda utilizarnos, es decir, en la medida en que nos dejamos hacer y no nos endurecemos.

Medjugorge comienza en 1981. Una de las cosas que más convence es que los seis niños fueron muy presionados y aterrorizados por las autoridades. Ante la policía y los jueces, a veces con los padres llorando, fueron fieles a la Virgen: “No, yo veo a la Virgen”. Al principio eran seis: Marija, Iván, Vicka, Ivanca, Mirjana y Jakov. Con el tiempo tres dejaron de ver a la Virgen. La siguen viendo una vez al año. Son gente muy normal. Yo tengo mucha relación con Iván porque voy a su casa a arreglarle el ordenador. Charlamos mucho pero como lo haría con cualquier otra persona. Casi nunca hablamos de las apariciones. Le he oído decir: “La Virgen me acepta tal como soy. No necesito demostrar nada, ni fingir nada; no quiero ser distinto del que soy”. Marija, Vicka e Iván siguen viendo a la Virgen. El don de la aparición es un don gratuito, que no tiene nada que ver con la medida humana o espiritual de la persona. Este don viene del cielo. A ninguno de ellos se les ocurre pensar que este don es algo merecido. Es pura gracia de Dios. Estos chicos no eran ni son nada especiales. Esto explica que no hay sensación de que sean inducidos o autoinducidos a decir lo que no es. Aun las personas más racionalistas y científicas tienen que admitir que algo está sucediendo. La verdad es que nadie duda ni piensa que los niños están mintiendo.

Es curioso que cuando abren la boca es como si hablaran hacia dentro. Primero ven una luz y detrás a la Virgen flotando sobre una nube. Cuando se les aparece en trance pueden tocar a la Virgen y conversar con ella, ya que es muy afable y ella misma les incita a hacerlo. La Virgen se comporta con toda naturalidad. El regreso a lo real, a veces, es traumático y les cuesta dos o tres horas volver a la realidad. Iván ha viajado por todo el mundo y le han llevado a miles de sitios pero ha perdido casi todo el interés: “Me lleven donde me lleven -dice- nada hay comparable a la visión de la Virgen y del cielo”. A Marija se le aparece una vez al mes para rezar por los no creyentes.

Los no creyentes no son los ateos o alejados sino, sobre todo, los cristianos que no tienen experiencia del amor de Dios. Hay en nuestros países gente que cree pero no tiene experiencia. Se trata, pues, de una revitalización de la fe, de que la gente creyente tenga experiencia de Dios. La experiencia del amor de Dios es una experiencia de entrega o de abandono o de dejarse hacer. Ahí es donde se encuentra la verdadera paz. Si nosotros queremos controlar o cambiar el mundo nos angustiamos; con la entrega, conocemos la cercanía y delicadeza de Dios.

En Medjugorje se da mucha importancia a la familia. Es bueno tener en casa un altar familiar donde la familia se pueda reunir a rezar. En mi casa tengo un altar lleno de santos y me da mucha paz. La Virgen dice que la guerra, tan dura en estos países balcánicos, empieza en la familia cuando no se ora. Para poder perdonar a los enemigos hay que poder perdonar a los de la propia familia. Por eso hay que orar.

El Señor manda a la Virgen a este mundo para que la fe deje de ser algo formal o ritual. No obstante, ella les habla de la necesidad de una disciplina espiritual para poder crecer. Por eso les pide a los niños el rosario diario, ayuno dos veces por semana, lectura de la Biblia, confesión y adoración al Santísimo e integrarse en grupos de oración. Este plan es un plan, nos dijo Leo pero, sin duda, obtiene sus resultados.

En la tierra cada uno tenemos que cumplir la misión propia. A Dios no le gustan los aduladores fariseos, sino que quiere sinceridad. Algunos se preguntan: ¿por qué tengo que llevar cruces? ¿Por qué las heridas?, como dicen los carismáticos. La Virgen nos muestra que todos somos llamados a compartir el dolor de Cristo y lo que nos sucede tiene un sentido corredentor. Un padre alcohólico es una cosa, al parecer, injusta ¿qué culpa tiene la niña de que su padre sea así? Sin embargo, según la Virgen a esta niña se le ha encomendado la misión de orar por su padre. Sor Elvira, la fundadora de las comunidades del Cenáculo que visitaremos mañana ha dedicado su vida a recobrar a los alcohólicos y drogatas. Ha aceptado y dado este amor y esta entrega, incluso para salvar a su padre alcohólico. La actitud del que recibe una cruz debe ser redentora, incluso para los que le hacen el daño.

Son necesarias tres cosas:
Perdonar a Dios.
Perdonar a los que nos infligen la cruz.
Conocer su sentido corredentor.

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Éste es el discurso que Leo nos lanzó ya anochecido, al aire libre, en el porche  de la casa donde nos alojamos. Me dejó muy buena impresión. Terminó de una manera  abrupta porque le llamaron dos veces por teléfono, apremiándolo. Como digo, quedé tranquilo porque he visto que existe una teología debajo de todos estos sucesos. Además, una teología de gratuidad donde no es el vidente el centro sino la acción de Dios y de la Virgen. A pesar de la disciplina espiritual, no es el sacrificio y el mérito los que hacen que Dios y la Virgen se acerquen, sino su amor gratuito y su misericordia. Dios quiera que se conserve esta gratuidad que les da a Dios y a la Virgen la iniciativa en todo. Lo digo porque en la disciplina espiritual, si no se entiende bien, hay un peligro. Si esta disciplina se despoja de la gratuidad puede convertirse toda esta belleza en un nido de integrismo. Grandes movimientos como el Calvinismo y el Jansenismo comenzaron por una gran gratuidad y terminaron condenados por la Iglesia por su integrismo.

Quiero decir lo siguiente: El Calvinismo y el Jansenismo decían que la salvación es totalmente gratuita. Pero, ¿cómo conocemos en este mundo que estamos salvados?      Respondieron: “Por la disciplina espiritual, por las obras de cada uno. Cuanto mayor sea el sacrificio y el mérito de cada uno, en la misma proporción crece la certeza de haber sido predestinados gratuitamente para el cielo”. De ahí que, en la práctica, la disciplina espiritual pasó a ser el signo más importante de identidad cristiana. La Iglesia condenó estas doctrinas porque pervierten al máximo la gratuidad y niegan a Dios toda misericordia. La disciplina espiritual es conveniente para esta gente bosnia o, tal vez, para todo el mundo, pero no es el fin sino un simple medio para poder acoger mejor la gratuidad de Dios.

Lo que sucede en Medjugorge tiene que ser muy bien dirigido porque es muy  fuerte y poderoso. Es real aquí el acontecimiento espiritual, el soplo del Espíritu. Los tres o cuatro padres franciscanos que han dirigido hasta ahora este movimiento, al ser carismáticos, han conducido estos eventos  por buen camino. Ahora bien, el peligro es real. Basta con ver, como me ha sucedido a mí, la cantidad de hábitos y vestimentas estrafalarias que bajo capa de piedad pululan por aquí. Me consta que algún gran movimiento actual, nada gratuito por cierto, quiere entrar a saco y capitalizar toda esta gracia. Espero que la Virgen, mejor que nadie, guarde su obra y la preserve de los lobos con piel de oveja. Por eso, no me ha gustado lo que ha sucedido la semana pasada. Seiscientos setenta sacerdotes se han reunido para hacer ejercicios espirituales que debería haber predicado el P. Cantalamessa. El Obispo de Mostar, el de esta diócesis, le prohibió al predicador del Papa que los diera, porque es poco partidario. Es una pena que no se haya aprovechado la fuerza de tanto sacerdote para encauzar bien por todo el mundo lo que acontece aquí.

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Con el discurso de Leo se me suavizó mucho la crisis sufrida esa misma tarde durante la misa. Digamos que mi parte intelectual se liberó del absurdo en que se encontraba. Me di cuenta que había una teología y, además, una teología buena, carismática, basada en la gratuidad. Agradecí a los padres franciscanos que han llevado esto desde el principio que hubieran inyectado estas ideas en el desarrollo espiritual de este movimiento medjugorjiano. Ellos son carismáticos; yo conocí al P. Jozo y al P. Tomislav en un congreso internacional de la Renovación en Roma en mayo del 1981, pocos días antes de que le dispararan al Papa tres tiros en el vientre. Entonces no eran todavía conocidos. Pidieron oración especial por la situación en Yugoslavia. Entre los que oraron imponiéndoles las manos estaba el P. Emiliano Tardif, M.S.C. En esa oración el P. Emiliano recibió palabra profética en la que dijo: No se preocupen. Yo les enviaré a mi madre. Cuál no sería la sorpresa cuando un mes más tarde comenzaron las apariciones de Medjugorje.

Pese a que mi parte intelectual se aquietó, sin embargo yo seguía en mí mismo. Mi razón seguía inquiriendo y racionalizándolo todo. Si me hubiera vuelto a Madrid en aquel momento no hubiera entendido nada de lo importante de Medjugorje. Mis juicios sobre las cosas seguían a la punta de los labios y lo que es peor del corazón. Juzgaba las cosas desde lo racional, desde mis criterios. Ahora bien, lo que más me duele -más tarde lo entendí- es que juzgaba desde el don que había recibido en la Renovación carismática, que no es un don racional sino de gratuidad y en el Espíritu. También los dones de Dios pueden trasformarse en pretexto para la soberbia y para el endurecimiento del corazón.

La prueba la tengo en una visita que hicimos esa mañana a la Comunidad del Cenáculo de Sor Elvira. Ésta es una comunidad donde se recogen chicos salidos de la droga y de otras taras de la vida. Nos dieron testimonio dos jóvenes recogidos hace años de la calle. Me pareció una obra muy buena y meritoria pero desde la frialdad del corazón. Incluso llegué a pensar que, aunque ésta y otras obras benéficas como la de Sor Enmanuelle de la Comunidad de las Bienaventuranzas, que también visitamos, sean cosas muy buenas, no existe relación alguna entre ellas y los acontecimientos de Medjugorje. Pensé incluso que se aprovechaban del boom espiritual de Medjugorje para colarse allí.

Por la gracia de Dios todo eso pasó muy pronto y mi duro corazón fue tocado. Fue la misericordia de Dios encarnada en su madre la que tuvo misericordia conmigo, ya que yo jamás hubiera sido capaz de salir de mí mismo y de mis razones. Ahora veo claro lo peligroso que es uno para sí mismo. Sucedió a las tres de la tarde, en la sala amarilla, cerca de la iglesia. Allí nos iba a hablar Marija, una de las videntes. Llegamos con mucho tiempo. La sala repleta de gente, unas mil personas, casi todos italianos porque Marija iba a hablar en italiano traduciéndola al inglés. Más tarde hablaría en croato para traducirla a otras lenguas. Por eso la sala se vaciaba y llenaba según las lenguas. Yo la escuché y tomé apuntes en italiano.

No fue el discurso, ni las ideas, ni lo que dijo, ni la forma de decirlo. Ni su presencia ni sus dotes oratorias. Al fin y al cabo es una mujer normal de unos cuarenta y cinco años, casada y con hijos, que vive ahora en Italia y viene de vez en cuando a este su pueblo de vacaciones y para ver a su familia, aprovechando para hablar a los peregrinos. No sé lo que fue. Lo único que sé es que yo jamás en mi vida vi y oí hablar a una persona así. Es una mujer tremendamente natural y suave, con una sonrisa sencilla, sin afectación de ninguna clase. La traductora inglesa, muy protagonista, le comía siempre sus últimas palabras, cosa que a los que escuchábamos en italiano nos molestaba. Pues bien, Marija, tan tranquila e impertérrita.

A pesar de que el discurso no fue lo importante voy a tratar de trasmitir algo de lo que dijo. Lo cogí a mano, en apuntes. No lo pude grabar porque estaba lejos, a pesar de colocarme en las primeras filas. Comenzó diciendo:

“Recemos un misterio del rosario para pedir al Espíritu Santo que ilumine las palabras que tenga que decir”.

Así lo hicimos en medio de una expectación y silencio sepulcral. Después, con una suavidad y cercanía supercariñosa, siguió hablando:

“Hoy no podéis decir que no es un día caluroso. Sin embargo, sois muy afortunados. Sois peregrinos con mucho confort, con aire acondicionado y todo. Recuerdo los sofocos de otras épocas cuando hablando en la carpa verde todos nos derretíamos de sudor. Más de una vez creí que me iba a marear y no podría seguir hablando.

He tenido que hablar en muchos lugares del mundo. Por todas partes van floreciendo grupos de oración con el espíritu de Medjugorje. Un amigo que escribió un libro cita multitud de países incluso desconocidos como Mozambique, Honduras, Panamá, donde hay grupos de oración. Generalmente se componen de gente que ha pasado por aquí y ha sentido la necesidad de acercarse a la Virgen.

Yo siempre he sido católica y de familia católica. Antes de las apariciones ya nos sentíamos muy orgullosos de ser católicos. Pero cuando papá quería que fuéramos a misa, no éramos tan católicos. Por eso, él se imponía diciendo: “si no hay misa no hay comida”. Hoy los padres no tenemos la misma autoridad. No podemos con un niño de quince años, que piensa que la religión sólo consiste en mandar y prohibir. Ven que está prohibido robar, las relaciones sexuales, todos los pecados y lo rechazan fijándose sólo en eso. No saben que la riqueza de ser bautizados es una gracia maravillosa. Dios ha venido a recordarnos todo esto por medio de la Madonna. Para eso ha venido ella.

Al principio de las apariciones teníamos miedo; no sabíamos que aquello que veíamos era la Virgen Yo un día perdí las zapatillas. Después ya se nos quitó el miedo. Rezábamos con ella y nos enamoramos de ella. Nos fue educando. Caminando con ella dejamos de pensar como niños y empezamos a ser como mayores porque creíamos en Dios. Nos dio permiso para tocarla y abrazarla. Cantamos con ella y hacíamos amistad. Día y noche sólo pensábamos en ella. No sabíamos los misterios, ni las meditaciones, ni rezar, pero repetimos tantos padrenuestros y avemarías que el rezarlos nos llegaba al corazón. Cuando rezábamos el padrenuestro ella nos acompañaba, en el avemaría se callaba y se volvía a unir con nosotros en el gloria. Le preguntamos un día por qué nos había escogido a nosotros y no a otros y nos respondió: “Dios me lo ha permitido y quise escogeros a vosotros”.

Se nos presentó como Reina de la paz. Un día cogimos flores de nuestro jardín y de los vecinos y se las presentamos, pero ella nos dijo que rezar el rosario era el mejor regalo. Le preguntamos: ¿Para qué vale rezar? Nos dijo: “Para mantener el corazón abierto y para que yo pueda interceder por vosotros delante de Dios”. Teníamos muchos deseos de convertirnos porque siempre nos decía que sólo en Dios se encuentra la alegría y la paz. Sólo a través de Dios se pueden conseguir. Cuando pronunciaba la palabra Dios entendíamos que la vida era pasajera, como las flores, y que sólo es un camino hacia la eternidad. Cuando comenzamos a sufrir, estos pensamientos nos valieron mucho.

En una aparición invitó a Jakov a irse con ella. El niño, lleno de miedo, le dijo que él no, que se llevara a Vicka porque él era hijo único y Vicka tenía siete hermanos más. Y entonces nos llevó a todos y pasamos por el paraíso y el purgatorio y el infierno. La Virgen nos ayudaba a clarificar las ideas. A veces la gente llevaba enfermos a nuestras casas y no sabíamos qué hacer con ellos. Ella nos decía que rezáramos y pusiéramos la Biblia en sitio visible para entender que Dios seguía trabajando. Queríamos que se curaran todos. Llorábamos con las madres que traían niños enfermos.

A San Juan le dijo: “He ahí a tu madre”. Ahora es él el que nos la envía para que podamos profundizar en nuestra vida por medio de la oración. La oración lo puede todo. 

Vivimos en un mundo en que se están perdiendo muchas cosas. ¿Qué imagen tenemos de nosotros mismos? ¿Somos cristianos? Estamos perdiendo nuestra identidad. En Europa ya no reconocemos nuestras raíces cristianas. No sabemos ni lo que somos ni lo que hacemos. Hay tantos jóvenes que no saben lo que es pecado y lo que no lo es. Hablan de libertad y sólo saben lo que han oído en la radio y en la televisión. ¿A dónde nos va a llevar todo esto? Nos estropean el fondo del alma y parece que todo es normal. Nuestros jóvenes van de vacaciones con sus novias -¿llevarán preservativos?- y todos dicen que es normal, que el mundo es así.

Despertémonos. No se trata de hacer la guerra sino de pensar en nosotros, porque la Virgen nos llama a cada uno de nosotros. No importa que seamos de una forma o de otra. Cada uno al escuchar el mensaje de paz, de oración, de ayuno, empieza a convertirse. Una vez la Virgen no dijo que nos acercáramos para tocarla. Traed vuestras manos. Todos sentimos algo: unos calor, otros frío, otros perfume de rosas. Llorábamos. Le preguntamos por qué venía vestida de triste y nos respondió que era porque cada uno hacía su vida y no nos preocupábamos de confesarnos. Todas las familias de Medjugorje se fueron a confesar. Siempre nos decía que el encuentro con Dios debe ser en la verdad.

También nos hablaba mucho de la misa. No se puede cambiar por una obra de caridad. Para mejor oír misa es bueno rezar un rosario antes. Nuestro mejor amigo siempre será Jesús y hay que perder mucho tiempo para estar con él. Nosotros lo hacíamos así. A veces pasábamos la noche rezando. Comenzamos a hacer adoración toda la noche. No sabíamos bien qué hacer pero estábamos muy a gusto. Hacia las tres de la mañana en presencia de Dios y de las velas nos venía el sueño. Alguno de los videntes roncaba y los otros nos reíamos ante una “meditación tan profunda”. Al final de la noche siempre estábamos contentos y felices de haber entregado nuestro sueño y haber pasado el tiempo con Jesús. Sentíamos que nuestra fe aumentaba y que Jesús era nuestro amigo. Por la mañana seguíamos llenos de fuerza trabajando en lo que teníamos que hacer mientras que otros a la misma hora venían de las discotecas y, muertos de sueño, se iban a dormir. Yo en la adoración me acordaba mucho del cura de Ars, que tenía poco talento y poca iniciativa. Cuando le preguntaban qué hacía tanto tiempo en la iglesia respondía: “Yo le miro y él me mira”.

Con la protección de María y bajo su mirada descubrimos a Jesús. Algunas veces mientras hacíamos la adoración, la Virgen nos decía lo que teníamos que hacer. Jesús es lo más precioso que tenemos. Yo quiero con este testimonio ayudar a creer en él. Os invito a aprovecharos de estos días. Son tiempo de gracia. Orad mucho. Yo os recomendaré a la Señora para que os ayude a encontrar y ver a Jesús como un amigo. Ella os propiciará y arreglará esta gran oportunidad. Es madre. Sólo nos pide decir que sí. Ella siempre nos dice en las apariciones: “Gracias por haber respondido a mi llamada”. Yo os agradezco que estéis aquí y que hayáis escuchado este mensaje. Terminemos orando por todos los que se nos han encomendado”.

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Como decía antes, no sé lo que fue. Perdonadme la palabra, pero no se me ocurre otra cosa que chute espiritual. Algo de eso me transmitió esa mujer. Es como si hablara para dentro y desde dentro. Salí tocado de allí. No fue el contenido del discurso lo que me llegó; fue otra cosa. Recibí una efusión de Espíritu Santo como sucede en los carismáticos. Esta efusión me metió en el corazón de Medjugorje y empecé a entender.   

La primera sensación fue de denuncia y, precisamente, en mi terreno, en el de la predicación. Sentí que yo siempre había hablado desde fuera. Había utilizado mi mente, mis pensamientos, mis sentimientos, mi alma, pero todo ello exterior. A lo más que había llegado en mi vida era a hablar con el alma. Y a todos los que había oído hablar en mi vida, a lo máximo, les había oído hablar con el alma. Esta mujer hablaba desde otra dimensión, desde una interioridad, encubierta por su pobreza, pero profundísima, hablaba desde el espíritu aunque no se notaba absolutamente nada. Me fue revelada su interioridad, no suya, sino creada por la Virgen a lo largo de los años dentro de ella con un trato tan continuo. La amé; su vibración era distinta, producía electricidad. Metió la eternidad en el tiempo dentro de mi espíritu. Si en un momento de la charla se hubiera callado y nos hubiera dicho de repente: Silencio, la Virgen está aquí, nos hubiéramos volatilizado. ¡Qué comunión espiritual sentí con ella! San Juan de la Cruz dice que lo peor de la condenación es el toque de espíritu a espíritu entre el condenado y el demonio. Algo, al parecer, horroroso. Pues bien, pienso que la salvación es el toque espiritual entre Dios y los salvados.

Me di cuenta que en Medjugorje actúa el Espíritu a nivel de don. Es inútil querer entender las cosas desde la razón aunque esté muy iluminada por la fe. Este nivel racional, en el que vive la mayoría de los cristianos no basta. Tienes que ser tocado y elevado al nivel del don[1] <#_ftn1> . Con la actuación del Espíritu superas todos tus razonamientos y eres iluminado de una manera nueva. Dejas de juzgar y empiezas a entender con el don de inteligencia. Los carismáticos pueden comprender esto perfectamente porque saben que nadie es carismático si no ha tenido la efusión del Espíritu. Es otra frecuencia de onda en la que emiten todas las cosas. Rezar el rosario ya no es lo mismo que antes. Orar, ayunar, sacrificarse, tiene un sentido muy distinto. Estas cosas dejan de pesar, de culpabilizar, se trasforman en regalo, en don, en algo gustosamente interior si eres llamado a ello. Ya no te defiendes, no te asustan.

Fue una gratísima sorpresa descubrir y experimentar el nivel del don en Medjugorje. Yo ya lo conocía por la Renovación carismática. Esto quiere decir que el Espíritu Santo actúa a tope, a nivel místico, en estas gentes. Un cristiano corriente vive su fe desde la razón, no una razón filosófica, sino desde una razón iluminada por la fe. Este cristianismo es todavía muy estrecho e infantil y está sujeto a todas las tentaciones del racionalismo. Ahora bien, cuando una persona o una comunidad es elevada al nivel del don, ya no se guía por razones sino por mociones del Espíritu Santo,  por carismas, y se nutre de los dones del Espíritu Santo. Por lo tanto su entender y disfrutar de las cosas de Dios se hace cualitativamente otro.

Al salir de allí sólo podía mirar para mis adentros. Llevaba el pecho y el estómago como embarazados. Entendía perfectamente lo que me había sucedido y me reproché haber sido tan carnal hasta entonces en mis juicios. Comencé a vivir Medjugorje con un tremendo y cariñoso respeto. Todo fue bellísimo pero el estómago y vísceras adyacentes se me estropearon. Perdí el apetito y, a pesar de la deshidratación, ya en toda la tarde no me supo bien ni la cerveza ni cualquier otra bebida.

Después de esto es cuando fuimos a visitar a Sor Enmanuelle. Al término de su exposición, me mandaron, como sacerdote, levantarme para dar la bendición. En Medjugorje cualquier acto termina siempre con la bendición de un sacerdote, si hay alguno presente. Les tuve que decir que no podía dar la bendición porque no había estado allí durante dicha exposición. Estuve físicamente pero mi espíritu todavía estaba con Marija. Les conté brevemente algo de lo que me estaba pasando. La bendición la dio otro sacerdote.

Al acabar viene un hombre alto, catalán, de ascendencia alemana y me dice: “Padre  le entiendo perfectamente. En el año 90 Marija fue a Barcelona. Yo era un hombre de mundo y pecador. Ella nos habló un rato. En un momento dado Marija dijo: “La Virgen está aquí”. Se me pusieron los pelos de punta y me encogí hacia dentro, gritando: “María, madre, no me destruyas”. Sentí que una fuerza espiritual me iba a aniquilar.  Vi que, en realidad, yo no existía por causa de mi pecado, ya que sólo vivía para él.

La Virgen, no sólo no me destruyó sino que en la acera, al salir, comencé a rezar con palabras que no entendía. Estas palabras se me quedaron grabadas y las podía repetir cuando quisiera. Mis amigos me pedían, a veces, que se las recitara. Cuál no sería mi sorpresa cuando meses más tarde me enteré de que lo que se me había dado era el Avemaría en croato. Desde entonces vengo siempre que puedo a Medjugorje, porque aquí encuentro mi alimento. Lo que siento es no haberme enterado hoy de que hablaba Marija”.

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A las siete de la tarde cenamos porque todavía nos faltaba algo que presenciar. A las diez de la noche había aparición. La Virgen se le iba a aparecer a Iván. A las siete y media ya habíamos terminado de cenar y nos dispusimos a ir al lugar de la aparición para no vernos desbordados por la multitud. Llegamos con dos horas de antelación pero ya había mucha gente. El lugar era la falda del monte de las apariciones. Al poco de terminar el asfalto y entrar por el infernal pedregal, mirando hacia la izquierda se ve una cruz azul, lugar de reunión del grupo de oración de Iván. Imposible de acomodarse. En cuesta, las piedras sueltas, el cascajo puntiagudo, tortura para los pies y el trasero.

Pues bien, ahí, precisamente ahí, donde toda incomodidad tenía asiento, se acomodaron centenares, tal vez miles de personas, sin cesar de rezar el rosario durante las dos horas. Tres cuartos de hora antes de la aparición llegó Iván con algunos miembros de su grupo de oración. Apenas le vislumbré en la oscuridad, pero sentí en mí una vibración muy positiva. En realidad la aparición era para el grupo de oración; nosotros éramos unos intrusos bien recibidos.

El grupo comenzó a orar. Su oración no fue otra que el rosario. Por lo cual unidos al grupo seguimos añadiendo nuevos misterios a los ya muchos recitados. Repetimos de nuevo los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos, luminosos. A nadie se le hacía pesado el ambiente. Era impresionante ver la juventud de tantos peregrinos con su rosario en la mano, esperando nada, porque todos sabíamos que no íbamos a ver nada, pero solicitados por una fe y una esperanza que nos hacía sencillos. Quien más, quien menos, todo el mundo ejercitaba su fe e interiorizaba el momento sabiendo que es adentro, en lo más interior de cada uno, donde el Señor más se quiere aparecer.

En un momento dado se paró el rosario e Iván se arrodilló. En aquel momento chilló de una manera horrísona una carabiella que estaba en un árbol sobre Iván. Pero el pajarraco se marchó. A mí se me pusieron los pelos de punta porque me acordé del dicho del poeta que dice que el ulular del cárabo parece carcajada del infierno. Todo se quedó en silencio. No veíamos pero presentíamos el misterio. Todos intentamos arrodillarnos. Ni un grito de histeria, ni un sollozo, ni una queja por la inverosímil postura de la persona vecina que apretujaba. A lo lejos se oía el ladrido nocturno de un perro. Como unos diez minutos duró este silencio. Al término Iván se levantó y nos dijo que hoy la Virgen había venido alegre y gozosa, y que había extendido las manos sobre todos nosotros y había orado sobre nosotros y nos había bendecido. Oró de una manera especial por los enfermos y por los sacerdotes y vocaciones sacerdotales. Dio gracias a la multitud por su presencia allí.

Nada más y nada menos. La gente gozosa y agradecida comenzó a desfilar. Todos consideramos una dicha el haber podido estar allí. Todos creíamos que la Virgen se había aparecido de verdad. Con linternas sorteábamos los guijarros, cogiéndonos y ayudándonos los unos a los otros para evitar esguinces y caídas. Poco a poco descendimos. Entonces viendo la cantidad de coches, taxis y autobuses nos dimos cuenta del ingente número de personas que habíamos asistido. La actitud de Iván y su forma de comportarse despertó en mí buen rollo. Todo el mundo se gloriaba de haber podido creer sin permitir a su razón el más mínimo resquicio de duda. El creer nos hacía felices y esa felicidad reprimía cualquier tentación de absurdo. Nos dimos cuenta que el creer y esperar hace bueno el corazón.

Día cuarto, martes 10 de julio

Me levanto a las seis, como estos días de atrás. Durante dos horas continué recopilando y escribiendo estas notas. Hacia las ocho salí a dar una hora de paseo, con el sol ya muy arriba porque aquí es horario solar y sólo faltaban cuatro horas para el mediodía. Antes del desayuno me di una rápida ducha y a las nueve ya estaba sentado a la mesa enfrente del café con leche, el pan de molde y la grasienta, insípida y pringosa margarina. Años hacía que no la probaba, pero aquí, o lo hacía, o estómago vacío toda la mañana.

Poco después del desayuno bajamos en los dos microbuses de nuevo a la sala amarilla. Nos iba a hablar el P. Tomislav, párroco antiguo y uno de los grandes testigos. Era sólo para el grupo de lengua española que en ese momento quedó reducido a unas cuarenta personas ya que un autobús con otras tantas acababa de salir para el aeropuerto. El P. Tomislav fue párroco de Medjugorje varios años antes de las apariciones. Éstas comenzaron en tiempos de su sucesor, el P. Jozo. En los apuros de los primeros días de apariciones el P. Jozo, que llevaba sólo unos meses de párroco, requirió la ayuda del P. Tomislav, que acudió presuroso a su lado. Por eso el P. Tomislav es testigo de primera hora de todos los acontecimientos sucedidos en Medjugorje.

El P. Tomislav se prestó a hablarnos en tan poco número porque éramos españoles. Él mismo nos lo confirmó. Todo el mundo conoce lo que sucede en España y cómo el viejo espíritu materialista y totalitario se ha instalado en nuestro gobierno. Ahora es desde la democracia pero su identidad totalitaria y laicista es la misma. Su radicalismo es peor que el de una religión en su peor momento. Quieren imponer a todos sus valores e ideologías con un fervor laicista digno de mejores objetivos. Esta es la razón que esgrimió el P. Tomislav para hablarnos aun siendo tan pocos en número y estando lleno de toda clase de compromisos.

Nos habló durante un rato largo en croato, traducido por nuestro guía Leo. Lo que os voy a trasmitir de su discurso está cogido sobre la marcha, a mano. Comenzó diciendo:

“Queridos peregrinos españoles: Conocí los sucesos de Medjugorje desde el principio. Conocí también a los videntes desde las primeras apariciones. Nos duelen mucho las declaraciones del obispo cuando dice que esto es un engaño y una estafa. Hablando con él un día le dije: ¿Usted no se acuerda quién trató de poner en evidencia a los videntes? Porque los sacerdotes nos resistimos mucho a aceptar los sucesos como algo sobrenatural.

Ocurrió que los cuatro primeros días de apariciones no estaba aquí el párroco P. Jozo ni yo, ni ningún sacerdote de los fijos en la parroquia. Sólo estaba un capellán, Zrinko Cuvalo, que hacía de sustituto interino. En esos cuatro primeros días no había, digamos, ningún pastor. El P. Jozo, párroco, llevaba unos meses en la parroquia. Había llegado en noviembre de 1980 (las apariciones comenzaron en junio de 1981). Apenas conocía a la gente ni a los videntes, que hasta entonces a nadie le habían llamado la atención. Unos niños corrientes, alguno de los cuales no eran de aquí y otros estudiaban fuera de aquí. Una era de Sarajevo y alguno más, como Marija, estudiaban en Mostar.

El régimen político era comunista y, durante bastantes años, bajo la dura y totalitaria dominación de Tito los católicos de Croacia sufrimos graves persecuciones. El P. Jozo pensó al principio que las declaraciones de los niños eran una estratagema política más a las que el régimen nos tenía acostumbrados, para desprestigiar a la Iglesia delante del pueblo. No era improbable una estratagema de ese tipo ya que tenían una inquina especial contra el P. Jozo por su actuación comprometida y antiatea en anteriores parroquias. Era como una mota en el ojo para los comunistas.

Tampoco la gente del pueblo asumió con buenos ojos lo que decían los niños. No obstante, la fama de los hechos se propaló de boca en boca y comenzaron a acudir muchos al monte de las apariciones. El 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo, cuarto día de apariciones, eran ya muchos los miles de personas que accedieron. La Policía, evidentemente, comenzó a tomar cartas en el asunto. Es curioso cómo todo el mundo acudía al monte mientras la iglesia estaba completamente vacía. En el régimen comunista cualquier manifestación religiosa tenía que celebrarse dentro de los muros de las iglesias. La calle estaba prohibida.

Nosotros pensábamos que era una artimaña comunista y ellos creían que era una estratagema contrarrevolucionaria. El P. Jozo estaba sumido en confusión. Me llamó y acudí rápido a su llamada. Juntamos a los videntes y nos chocó que en la sala donde los reunimos, charlaban, jugaban y se reían totalmente ajenos a nuestros problemas. Los fuimos interrogando por separado. El P. Jozo lo grabó todo y es una pena que hayan desaparecido las declaraciones. Fue encarcelado y le requisaron todas sus pertenencias, de las que no se ha vuelto a saber más. Grabaciones, anotaciones, fotos, todo desapareció.

Sobre todo las anotaciones sobre los milagros. Los primeros días hubo muchas sanciones. Pues bien, después de interrogar a los niños les advertimos con fuerza que si estaban jugando o gastando una broma pesada debían saber que se trataba de una cosa muy seria porque exponía a nuestra religión y a nuestra patria croata a la burla. Los seis respondieron al unísono con  fuerza: “Lo vemos y lo vemos”.

No tuvimos más remedio que aplicarnos la antigua sentencia: “Si proviene de Dios es inútil luchar contra ello; si se extingue es que no era de Dios”. Fuimos muy tajantes con ellos hasta el punto que nos han dicho después los videntes que fuimos más duros con ellos que la misma policía.

Los niños fueron llevados muchas veces a la comisaría; les llevaron a médicos y psiquiatras. Incluso un día los llevaron a la morgue para asustarlos. Les llevaban también a excursiones para distraerlos, sacarlos del ambiente y que se olvidaran de todo.

Un día les llevaban en un autobús. Cuando llegó el momento de la aparición le dijeron al chofer: “deténgase” y se bajaron del autobús, se arrodillaron y no volvieron hasta que desapareció la aparición.

Las autoridades, los medios de comunicación y el mundo oficial se burlaban de los sucesos. Los políticos de Belgrado aprovechaban para desprestigiar a Croacia y a la religión católica. Hicieron a la Virgen y a cada uno de los niños objeto de sus burlas. A Jacob que tenía 10 años y era el más pequeño le pusieron un chupete en la boca. Todo el odio ancestral contra la fe católica y contra Croacia se removió con resentimiento. Ahora bien, nadie pudo con los niños. Estaban dispuestos a defender su verdad hasta la muerte.

A pesar de lo que dice ahora el obispo, vino un día por entonces a la confirmación y dijo con toda claridad en la homilía: “Los niños no mienten”. A poco llegó un autobús con agentes de la policía secreta y lo bloquearon todo prohibiendo el acceso al monte. Pusieron trece controles. Yo venía de Mostar, nos pidieron identificación y nos prohibieron ir a la colina. El diablo se metió a sí mismo un gol en propia puerta porque el policía prohibía a la gente ir a la colina y les mandaba a la iglesia. Nunca se rezó tanto en esta iglesia como aquellos días. Fue terrible. Cogieron preso al párroco, el P. Jozo y lo requisaron todo. Mujeres policías llegaron incluso a desnudar a las monjas. Quisieron incluso inspeccionar el Santísimo, pero el pueblo se opuso con fuerza: “Eso sí que no”. Todo el mundo lloraba en la iglesia y querían tener misa, pero el párroco estaba preso. Un capuchino que estaba de vacaciones en casa de su madre pudo escurrirse, entrar en la iglesia y decir la misa. En un momento, poco antes de la misa, cuando la gente lloraba nerviosa y excitadísima, el pequeño Jakov subió al altar, cogió el micrófono y dijo a la gente: “Que nadie tema ni tenga miedo”. Fray Starcho, el capuchino, tuvo que marcharse del pueblo esa misma noche. Todo fueron dificultades y sufrimientos. El padre de Vicka, con ocho hijos, fue amenazado de quedarse sin trabajo si su hija no decía que todo era una mentira. En otoño, Mirjana, que era de Sarajevo regresó a la escuela y sus compañeros ortodoxos y musulmanes se reían de ella. Lo mismo le pasó en Mostar a Marija.

Si esto es así ¿qué podemos decir? ¿Fue todo un espejismo? Si hubiera sido mentira ¿quién les daba la fuerza y la total unanimidad a los niños? Ante tanta presión y sufrimiento, ¿qué niño resiste días y meses y años si no tiene dentro algo superior a sí mismo? Fue un milagro soportar tantísima presión. Y después la imposibilidad de vida privada,  la devoción de la gente. Fue otro milagro físico sobrevivir. Todo el mundo quería hablar con ellos, tocarlos, preguntarles algo. De 1984 a 1986 les hicieron toda clase de experimentos. Vinieron especialistas de Francia e Italia con toda clase de instrumentos. Incluso a Iván, en una aparición, le pusieron un aparato de muchos decibelios en el oído y fogonazos de luz en los ojos y ni se inmutó. Su físico no reaccionó. La conclusión de los especialistas fue que los muchachos eran normales y que no había en ellos ni sugestión ni patología alguna.

Otra cosa simpática. En los primeros días la Virgen les dijo que era la madre de Dios, pero la abuela de Vicka no estaba convencida. Le dio a la nieta un cacharro con agua bendita, diciéndole: “Cuando veas la aparición, échale agua bendita”. Así lo hizo la niña. La Virgen sonrió. Ese mismo día les dio el primer mensaje. Era un mensaje para un pueblo que había sido sistemáticamente adoctrinado en el ateísmo: “He venido para deciros que Dios existe y que está en medio de vosotros”.

Aquí durante decenios se prohibió toda enseñanza religiosa. Estaba prohibido celebrar la Navidad. Era día de trabajo. Había que escribir Dios con minúscula. Les enseñaban a los niños que nada es pecado. Tuvimos que cambiar el horario de la misa y comenzamos a hacerlo por la tarde, para que alguien pudiera asistir los días de fiesta, que fueron suprimidos oficialmente. Era una lucha contra la esperanza. Nadie esperaba tan rápidamente la destrucción del imperio de Satanás. No cabía la esperanza de que el comunismo cayera. Era como una roca inconmovible. En occidente lo creían indestructible. Lo destruyó una revolución silenciosa y pacífica  de  pobres que siguieron creyendo pese a todas las evidencias en contra. Aquí llegaban jóvenes de Chequia, Eslovaquia, etc., venían hambrientos y sedientos de Dios. Cuando regresaban iban sin miedo. Llevaban a la Virgen dentro, que es madre de todos, incluso de los opresores. Los comunistas no tenían miedo a la fe; sólo tenían miedo a la palabra escrita. Ése fue el gran error que les destruyó.
     
Hace una semana 670 sacerdotes de cincuenta países y de diez idiomas distintos se reunieron aquí para hacer ejercicios. Me sentí muy feliz al ver tantos sacerdotes jóvenes de países comunistas. Para mí es un signo claro de que la Iglesia es indestructible.
Tenemos que orar para que España no caiga ahora en manos de ese materialismo y de ese espíritu ciego que tanto daño ha hecho”.

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Este mismo día a las tres de la tarde teníamos cita con Iván, otro de los videntes, al que ayer por la tarde se le apareció la Virgen. La verdad es que hemos tenido suerte esta semana. No es fácil escuchar a dos videntes en la misma semana. La sala amarilla a rebosar con más de mil personas rezando el rosario. Era el turno de los italianos. Más tarde se desaloja la sala y entran grupos de otras lenguas. La conferencia tiene que ser repetida y traducida al menos dos veces. No basta con escucharla. La presencia directa del vidente es imprescindible.

Sin embargo, hoy no llegó Iván. Alguien subió al estrado y avisó simplemente que fuera por el tráfico o por lo que fuera, Iván no podía venir. Fue maravilloso. La gran multitud gozosa, aun en su decepción, se fue escabullendo sin la más mínima protesta. Muchos de nosotros aprovechamos para coger un taxi, venir a casa y dormir una siesta reparadora.

A las seis de la tarde ya estaba yo sentado en un lateral de la iglesia dispuesto a escuchar confesiones. No vino mucha gente porque sólo puse el letrero en español. Pero se estaba bien a la sombra escuchando por los altavoces el rosario previo a la Misa. A las siete menos veinte todo el mundo se arrodilla porque es el momento clásico de las apariciones. Suenan las campanas con el Avemaría de Lourdes.

Durante la eucaristía y el rosario posterior me volvió al espíritu la gran impresión de la charla de ayer de Marija. No era un sentimiento; era un toque de espíritu. Me gustaba, pero me hacía daño y por eso lo huía un poco. No obstante se me hacía claro la enorme bendición que hay aquí.


Día quinto, miércoles 11 de julio

Como todas las mañanas me levanto a las seis para que, antes del desayuno, me diera tiempo para meditar, escribir y darme una hora de paseo para quemar la glucosa de mi prediabetes. Caminando por la carretera me encontraba con chicos solitarios de la comunidad del Cenáculo. Son jóvenes resucitados de la droga. Ya dije cómo, al principio, pensaba que estas obras de “beneficencia” no tenían por qué estar en Medjugorje, aprovechándose de la piedad de la gente. Ya he cambiado de opinión.

Ese ejército de pobres, con el rosario en la mano, son la mejor prueba de la verdad de estas apariciones. Sus caras de espectros nos saludaban con dulzura al cruzarnos, mientras sus ojos, salidos de la tumba, me agradecían la respuesta a sus “buenos días”. No, no sobra aquí esta gente. Yo quiero pertenecer a ese ejército de pobres que rodea a la Virgen. Ningún argumento teológico podrá contra ellos y su urgentísima necesidad de salvación. ¿Es una idiotez el rosario cuando los está salvando? El peligro de alguien como yo, burgués y sin problemas, es que no necesitar ser salvado. El obispo no está de acuerdo, dice que no hay apariciones, que son una estafa. Pues bien, yo digo que si estas apariciones no son verdad, la Virgen tendría que inventarlas. ¿Cómo es posible que no sean verdad cuando están salvando a tantos pobres? ¿Desde dónde leemos la historia?

Yo quiero pertenecer a este ejército de pobres que no se piensan a sí mismos, no se autodefinen, que no requieren identidad porque en el cero de su vida la han perdido toda. Gracias al don de Medjugorje, un retoño de la esperanza perdida alienta aún en sus ojos brotando de sus labios en forma de oración. Yo me pregunto: ¿cómo es posible que unas apariciones “falsas” reúnan cada día a tantos miles de jóvenes cuando curas reales y verdaderos, como el obispo y yo, no somos capaces de reunir a nadie? Estas apariciones si no son verdaderas son necesarias; si son una superchería y una estafa, están bendecidas; si no existen hay que inventarlas.

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Por la mañana nos fuimos a un pueblo a una hora de autobús de aquí, llamado Thigelina, o algo semejante. Allí estuvo el P. Jozo cuando, después de los eventos de Medjugorje, le llevaron a la cárcel. Al dejarlo libre le retiraron de Medjugorje y le pusieron en este apartado pueblito donde no era fácil que diera guerra. En esta iglesia hay una imagen de un escultor italiano a la que llaman “la Virgen bonita”. De ella se valió el P. Jozo para reiniciar su apostolado mariano, consiguiendo, en efecto, que grandes peregrinaciones, después de estar en Medjugorje, pasaran por allí.

Hoy día se considera un lugar de gracia del que el pueblo sigue disfrutando. Después de decir misa pensábamos visitar alguna cosa más de ese pueblo pero allí nos enteramos de que la presentación de Iván, el vidente, frustrada ayer, iba a ser hoy. En italiano sería a las 14:30. Con esta alegría volvimos a desandar el camino, comimos y, rápidamente, para coger buen sitio bajamos en otro autobús o taxis, que no recuerdo, a la iglesia. Algunas de nuestras chicas se quedaron sin comer para reservarnos un buen lugar.

En efecto, yo pude estar en primera fila, grabarlo todo, coger apuntes y disfrutar del momento. La sala abarrotada de gente; muchos jóvenes y adolescentes. Parecía que toda Italia estaba allí. Iván hablaría en croato y le traducirían al italiano. En una segunda tanda hablaría en croato y le traducirían al inglés.

Llegó Iván, acompañado del traductor y se puso en la mesa, de pie, de cara a todos nosotros. Mucha dulzura pero sin una sola sonrisa ni un solo gesto personal. Comenzó en directo, después de rezar un padrenuestro y un avemaría. Hizo un breve saludo y pidió excusas por lo de ayer, sin gastar un segundo más de lo necesario:

“Estoy seguro que ustedes pensarán que si no vine es porque no pude venir”.
        
Y siguió:

“Compartir lo que en 26 años nos ha dicho la Madre no es nada fácil, es un tiempo muy largo. Podríamos hablar de muchas cosas  pero voy a limitarme a  lo esencial.

Hace 26 años la Madre quiso llamar a la puerta de mi corazón para introducirme en la escuela de la oración y del amor. Me gustaría ser un buen estudiante en esa escuela. Este hecho fue para mí un don muy grande y a la vez una gran responsabilidad. Yo sé que Dios me ha dado mucho y que me pedirá cuenta de ello.

No es fácil estar con la Virgen todos los días, vivir de su luz y volver después a la vida ordinaria. Os aseguro que con que vierais a la Virgen un solo segundo, el después de vuestra vida sería completamente otro. ¿A qué nos invita? Hay mensajes muy importantes que nos invitan a la paz, conversión, amor, perdón, esperanza, ayuno, oración. La Virgen nos ha enseñado a practicar cada uno de estos contenidos.

Ya el tercer día de las apariciones se presentó como Reina de la paz: “Vengo porque me manda mi Hijo a daros la paz, la paz, la paz... Estáis en peligro de autodestruiros”. La paz es pues el primero de sus mensajes. ¡Cuánta falta de paz en nosotros, en los jóvenes, en nuestras familias, en la Iglesia! Viene porque nos quiere ayudar, darnos coraje y consolar. Queridos hermanos: la humanidad está pasando una  grave crisis: la falta de fe. Queremos vivir sin Dios. Ha desaparecido la oración en las familias, y el amor y la fidelidad. Por el contrario, reina una gran inmoralidad. La Madre viene a llenar este vacío.

La Madre nos dice: “Queridos, si no hay paz en el corazón y en las familias, no lo puede haber en el mundo. El mundo está enfermo. Necesitamos iniciarnos en la oración ya que ésta es imprescindible para que haya familia. No puede haber curación física si no la hay espiritual. La Madre cura nuestros dolores con mucha ternura, amor y calor materno. La Madre viene porque se preocupa por nuestra salvación. Nos habla con mucha sencillez y nos dice: “Tengo necesidad de vosotros. Con vosotros puedo realizar la paz”.

¿Qué Madre hay tan afortunada que sólo tenga que corregir y llamar la atención una vez a sus hijos? Todas las madres deben repetir continuamente sus avisos. Eso es lo que ha hecho con nosotros la Madre durante estos años. No ha venido para meternos miedo, sino como Madre de la esperanza, buscándonos como a hijos. Por eso nos anima a la oración en familia y a ser fuertes porque así lo será también la Iglesia. Esto es importante. No hay una Iglesia viva si no hay familias vivas. La falta de vocaciones tiene su origen en la falta de oración en familia.

Nos invita a la santa Misa como el misterio más hondo y verdadero. Nos dijo una vez: “Si un día veis que se opone el venir a una aparición con el ir a misa, id primero a misa”. Nos invita a la adoración, al rosario, a leer las Escrituras. Leed la Sagrada Biblia. Que sea vuestro alimento espiritual. La humanidad sólo tiene futuro en Dios. Estamos en la tierra haciendo una peregrinación, un viaje. Nos invita a hacer grupos de oración, nos lleva a todos en el corazón. Si supierais lo que os ama, lloraríais todos de alegría.

A lo que más nos invita es a la oración. No a una oración simplemente mecánica o vocal sino con el corazón. Que cada oración sea un encuentro con Jesucristo. Que sea un encuentro vivo con Jesús. Para que nos llenemos de alegría y paz. Deberíamos orar cada día al menos tres horas, incluyendo la misa, el rosario y otros ejercicios como la ayuda al prójimo.

Un ejemplo: En una ocasión una peregrina austriaca me preguntó si era verdad que la Virgen quería que oráramos tres horas al día. A ella le parecía imposible. Yo le dije que sí, que la Madre quería eso. Al cabo de unos años volvió la peregrina y me dijo que era imposible orar tres horas. Hago muchísimo esfuerzo y no llego a las tres horas.  Entonces le contesté en bromas que ahora ya no había que orar tres sino veinticuatro horas cada día. La mujer se desalentó. Le expliqué:”Se trata de orar desde el corazón y eso nos supera a nosotros. Orar desde el corazón está más allá del tiempo y de toda ocupación. El poder orar así te tiene que ser dado. Orar mucho depende de nosotros, orar mejor es un don de Dios, pero es un don que viene de orar mucho”.

La Madre no nos manda nada imposible. A veces decimos: no nos podemos reunir en casa porque tenemos muchas cosas que hacer. No tenemos tiempo. En realidad no es una cuestión de tiempo sino de don y de amor. El que ama busca tiempo y siempre lo encuentra. Durante estos 26 años me he querido reafirmar siempre en la oración. En la próxima aparición os recomendaré a todos vosotros.

No hay palabras para describir la belleza de la Madre. No se puede describir. Un día el pequeño vidente Yakov le preguntó: “Madre ¿por qué eres tan bella?” “Porque amo -le respondió la Virgen- amad todos vosotros y os volveréis muy bellos”.

Que esta venida a Medjugorje sea el principio de una gran renovación en vuestra vida espiritual. Debemos tomar partido por Dios sin fisuras. Lo conseguiremos mediante la paz y la oración, no olvidemos que el orar mejor es un don, viene de Dios, pero el deseo de orar depende mucho de nosotros, de nuestra forma de vivir”.

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Al término de esta charlita sólo nos venía una palabra al alma: inimaginable. Lo mismo que cuando nos habló Marija. Doy gracias a Dios porque por primera vez en la vida he visto y oído hablar a dos santos. No hay que fijarse demasiado en lo que dijeron, ni juzgarlo con esquemas racionales. Es otra cosa, es la forma de decirlo, la forma de hablar desde el corazón. Marija e Iván son muy distintos de carácter. Marija muy sonriente y apacible. Iván más serio. Ambos, sin embargo, no hacen una sola concesión a la galería. No sale de ellos un solo gesto de complacencia o de autoafirmación. Son canales limpios por los que fluye el Señor. Te miran, pero su mirada pasa por encima de ti. Hablan desde dentro, como fuera del espacio; conectan contigo en el espíritu. Notas que te aman al hablar pero no se fijan en ti, van directos a tu espíritu. Es como si estuvieran fuera de las cosas.

Yo no he visto a nadie, en mi vida, hablar así. El más parecido fue Julio Figar, un joven sacerdote, dominico y carismático que murió en un accidente a los 27 años. Los últimos cinco o seis días de su vida, en plena salud y juventud, me decía moviendo los brazos: “Chus, créeme que esto no existe, que no existe”. Yo le respondía: ¿Pero qué es esto? Pues todo, me replicaba. Los edificios, las cosas, la carretera, todo. No existen, son como un sueño. Sólo existe lo de dentro. Por eso Julio, incluso físicamente, los últimos días vivía con la mirada perdida, con los ojos vueltos hacia dentro.

Después de hablar Iván no quise saber más. Faltaba aún un par de horas para las confesiones y la misa. Me fui directo a un taxi para volver a casa. Se me juntaron tres personas y volvimos juntos. Entré en la habitación y me acosté un poco, pero sobre todo pensaba, pensaba muchísimo, o a lo mejor no pensaba, sino que oraba desde el corazón.

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Orar desde el corazón es una de las categorías espirituales necesarias para comprender el tema de Medjugorje. Indica el nivel del don. Orar como muchas personas oran aquí no es una cuestión de devoción ni de esfuerzo o virtud. No se trata de eso. Es una gracia de la Virgen. Así dicen y así es en verdad, pues para entenderlo mejor y encajarlo en una buena teología hay que decir que se trata de uno de los dones del Espíritu Santo, en especial el de piedad.
  
En el nivel del don no oras sino que la oración se hace dentro de ti. Da igual que sea el rosario o una oración en lenguas. Tú prestas tu mente, tu corazón y tus labios. Al fin y al cabo, la expresión externa es puramente humana pero el motor interior es la acción del Espíritu. A este nivel la oración se hace sabrosa, sin esfuerzo, sin actos previos de la voluntad. Oras porque tienes ganas espirituales, porque te sale de dentro, porque necesitas desahogarte, porque no puedes aguantar la presión interior del Espíritu. En este caso lo que llamamos racional o normal se traslada de sitio, cambian sus coordenadas, por lo que puedes orar mucho tiempo o poco tiempo. No es una cuestión cuantitativa, sino cualitativa.

A Medjugorje se puede venir ocho días y no enterarte de nada como, tal vez, les sucede a algunas personas. Sin este nivel del don, sin orar desde el corazón, no entiendes nada. Desde los criterios racionales normales, sobre todo en gente autosuficiente y poco pobre, te encuentras aquí perdido. Incluso te da rabia, juzgas, te vas con una mala experiencia. Yo lo sé bien, porque los primeros días, hasta que habló Marija, yo estaba fuera del don, en mis criterios. Si sólo hubiera estado aquí el fin de semana me hubiera marchado sin entender nada. Por eso, Medjugorje sólo se entiende a nivel místico. La mística comienza cuando en un alma predomina la acción del Espíritu más que el propio esfuerzo y decisión. Entonces las virtudes se superan y comienza la gratuidad, que tiene también sus resultados, que no se llaman virtudes sino dones y frutos.

Por eso es muy importante entender bien el lenguaje de Medjugorje. Cuando se habla allí de oración, de penitencia, de ayuno, de sacrificio, no se está hablando de algo que nos va a hacer santos. Ni siquiera de algo que nos va a merecer la gracia. No, no es un tema moralista. Es algo superior. Es el don del Espíritu que nos regala esa oración, ayuno y sacrificio para cumplimentar una fidelidad total y que nuestra carnalidad no se oponga a la gracia y presencia sobrenatural,  manifestada aquí en la Madre María.

¿Por qué se expresa aquí la Virgen con este lenguaje que puede resultar peligroso, ya que es también el lenguaje de los integristas, fariseos, radicales y voluntaristas? Creo que es una misericordia de su parte. Cuando subíamos en el taxi, el chofer, muy orgulloso, nos puso unas canciones populares de esta tierra. No llevamos ni ocho días y ya nos estamos identificando con esta tierra, con sus expresiones y con su alma. Si no fuera por la lengua nos entraría hasta adentro. Todo es muy concreto en la vida; la realidad no tiene nada de abstracto. La Virgen conocía hasta el fondo la realidad concreta de esta tierra.
        
Ella, como Reina de la paz, se apareció aquí porque este pueblo ha sufrido por su fe como pocos pueblos lo han hecho. Croacia ha sido, durante siglos, un pueblo dominado. Por lo tanto, muy encerrado en sí mismo, endogámico. La expresión externa de la fe católica no es algo baladí para ellos, es parte de su identidad política y racial. Son católicos de raza. Sé que algún purista podrá decir que eso está mal; pero los puristas andan por las nubes.

La Virgen no pudo predicar aquí una gratuidad abstracta sino encarnada en determinadas prácticas que dieran viabilidad a su forma de ser católicos. La oración, el ayuno, determinados sacrificios, no son algo accidental sino prácticas en las que cristaliza una elección divina, como se muestra en las apariciones. En España tal vez podamos vivir un cristianismo en el que la disciplina espiritual no sea tan visible, porque también entre nosotros ha habido abusos en ese sentido. Por ello ahora no está de moda ni el practicarla ni el predicarla. Ahora bien, pecaremos de ingenuos si pensamos que se puede ser cristiano en serio sin esas prácticas. Lo que pasa es que al entenderlas, como en la Renovación carismática, como parte del don, pierden su lado amargo y culpabilizante. El Espíritu se encargará si quiere llevarnos a gran altura de realizarlas en nosotros. En Croacia, sin embargo, estas prácticas no son sólo parte de un don sino signo de una identidad racial, religiosa y cultural.

Yo, después de estar en Medjugorje no me siento llamado a hacer un ayuno especial ni a subir descalzo colinas santas, ni a colocar el rosario y estampas de María en todos mis lugares, pero otras personas sí que necesitan eso. Decir que eso sólo es superstición y frivolidad, después de estar en Medjugorje, no seré yo el que lo diga. A los soberbios y sabiondos nos es muy necesario comprender el alma de los más pobres, los cuales pueden estar dotados de un don de Dios que ni atisbamos precisamente por falta de esa pobreza. ¡Cuántas veces me he acordado aquí de mi madre y de sus rezos continuos del rosario...! ¿Llegué yo de verdad a conocer su espíritu? ¡Cómo hubiera disfrutado si hubiera venido a Medjugorje...!

Yo, que vengo de los carismáticos con una experiencia del Espíritu a nivel de don, con el poder y la fuerza que se da en esa corriente de gracia, puedo decir que Medjugorje, en lo esencial, no le ha añadido nada. Ahora bien, me la ha ensanchado y reforzado muchísimo. También me la ha acercado al pueblo, a los sencillos, a los que no pueden asistir a nada, a gente aún más pobre de la que acuden a los carismáticos, y eso que en los carismáticos se encuentra gente muy pobre. A ciertos niveles de pobreza el Espíritu Santo nos da permiso para que al hablar de Jesús pongamos y pronunciemos el nombre de su madre María. Ella es mujer, es madre, es profundamente humana. Los que no han tenido una madre en este mundo, los que no han tenido hogar, los desarrapados, necesitan una imagen muy sensible, una madre ante la que poder llorar, una estatua para poder comérsela con el corazón y con los ojos.

Algo de esto es lo que he podido captar en Medjugorje. No es un atraso, no es oscurantismo. Montones de gente que nunca han caminado, ¿cómo se van a atrasar? Para los que nunca han tenido luz, ¿cómo va a ser oscura la nueva experiencia? Los que nunca han visto nada, ¿por qué van a ser oscurantistas y atrasados? ¡Qué grande es el corazón de María, cómo entiende a los pobres, qué amplio es su cariño maternal! ¡Qué estrechos, sin embargo, somos muchas veces nosotros! Los pobres siempre son los que dan realismo a la realidad, los que miden el nivel de burguesía y fariseísmo que hay en nuestras prácticas y en nuestros pensamientos y teologías. El nivel de cero de la vida, la pobreza de los más pobres, es lo que da el toque de verdad a nuestros comportamientos. ¡Qué lejos estaba yo de amar los ojos de ultratumba de un drogata como los he amado aquí! Eso lo puedo hacer porque la Virgen mediadora de toda gracia ha tenido misericordia también conmigo.


Día sexto, jueves 12 de julio

Hoy un grupo de unos quince de nosotros nos levantamos pronto y poco después de las ocho salíamos para Mostar. Se trataba de hacer una visita a la capital de provincia y sede episcopal a la que pertenece la parroquia de Medjugorje. Menos de una hora en microbús nos costó llegar allí.

El chofer nos paró junto a la iglesia de los franciscanos, la cual, por tener una torre muy alta y visible desde toda la ciudad, era un lugar apto para reunirnos todos para volver a las 12:30 a Medjugorje. Tuvimos suerte porque nos encontramos un guía que se ofreció a enseñarnos las instalaciones franciscanas. Más tarde le pedimos que nos sirviera de guía para el resto de la ciudad, cosa que aceptó por cincuenta euros.

Nos habló un rato de la historia de la ciudad, en la que aún están muy visibles las marcas de las contiendas recientes. Todavía hay muchos edificios destruidos por las bombas y otros agujereados por la metralla. La ciudad está atravesada por el río Neretva, que la divide en dos barrios, el cristiano y el musulmán. El cristiano tiene un 53% de la población y el musulmán el 47%. El barrio viejo y turístico es el musulmán. En el siglo XV los turcos otomanos invadieron esta tierra desde Estambul. Permanecieron cuatro siglos.

En esos cuatro siglos lograron forjar una cultura y una religión con cristianos croatas que, para no perder sus tierras y posesiones, se hicieron musulmanes. Un paseo por el barrio viejo es un paseo por una ciudad mora, donde apenas se ven mujeres, con sus tiendas y bazares, sus zocos, sus bares y terrazas al aire libre llenos de hombres ociosos, que curiosean a las transeúntes. Llama la atención cómo se pueda mantener en plena Europa un enclave musulmán tan típico.

Mostar ha sufrido dos guerras seguidas. La primera fue una guerra de liberación o independencia que toda Bosnia libró contra el predominio serbio. Los serbios bombardearon varias veces la ciudad y la redujeron a escombros. Cuando al fin se alcanzó la independencia, en Mostar se enfrentaron musulmanes y cristianos. Fue una lucha civil, fratricida y sangrienta. Por eso la ONU envió a Mostar cascos azules españoles y marroquíes. Los españoles protegieron el barrio cristiano y los marroquíes el musulmán. Nosotros recorrimos la parte vieja, que es la turística, y nos hicimos cargo de lo que pudieron ser dichas contiendas con la destrucción de edificios, puentes y comunicaciones entre un barrio y otro.

Las mujeres, como siempre, muy atentas a sus compras. A las 12, no obstante, ya estábamos todos reunidos tomando algo y cambiando impresiones. A las 12.30, según lo convenido, cada uno ocupaba su asiento en el micro dispuestos todos para la vuelta. Por influencia del guía el microbús nos dio un paseo por el barrio cristiano, más moderno y amplio, pasando por la que hoy se llama Plaza de España, donde hay un pequeño monumento en honor de los más de veinte soldados españoles que dieron su vida por defender la paz entre estas gentes. Acto seguido volvimos para Medjugorje llegando a casa justo a las 13:30, hora fijada para la comida.

Después de comer nos tomamos un descanso y muchos dormimos una reparadora siesta de la que andábamos muy necesitados. A las seis de la tarde, no obstante, ya estaba yo colocado a la sombra en un lateral de la iglesia escuchando confesiones, con otros muchos sacerdotes que hacían lo mismo. Todos los días, a la misma hora, cumplíamos con ese deber mientras por los altavoces escuchábamos el rezo del rosario amenizado por bellas músicas entre misterio y misterio. A las siete menos veinte todo el mundo se arrodilla, incluso confesores y penitentes, porque es la hora de la aparición de la Virgen. Durante un minuto, más o menos, la gente ora en silencio con gran respeto mientras el carillón entona el Ave María de Lourdes.

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Hoy por la tarde, después de la misa, hubo adoración al Santísimo. No a las diez de la noche, como se hace los miércoles y los sábados, sino al finalizar la misa, o sea, a las ocho. Tengo que reconocer que hoy, tanto en la misa como en la adoración, estuve muy distraído. No sé por qué, me fijaba mucho en la gente, en el pueblo.

Hace quince días estuve en Lourdes, con nuestra parroquia de San Martín de Porres de Móstoles. Fuimos unas 105 personas. El Señor me ungió tres cosas en esa visita a Lourdes. En primer lugar a la vidente Bernardette Subirous. Volví como enamorado de ella. Una charla que di sobre ella poco después la titulé: “Víctima de un carisma”. Bernardette fue una persona a la que se le arrebató su vida privada hasta el heroísmo. No le fue permitido recrearse ni en un solo sentimiento humano. La gracia la condujo hasta la entrega total, haciéndola víctima de su elección.

Otra persona que me fue revelada en este viaje a Lourdes fue el sacerdote, el abate Payramale. Al principio, como es lógico, dudó de lo que decía Bernardette. Cuando la Virgen le dijo a la niña que era la Inmaculada Concepción, dogma que había sido definido por Pío IX cuatro años antes, en 1854, el corazón del sacerdote se ablandó y aceptó el testimonio de la niña. El regalo de un corazón de fe, sencillo como el del sacerdote, contrastaba con la dureza impenitente del alcalde, del prefecto y del comisario de policía que, basados en sus dogmas laicistas y racionalistas, no podían, en nombre de la ciencia y de la razón, admitir tales supersticiones y supercherías.

La tercera cosa que se me ungió en Lourdes fue la gente, el pueblo. Ese fin de semana del 23-24 junio había cerca de 20.000 personas en Lourdes. Me encantaba la fe de un pueblo donde no se veía una corbata, donde era superado el ridículo de creer y de orar, donde los rostros expresaban una alegría interior no fácil de encontrar en otros lugares. En Lourdes no entendí por qué me atraía tanto ese pueblo, pero lo he entendido aquí en Medjugorje.

Esta tarde en Medjugorje seguía mirando al pueblo y me sentía atraído por él. Ese pueblo guardaba para mí un misterio que yo no sabía descifrar. De repente me di cuenta de que era un pueblo con afecto, que se sentía amado, un pueblo con corazón. Ese pueblo era objeto de un amor, de una gracia, de una llamada, de un cariño muy bello y poderoso que, inconscientemente, sin formulación, pero de una manera real, sentía en su corazón. En esta tarde de distracciones pensé en lo que la Virgen, la Madre, significa para el pueblo católico. Hay en ella algo maternal que alegra el corazón de sus hijos.

Al llegar a Medjugorje yo venía con muchas dudas. Gracias a la efusión que recibí en la charla de Marija, estoy descubriendo muchas cosas. La interioridad de esa mujer, creada por la Virgen, me denunció mi exterioridad, me hizo ver que siempre había utilizado ideas para comunicarme, para predicar; yo era un ideólogo. No había hablado desde el corazón o, al menos, desde el nivel de corazón que aquí he podido vislumbrar. No había amado suficientemente al pueblo. Mi maestro de novicios nos decía, ya hace muchos años, que la mejor manera que tiene un dominico para amar es predicar o escribir. Yo, en aquel entonces, no entendía bien esas palabras. Ahora lo entiendo mejor y, en Medjugorje, mejor todavía. Predicar desde dentro, desde el corazón para que el pueblo se sienta amado, es un don con el que tiene mucho que ver María, por su corazón de madre. Yo no sé cómo predicaré de ahora en adelante, si lo haré mejor o peor; lo único que sé es que predicaré con más corazón, porque eso es un don, y yo lo he recibido con María.

He descubierto a María a través de los ojos de los drogatas y del desapropio y pobreza de Marija e Iván. Es decir, desde lo pobre y necesitado de cariño. ¿Qué he entendido yo hasta ahora por pobre cuando en su horizonte nunca había visto a María? ¡Cuánta ideología había en mí! El don de Medjugorje para mí ha sido descubrir a la Madre, de una manera especial a la Madre de la gracia. Llevo muchos años pidiéndole al Señor que me revelara a María. No como un simple objeto de devoción sino desde el don, de espíritu a espíritu. Precisamente para evitar en mí una vivencia demasiado ideológica y dogmática de la religión. No lo he conseguido hasta ahora. A ese nivel, primero se me reveló el Espíritu Santo que, sin duda, es padre y madre. Incluso Ruah -espíritu en hebreo- es femenino. Después el propio Espíritu Santo me reveló a Jesús, al hombre Jesús, único mediador entre Dios y los hombres. He llegado a querer a Jesús, al hombre Jesús, de una forma esponsalicia o, casi mejor, profundamente amistosa. Según le he ido entendiendo me iba enamorando cada vez más.

Pese a tener con ello muy cubierto mi afecto religioso no dejaba de pedir que se me revelara también, en idéntica profundidad, la Virgen María. Juan Pablo II, con esa devoción tan cálida que le tenía la Virgen, me servía de acicate. Y tantas y tantas personas. Y la experiencia de la Iglesia entera a lo largo de los siglos. Creo que en Medjugorje se me ha concedido esta revelación. Con el kerigma fuertemente arraigado en mi corazón puedo comprender y vivenciar a María en la plenitud de su misión de gracia.

Estos días he pensado mucho en los teólogos y predicadores, hijos todos ellos, por haber nacido en estos tiempos, de un racionalismo idealista, inoculado en el inconsciente por el despotismo ilustrado y la prepotencia de lo racional. ¡Qué necesidad tienen de corazón! Yo, al menos, que soy del gremio, tenía mucha. La sanación del inconsciente sólo viene por el don. La dureza de corazón es un pecado que puede afectar a toda una época de siglos y, como el original, es un pecado de trasmisión inconsciente. Ahora bien, eso sólo lo podemos ver cuando el don te ha elevado a otro nivel y cobras nuevas perspectivas. Mientras no se reciba ese don se pontifica de una manera irredenta desde la razón. Ahí, claro está, no cabe una aparición de la Virgen.

En este rato de distracción pensé también con cariño en los protestantes, que tanto se han opuesto a las apariciones de la Virgen en general. El protestante es un pueblo, hasta donde yo puedo conocer, con poco afecto espiritual en el corazón. ¿Por qué razón? Porque no tienen madre. Tampoco tienen eucaristía ni confesión ni, por lo tanto, sacerdotes. Es un pueblo sin desahogo. Se aferra a Jesucristo y a la Palabra y, gracias a ello, el Espíritu Santo los bendice, pero no pueden evitar que su religión sea rígida y formalista y, lo que es peor, bastante ideológica. Si Dios utiliza a María para librarnos del inconsciente racionalista, ¿qué pueden hacer ellos que tienen tan lejos a María?
        
Hace mucho leí en una revista una entrevista que le hicieron al teólogo jesuita Karl Rahner. Entre otros temas le preguntaron:

- ¿Por qué la teología actual habla tan poco de María?
- Rahner respondió: Porque la teología actual es muy ideológica y las ideologías no necesitan madre.

La respuesta se me quedó grabada. Ahora entiendo que cualquier teología que no necesite a la madre es muy ideológica. Ideología, en este sentido, significa utilizar conceptos e ideas sin una experiencia de vida que lo sustente. Sin madre, la teología queda abstracta, porque se le ha sustraído el corazón. Esa teología puede hablar mucho de los pobres, pero no los quiere; más bien los utiliza. Para amar a los pobres de la Comunidad del Cenáculo se necesita que tu corazón tenga mucho de maternal, es decir, que les ame como las madres, sin reproches, sin juzgarles, simplemente por ser hijos. Aunque hayan caído en lo más profundo de la degradación. Para que a mí se me revelara María al nivel del don necesité ver, al pasear por la mañana, la inmensa pobreza que percibí en los ojos de varios chicos del Cenáculo destruidos, y sentirla con compasión. Su mirada al saludarme y su rosario en la mano me traspasaron el corazón y me desvistieron de todo aquello en lo que yo había basado mi predicación y mi discurso teológico. A María sólo se la entiende en el amor y la comprensión de lo que haya de más pobre entre lo pobre.

A las nueve de la noche, al término de la adoración, cogimos varios taxis y nos fuimos a nuestra residencia de San Giuseppe. Nos esperaba la cena fría de todos los días, es decir: un caldito de algo, queso y jamón a las finas lonchas, la ensalada con enormes hojas de lechuga sin cortar, y el tomate aparte, sin una brizna de cebolla, mi favorita, una especie de requesón a lo Marisa, y algo de fruta. Lo de menos era la comida. Lo importante es que, a un grupo de 23 personas, donde la mayoría ya había recibido la efusión del Espíritu Santo, es decir, ya habían entrado en el nivel del don, la gracia especial de Medjugorje les iba entrando a uno detrás de otro. Con lo cual, las cenas y comidas se transformaban en un guirigay de alborozo y alegría indescriptible. Todo el mundo hablaba, todo el mundo reía, todo el mundo se sentía feliz de estar en Medjugorje. Esta noche, Leo, el guía, cenó con nosotros, y lo escuchábamos más atentos que si hablara el oráculo de Delfos.

Yo, esta noche, soñé con María, la Virgen. En sueños veía clarísimo cómo la Iglesia ha nacido del Espíritu Santo y de María. Entre los dos dieron a luz al cuerpo de Cristo, que se compone de la cabeza, que es Cristo, y de nosotros, que somos sus miembros. Veía cómo María es la madre de la Iglesia y de cada uno de nosotros.

Alguien en el sueño me decía: “Ten cuidado, que estás haciendo de María una diosa”. Mi corazón, en cambio, le gritaba a mi cerebro: “No tengas miedo, no hagas caso, María no es una diosa, es una mujer, es madre de sí misma, ha sido redimida, no es nuestra salvadora. Es simplemente lo que es, la Madre de todos, porque al Espíritu Santo le ha agradado hacerla así”.

No, María no es nuestra salvadora, es una criatura bellísima pero no tiene luz propia. Es como la luna, redimida e iluminada. Siempre está dentro del misterio pascual de Cristo y a su servicio. Son los ojos de Cristo los que nos ven cuando ella nos mira llena de misericordia. Ella, pues, no es fuente; es alberca, llena, eso sí, de agua y de trasparencia. Su gracia y su poder son totales por efecto de su maternidad asombrosa. Es tan bella que, como dice algún santo Padre,  ni Dios pudo hacerla más hermosa.

El único salvador es su Hijo, que nos redimió en su cuerpo de carne. Nos redimió en la cruz, dejando que allí fuera clavado su cuerpo de carne. Murió por nosotros como hombre, pero nos justificó en su resurrección, porque esa carne resucitada tenía personalidad divina. Jesús nos redimió del pecado porque su carne humana, en la que se realizó la redención, estaba poseída hipostáticamente por la divinidad. El sufrimiento es un acto de la naturaleza; la redención, en cambio, es un acto de la persona. María es una criatura excelsa pero su carne no es divina. No es una carne redentora sino redimida. A este enorme misterio también María, la dulce Madre, la dulce hermana de todos nosotros, se sometió, porque ella no era divina, sólo era humana, humanísima, tan humana que iba al pecado como cualquiera, pero por un especial privilegio fue concebida inmune de toda mancha y de todo pecado.

        
Día séptimo, viernes 13 de julio

Hoy nos levantamos antes que otros días. Era viernes, día de viacrucis y de adoración de la cruz. El viacrucis lo haríamos por la mañana, subiendo al Krizevac. Este monte, de unos 500 metros de altura, domina toda la llanura y la vega en medio de la cual está enclavado Medjugorje. Cuando concelebrábamos en la misa, los sacerdotes lo teníamos del todo enfrente, mientras que los peregrinos lo tenían a la espalda.

Teniendo en cuenta que estamos cerca del mar, 500 metros ya es una altura considerable. Lo peor, sin embargo, es el camino hacia la cumbre, hecho de puro guijarro, como la subida al Pobrdo o colina de las apariciones, guijarro en parte desprendido, donde es imposible encajar el pie. Hay que ir saltando de piedra en piedra, haciendo de la ascensión un auténtico “viacrucis”. Cada 100 metros, más o menos, nos parábamos a rezar la correspondiente estación del viacrucis. La cumbre está coronada por una gran cruz, visible desde todo el pueblo y alrededores.

Era un día luminoso, espléndido de luz y de sol. Nuestro grupo hacía su propio viacrucis, leyendo y orando nuestras propias oraciones, pero continuamente nos cruzábamos con otros peregrinos, que ya bajaban o que lo hacían más aprisa que nosotros. Tres o cuatro personas de los nuestros, las de mayor edad, nos acompañaron hasta la falda del monte, pero no subieron. Gracias a Dios, a pesar de ser un suelo tan rocoso, todo el monte es una roca,  hay vegetación y los arbustos nos mitigaron mucho los rigores del sol.

Interiormente íbamos muy animados. Tengo entendido que mucho antes de las apariciones ya se hacía este viacrucis y fue puesta la cruz que corona la cima. Lo mismo que en otros pueblos se va a visitar a la Virgen de la ermita, en Medjugorje se hacía el viacrucis y en él, sobre todo en la cima, se contaban y desahogaban las penas y tragedias del vecindario. Muchísimas personas han subido a este monte a lo largo de los años, descalzos, para mayor penitencia, y aún pudimos ver nosotros a gente que así lo hacía.

Para calibrar el esfuerzo que requiere esta subida baste decir que entre la subida haciendo el viacrucis y la bajada se emplean algo más de tres horas. Si he de ser sincero hice el viacrucis muy a gusto pero no ungido con el don y la unción que había notado en otros lugares de Medjugorje. Lo hice como una práctica, un ritual, algo que hay que hacer cuando se viene a Medjugorje para siete días. Simplemente sentí solidaridad en los sufrimientos, porque estos pueblos han sufrido mucho a lo largo de la historia.

A la bajada, sudorosos y deshidratados, nos paramos a tomar un refresco en uno de los bares que están estratégicamente colocados para tal efecto. Estos “compartires”, con la excusa de la cerveza, eran muy sabrosos, ya que intercambiábamos toda clase de impresiones y, como el ambiente estaba caldeado también por dentro, alcanzaban las conversaciones el nivel de grandes testimonios. Así lo hicimos, hasta que la hora de la comida nos obligó a retomar el camino hacia nuestra residencia.

Hoy por la tarde, en los cultos, lo especial era la adoración de la cruz, que se hizo durante una hora después de la misa. Me decepcionó bastante. Yo esperaba algo semejante a las adoraciones de la cruz de Taizé, donde los jóvenes toman contacto físico con la cruz y la besan y la abrazan y descargan sobre ella, con la frente pegada al madero, todas sus preocupaciones. Claro que en Taizé dura toda la noche. Aquí me pareció una cosa lejana y fría, bastante ritual, parecida a las adoraciones pero carente de una presencia viva como existe en la santa hostia. Ni siquiera fue dada para que el pueblo la besara.

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Una de las cosas que más rechazo produce en algunas personas en lo referente a las apariciones de Medjugorje, como también de Lourdes o Fátima, es el secretismo y el aspecto sacrificial que parecen contener los mensajes de la Virgen. A veces parecen apocalípticos y amenazantes y, en la mayoría de los casos, culpabilizantes. Yo confieso que no soy un especialista en este tipo de mensajes; ni los de Lourdes y, sobre todo, los de Fátima y Medjugorje, me han llamado la atención nunca. Me han parecido, tal como se leen en periódicos y revistas, de un moralismo rancio, de lo más trasnochado e integrista. Lo que es peor, es que estos mensajes no suenan ni tienen nada que ver con la Palabra de Dios ni con su estilo. La palabra de Dios es muy amenazante, a veces, pero desde la compunción y el Espíritu. Aquí existe un buen caldo de cultivo para profetas de desventuras y de religiosidad resentida. Los que se atrevan a leer e interpretar estos mensajes fuera del don los están politizando y convirtiéndolos en algo tendencioso y partidista. Yo ni en Marija ni en Iván ni en otros autorizados intérpretes con los que he hablado he visto nada semejante.

La teología más sencilla nos dice que María no tiene palabra propia. Si no la tuvo Jesús, sino que siempre hablaba la palabra que le daba su Padre, ¿cómo la va a tener propia María? Por eso cuando habla María no son palabras nacidas de su propio carácter o buenas intenciones sino las del Espíritu de su Hijo, el mismo que inspiró los evangelios y toda la Biblia. ¿Cómo se va a contradecir? Si habla el Espíritu Santo, dichas palabras no están a merced del capricho o entendederas de ningún particular, ni siquiera de los videntes, sino que el discernimiento le pertenece a la Iglesia, confrontándolas con la Biblia y la Tradición.
        
Lo mejor, pues, es no hacer aprecio de los pretendidos mensajes y, en caso de que los creamos auténticos, interpretarlos siempre como palabra de gracia, de perdón y de misericordia, ya que éste es el lenguaje de Jesús: La gente se admiraba de las palabras de gracia que salían de su boca (Lc. 4, 22). Las apariciones de la Virgen son bellísimos carismas con los que el Señor se hace presente en nuestros tiempos de increencia y ateísmo. Un carisma siempre es dado para construir la Iglesia, no para destruirla. Se trata de una manifestación del Espíritu para fomentar la fe de la comunidad. En estos casos utiliza a la Madre, cosa que no ha hecho en otras épocas de la historia. Por algo será. No podemos rechazar estos carismas; sería una forma de anular una presencia amorosa de Dios en nuestras vidas.
        
La Virgen no viene a juzgar al mundo. Si así fuere, iría contra su Hijo, que dijo muy claramente que Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por él (Jn 3, 16). La venida de María es un detalle de Dios. El Espíritu de Dios que nos llega por medio del hombre Jesús resucitado, el Salvador, es el que tiene estos detalles amorosos con su Iglesia de hoy. Evidentemente, la venida de María tiene que ver con nuestro pecado y nuestro extravío. No somos peores que los de otras épocas, no merecemos amenazas más contundentes, pero sí somos hijos de una época y participamos más de lo que creemos del pecado y de las taras de esta época. El ateísmo actual, nuestro materialismo y consumismo, el fariseísmo y dureza de corazón actual ahogado por un racionalismo exacerbado merecen una llamada de atención de parte de Dios. El Espíritu Santo nos manda, pues, carismas o remedios adecuados para afianzar y acrecentar nuestra fe. Para mí esta venida a Medjugorje ha significado en este sentido y en otros muchos una bendición. Me da alegría pensar que Dios nos ama enviándonos a su madre. Tal vez en este momento la Iglesia no necesita tanto la teología como la vuelta a la vivencia y experiencia amorosa de la revelación.

Lo que más choca a un español que viene de ciertos ambientes es el tema de la práctica de una disciplina espiritual. La Virgen llama en Medjugorje a la conversión, al ayuno, a la oración, al rezo del rosario, y a otras cosas semejantes. También esto sin embargo hay que mirarlo desde el don porque, de lo contrario, lo frivolizamos y lo convertimos en práctica farisaica. El fariseo cree que el pecado es un bien, como le sucedió al hermano mayor de la parábola. Le habría gustado hacer lo mismo que el pequeño, pero su religión y sus normas no se lo permitían. De ahí que en su resentimiento ni entienda la fiesta ni la falta de un castigo ejemplar para su hermano.

Mucha gente siempre ve la disciplina espiritual desde el resentimiento. No ven su lado positivo ni su contribución a la alegría y al gozo de la plenitud. No entienden el abrazo del Padre al hermano pecador. No entienden el corazón maternal de María y ponen en su boca amenazas escalofriantes. Interpretan la historia y el futuro como un ajuste de cuentas de Dios con el hombre perverso. La Virgen como Reina de la paz viene a avisarnos para que no nos destruyamos nosotros, no viene a decir que Dios nos va a destruir. No viene a decir que aplaquemos la justicia de Dios con sádicos holocaustos. Me agradó mucho oír en Medjugorje que cuando la Virgen habla de conversión se refiere a los cristianos que van a misa y no han descubierto todavía el don y el amor de Dios, viviendo todavía en su juicio y culpabilidad. Es decir, la Virgen y Jesucristo necesitan cristianos que se enteren de que son amados gratuitamente, para hacer con ellos un mundo nuevo. Necesitan gente que valore el misterio pascual y lo celebre con júbilo, un misterio en el que Jesús carga con nuestras culpas en su cruz y no nos las echa en cara. ¿Cómo es posible que Cristo venga a echarnos en cara y a culpabilizarnos con la cruz que él cargó por nosotros?

Me duele que haya gente poco preparada que utilice a la Virgen, es decir, a la Madre para amenazar. Proyectan sobre ella lo que harían ellos si tuvieran poder. No saben que el morir en una cruz por los demás es una exhibición de poder. Ven la conversión como una castración de todas las tendencias, el ayuno como un autocastigo corporal, la oración como un escaquearse, el rosario como una práctica masoquista. El que ha entrado en el don de Medjugorje ha elevado todas estas cosas del plano moralista y fariseo al del amor. Para él la conversión es la oportunidad de acercarse al amor, el ayuno es liberación del consumismo, la oración es un trato de intimidad, el rosario es una oración en lenguas o gemido inefable del que nos habla San Pablo. Estoy seguro que mi madre rezaba sus muchos rosarios desde el corazón, como una forma inefable de expresar su fe.

A pesar del amor de Dios, manifestado en las apariciones mediante la presencia de María, nuestro mundo debe asumir una seria autocrítica. Me refiero sobre todo a los cristianos. Pertenecemos a un mundo fariseo que piensa que el pecado es un bien y que el que nos avise de lo contrario es un aguafiestas. Nuestra época ha racionalizado su fariseísmo y lo llama cultura y otras zarandajas pero, en el fondo, se trata de la vieja rebeldía de no aceptar los límites y comerse la manzana. El Espíritu Santo tiene como cometido, como acto supremo de amor, argüirnos de pecado, para que éste no nos destruya. Ahora ha escogido a María para que con su corazón maternal nos ayude a entender nuestros falsos planteamientos. Mi corazón agradecido por tanto amor sólo tiene una respuesta: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra porque has escondido estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños (Lc. 10 23).


Día octavo, sábado 14 de julio

ummmístic mís místico
Anoche en la cena despedimos a nuestro guía Leo. Su don y su experiencia interior nos han ayudado mucho a penetrar en el secreto de Medjugorje. Su espiritualidad, configurada por estos acontecimientos, le hace testigo en primera línea de lo que aquí ha sucedido. Todos quedamos muy agradecidos y dichosos de haberlo tenido con nosotros. En esta cena, como en otras anteriores, cantábamos disfrutando desde el corazón de canciones como Gospa, Maika; Kumbaya; Sdravo y otras. Esta noche, si cabe, con especial nostalgia y saudade. Muchas cosas de aquí se nos habían colado de rondón en el alma. No éramos los mismos que vinimos.

Nos levantamos muy temprano. El plan era salir pronto y poder visitar durante la mañana la parte vieja de Dubrovnik, antigua ciudad croata y puerto de mar. No fue todo tan rápido como deseábamos debido a los controles y otros imponderables, pero hacia las once ya estábamos paseando por sus viejas calles. Nos hizo de guía una chica llamada Danielja, prima de Marija. Era una chica joven, alta y bien parecida, también muy configurada por la espiritualidad de Medjugorje. Intentó contarnos cosas de su experiencia personal y de los efectos de las guerras pasadas pero se le entrecortaba la voz. Su padre había muerto en la guerra, lo cual significó para ella un trauma difícil de superar. Este año termina periodismo y no sabe muy bien qué hacer.

Recorrimos las calles de la vieja ciudad. La ciudad nueva está muy extendida y crece junto al mar agazapada entre cabos, golfos, rías y ensenadas. Desde el avión es un espectáculo muy bello contemplar la actual ubicación de Dubrovnik. A mí me interesaba de una manera especial visitar el viejo convento de los dominicos, donde en la alta Edad Media el P. Santiago de Vorágine escribió el primer tratado sistemático de Teología de la Iglesia. Hasta entonces se habían escrito muchas cosas sobre la Iglesia pero sueltas, sin sistematizar al estilo moderno.

A primeras horas de la tarde despegamos en Iberia, rumbo a Barcelona y después de un par de horas de espera en el Prat salimos para Madrid. Pese a finalizar el viaje, la aventura de Medjugorje no se pasa tan fácilmente. Veníamos suficientemente tocados y caldeados como para no olvidar. Lo mismo que la Virgen después del anuncio del ángel se fue a ver a su prima, lo mismo que en la Renovación después de la Efusión del Espíritu está uno deseando reunirse para desahogar experiencias, lo mismo sucede con el don de Medjugorje. Una vez recibido necesitas compartirlo, recrearlo, cantar las canciones. Ahí queda. Nos repitieron varias veces que no le contáramos nada a nadie de dicha experiencia a no ser que nos preguntaran. La mayoría de la gente no lo cumple, pero queda frustrada. El don es el don y Dios se lo da cuando quiere y a quien quiere. El que quiera conocer más a Jesucristo  y encontrarse en vivo con María es bueno que vaya a Medjugorje. Después entenderá todo lo que le contamos.

¿Cómo se resolverá el contencioso entre Medjugorje y el obispo de Mostar? No lo sabemos. La realidad de las experiencias y conversiones es innegable, como dice el Cardenal de Viena, el dominico Cristoph Schönborn. Este prelado, amigo personal de Benedicto XVI y papable en la última elección, tiene testimonios de mucha cordura evangélica a este respecto. Yo me uno a sus palabras en las que dice claramente que los obispos y pastores están para promover, no para ahogar, lo que puede proceder de Dios. Veladamente hace, sin duda, una reconvención al obispo de Mostar por su incontinente impulsividad. No hay que olvidar que hasta hace no mucho toda Yugoslavia era parte del imperio austriaco. He aquí uno de sus  testimonios:

 La postura oficial de la jerarquía en años recientes es dejar conscientemente el asunto de Medjugorje sin decidir. El carácter sobrenatural no ha sido establecido; esas fueron las palabras usadas por la antigua Conferencia Episcopal Yugoslava en Zadar, en 1991.
Se trata en realidad de una cuestión de redacción, que conscientemente deja el asunto abierto. No se dice que el carácter sobrenatural haya sido establecido substancialmente, pero tampoco ha sido negado o descartado que el fenómeno pueda ser de origen sobrenatural. La costumbre del Magisterio de la Iglesia es no hacer declaraciones definitivas mientras fenómenos extraordinarios continúen en forma de apariciones o de otros medios. En efecto, es la misión de los pastores promover lo que está creciendo, alentar los frutos que están surgiendo y, de ser necesario, protegerlos de los peligros que obviamente hay en todas partes.

También en Lourdes es necesario vigilar para que el don original no sea desvirtuado por eventos desafortunados. Medjugorje tampoco es invulnerable. Por eso es y seguirá siendo importante que los obispos sean conscientes de su misión como pastores de Medjugorje a fin de que los frutos obvios que hay en el lugar puedan ser protegidos de posibles errores.

Creo que las palabras de María en Caná: “Haced lo que él os diga” son la sustancia de lo que ella dice a lo largo de los siglos. María nos ayuda a escuchar a Jesús y ella desea con todo su corazón y con todas sus fuerzas que nosotros hagamos lo que él dice. Esto es lo que yo deseo para todas las comunidades de oración que se han formado a partir de Medjugorje; esto es lo que deseo para nuestra diócesis y para la Iglesia.

... Personalmente, no he estado en Medjugorje, pero en cierto modo sí he estado allí muchas veces a través de las personas que he conocido y que conozco. Y en sus vidas veo buenos frutos. Mentiría si dijera que esos frutos no existen. Esos frutos son concretos y visibles y yo puedo ver en nuestra diócesis y en muchos otros lugares gracias de conversión, gracias de una vida sobrenatural de fe, gracias de gozo, de curaciones, de personas que regresan a los sacramentos. Todo esto no es equívoco. Por eso, en lo que a mí concierne, como obispo, sólo puedo ver los frutos. Si tuviéramos que juzgar al árbol por sus frutos, como Jesús, diría que “el árbol es fructífero”[2] <#_ftn2>.
        
Esta mañana al abrir el breviario para rezar los Laudes me llevé una gran alegría: hoy 22 de agosto es la fiesta de María Virgen, Reina. En Medjugorje se presentó diciéndole a los niños: “Soy la Reina de la paz”. Por eso, he cambiado el himno oficial de Laudes y he cantado la bellísima canción medjugorjiana: Gospa, Maika moya, kralyiça mira... Virgen, Madre mía, Reina de la paz...

Post data: el que quiera ver fotos en www.frayescoba.info

Móstoles, 22 de agosto de 2007

TESTIMONIO DE MARIA DE VALLEJO-NÁGERA (1)
www.mariavallejonagera.com
Medjugorje - la gran maravilla Mariana de nuestros tiempos

(1) María es una reconocida y prestigiosa escritora española que ha editado con gran éxito de lectores varios libros en Europa. En esta oportunidad ella brinda testimonio de su experiencia personal en Medjugorje, y el inicio de un camino de conversión que ello produjo en su vida. Vea una breve biografía de la autora al pié del texto o ingresar a www.mariavallejonagera.com

Vivir en Londres suponía un gran alivio mientras la guerra devastaba a una pobre Bosnia herida de muerte. Recuerdo que me sentía muy segura y bendecida mientras miraba horrorizada los documentales y Noticieros en los que informaban sobre la magnitud de la violencia de esa humana carnicería. “Estamos tan lejos del peligro…”, pensaba con alivio mientras observaba mis dos pequeñas gemelas jugando en nuestro hogar londinense. Como española, había oído muchas veces en mi niñez relatar a mis padres los acontecimientos criminales que tuvieron lugar en mi país durante la guerra Civil. Ambos eran niños pequeños cuando el odio, la sangre y la ira arrasaron España, pero ajena en el tiempo, no me daba cuenta de la envergadura de sus escalofriantes relatos.

Mi padre solía repetir: “pasé hambre durante tantos meses… Por ello no soporto cuando tu, mi hija, dejas un solo pedacito de comida en el plato. ¡Si sólo supieras lo que es una guerra no lo harías! Si hubieses padecido hambre de verdad, no rechazarías ni una migaja de pan.” Me quedó claro desde entonces que había sido realmente bendecida en mi vida por no haber tenido que padecer semejante infierno, y por ello, cuando me enteré de los brutales acontecimientos que se estaban produciendo en ex-Yugoslavia, sabía que nuevamente había sido protegida por el amor de Dios de un modo inconmensurable.

El mundo observaba vergonzosamente silencioso el conflicto, y por ello,  me quedé positivamente sorprendida cuando dos de mis mejores amigas me comunicaron que estaban planificando emprender un viaje a un pequeño y perdido pueblo llamado Medjugorje en las montañas de Bosnia-Herzegovina. “¿Estáis locas?”, les pregunté con cara de espanto mientras disfrutábamos un almuerzo en un restaurante de moda en Londres. “¡Ese país está en guerra!” , les amonesté. “Sí, lo se” contestó una de ellas. “Pero precisamente donde vamos no ha pasado realmente nada, de momento…” “¿Como es posible?” pregunté incrédula. “Todo ha sido arrasado a causa de los bombardeos en esa zona. Ayer los serbios explotaron el maravilloso puente de Mostar”.

Entonces ambas comenzaron a relatarme con gran entusiasmo todo lo que conocían sobre los acontecimientos de Medjugorje: lo que sabían sobre las supuestas apariciones que habían tenido lugar durante tanto tiempo; me hablaron hasta aburrirme sobre los jóvenes y testarudos videntes que insistían una y otra vez en que veían a Nuestra Señora; me describieron los milagros producidos en ese pequeño pueblito que la ciencia de los militares comunistas nunca pudieron explicar científicamente. Me hablaron del muy famoso padre Jozo, párroco del pueblo, que soportó estoicamente las torturas físicas y psíquicas a las que le sometió la milicia del régimen de Tito cuando comenzaron las supuestas apariciones… “Estamos decididas a ir allí”, me insistieron una y otra vez a pesar de mis peticiones a que recobraran el juicio extraviado. “¿Para que?” exclamé al fin muy turbada. “¿Es que os habéis convertido en dos ingenuas ridículas que juegan a ser heroínas en un infierno sin solución? ¡Os van a pegar un tiro por inconscientes! ¡Vais a cometer una terrible insensatez!”  “Pero sólo queremos rezar allí…”, contestaban tímidamente y con cierto sonrojo.  “ ¡Por favor: podéis rezar aquí, en Londres, donde no hay guerras y donde podéis encontrar iglesias en todas partes!”

Tengo que admitir que entonces, aunque me hubiese considerado católica toda mi vida, mi fe era tibia. Se me podría haber definido como “católica social”, mostrando siempre hastío durante el santo oficio de la misa, no comprendiendo realmente muchas de sus partes y procurando asiduamente escaparme de la dominical visita a la Iglesia.  Mis padres me habían criado en un ambiente católico, los colegios a los que acudí eran católicos, pero no había una sensación real de la presencia de Dios en mi corazón. Había ausencia del amor hacia Cristo en mi vida. Dios Padre era un gran desconocido para mí, un amigo que sabía que existía pero a quien aún nadie me había presentado debidamente. Acudía a la misa dominical más por empuje social que por deseo. No quería romper la armonía dominical en el hogar paterno, así que me dejaba arrastrar por el sentimiento del deber de ir a misa el domingo, simplemente “por que sí”. La España de entonces era así. Si la familia, los amigos y los conocidos iban a misa, pues yo también iba y punto.

 Al ser mi fe tan tibia e inconstante, no podía más que reprender a mis amigas en aquel almuerzo londinense en el año 1998. Les repetía una y otra vez que iban a experimentar una manera insensata y ridícula de acercarse a Dios. Nuestros esposos habían conseguido con mucho esfuerzo, trabajos bien remunerados con los que nos mantenían envueltas en mimos. Éramos madres jóvenes, esposas felices y la vida nos había dado unos hijos preciosos. En definitiva: teníamos la felicidad entre las manos. O por lo menos eso era lo que creíamos… Mi enfado fue creciendo conforme este tipo de pensamientos me abordaban en aquel almuerzo. Era absurdo que dos amigas a las que consideraba inteligentes y buenas madres, dijeran semejantes estupideces.

¿Acaso habían perdido la cordura? ¿Se habían dejado arrastrar por un grupo de fanáticos creyentes cuyas ideas podían dañarlas? Intenté de nuevo hacerlas entrar en razón utilizando todo tipo de argumentos lógicos. Sin duda, era un disparate emprender una extraña aventura espiritual recorriendo la desolada y peligrosa Bosnia del 98. Fui dura con ellas, honesta y sincera, y recibieron mi reprimenda con un corazón humilde y ojos avergonzados. Su sumisión ante mis quejas me enervó aún más. “¡Sois un par de románticas atolondradas!”, exclamé con exasperación. “¡Y para colmo de tanta locura, ni siquiera sois Católicas! No vais a entender nada de lo que os puedan explicar es ese recóndito lugar entre tanques. Me sorprende que os creáis las ridículas mentiras de 6 muchachos embusteros católicos de un pueblo perdido en medio de una guerra”.

Tras un tenso silencio, una de mis compañeras se atrevió por fin a preguntarme: “¿nos consideras unas locas sólo porque queremos rezar en un lugar santo? ¿Acaso es un disparate tener sed del amor de Dios? ¿Es una locura querer ayudar a los que más sufren, en un momento de gracia espiritual?” “Sois tontas por el hecho de creeros un montón de pamplinas… ¡Cómo podéis pensar que los hechos que os han relatado sobre Medjugorje pueden ser verídicos! Por favor… “Vais a encontrar una muerte violenta en ese lugar”, contesté llena de desesperación. En ese preciso instante advertí que alguien estaba muy cerca de mí, casi tocando mi espalda, justo a la altura de mis hombros. Y ese ser, o esa presencia, me habló al corazón…

“¿Porqué tienes tanto miedo de conocerme?, dijo en un tono suave y tierno. “No tengas miedo. Ven. Te espero en Medjugorje.” Me giré bruscamente llena de confusión, pero no vi a nadie tras de mí. “¿Quien me ha hablado? ¿Qué pasa?”, dije sin apenas darme cuenta. Mis dos amigas me miraron sorprendidas. “¿Quién me ha hablado en…en español?”, pregunté de nuevo colmada de estupor. Los clientes del restaurante, bulliciosos, parecían no prestarnos ninguna atención. “¿De que hablas? dijo una de mis dos amigas, “nadie te ha hablado en español. De hecho tu eres la única que nos estabas hablando, y  por cierto de una manera contundente…”  Empecé a temblar…Algo o “alguien” estaba allí, en ese restaurante, hablándome en español, pero no podía ver absolutamente a nadie.

La presencia estaba penetrando cada vez más profundamente en mi corazón y en mi intelecto, y su voz era tan clara como un cristal, suave y tierna. “Ven, no tengas miedo…”, me decía. Entonces, sin saber cómo ni por qué, pronuncié las palabras que cambiarían mi vida, mi familia y mi profesión para siempre. “Realmente no se porque estoy diciendo esto, pero creo que me voy a ir con vosotras a Bosnia…  Iré cuando termine la guerra.” Mis amigas se miraron la una a la otra sin decir una palabra, con los rostros encogidos por el asombro y el corazón lleno de incógnitas…

Unos meses después embarqué hacia lo desconocido en un avión con destino a Split. Me acompañaban un pequeño grupo de amigos, un gran grupo de desconocidos peregrinos anglicanos, y un sacerdote algo entrado en años. Mi corazón temblaba como un hoja al viento. Seguía convencida de que toda la idea era un gran disparate, y Medjugorje y sus historias un puñado de mentiras. Pero aún con esos sentimientos colgando por el intelecto, me sentía impulsada a emprender aquella locura a raíz del recuerdo de aquella extraña experiencia vivida en un restaurante londinense.  Desde que me ocurriera, poco o nada había averiguado sobre Medjugorge y las supuestas apariciones marianas a aquellos seis jóvenes bosnios. Simplemente observaba la alegría de mis amigas cada vez que regresaban de aquel lugar.  Escondí en mi corazón mis temores y me dejé arrastrar por un aplastante deseo de seguirlas hacia aquellas áridas montañas que tan poco tiempo atrás habían sufrido el odio humano hasta límites hiperbólicos. Mi primer día en Medjugorje fue  decepcionante. El pequeño pueblo no era otra cosa más que un pequeño pueblo despeluchado.

Refunfuñé desde el primer momento en el que puse mi pie en sus entrañas e inmediatamente concluí que mi viaje sería el resultado de un estúpido arrebato de inmadurez.  Aún así, intenté ser amable y educada.  Tuve agradables conversaciones con mi nuevo grupo de aventureros, e intenté aprovechar la sabiduría de un encantador e inteligente, (además de santo), sacerdote irlandés, quien hizo de guía en nuestro grupo. Aquel buen hombre se mostró extraordinariamente amable conmigo, siendo infinitamente pacienciente a la hora de responder las mil preguntas con las que le mareaba sobre Medjugorje. Tuvo la delicadeza de presentarme a los maravillosos sacerdotes franciscanos del lugar. Aquel primer día hicimos lo que todo peregrino suele hacer allí: acudimos a misa en la mañana, (la del idioma inglés), en la parroquia de Santiago. Rezamos el rosario subiendo el monte Podbordo, (más conocido como “el monte de las apariciones”), y almorzamos en el restaurante Colombo, situado en el corazón del pueblo, justo junto a la iglesia.

Por la tarde simplemente paseamos por las tiendas y nos unimos al enorme grupo de peregrinos para orar el Santo Rosario dentro de la Iglesia. Tengo que reconocer que hasta entonces nunca había rezado el Rosario; tampoco nadie me había enseñado a hacerlo.  Mi primer rezo del Rosario ese día me pareció largo y muy aburrido. De hecho, cuando lo hice, me sorprendió lo mucho que me aburría y lo complicado que se me hacía orar. Por ello, el día siguiente amanecí de malas pulgas, refunfuñona y con ganas de engrescarme con mi amiga, quien me avisó de que tendríamos que acudir de nuevo a misa.   “¿Pero otra vez tenemos que ir a misa? ¿Acaso no fuimos ayer?” , protesté de malas maneras. “Yo hoy ya no voy… Iré el domingo que viene; hoy es Lunes y no es obligatorio, así que dejadme en paz”.

A pesar de todo, y como en el fondo soy perro ladrador pero poco mordedor, fui de todos modos cuando el resto del grupo me rogó que les acompañara. Acudí y.., me aburrí durante toda la ceremonia, por lo que más que atender a los sacerdotes que concelebraban, me dediqué a pensar en mi cosas… Cuando al fin finalizó la misa, nos avisaron para que nos apresuráramos para acudir a una sala de conferencias situada justo detrás de la iglesia, pues el más joven de los 6 videntes, Jacov, daría  testimonio a los peregrinos interesados sobre sus extraordinarias experiencias con la Virgen. Aquello ya me pareció más atractivo, así que me dirigí con presteza junto a mis nuevos amigos hacia el lugar,  más movida más por la curiosidad que por la fe. Recuerdo nítidamente cómo nos encaminamos presurosos hacia el lugar de la conferencia, recorriendo la larga fila de confesionarios al aire libre, rozando con nuestras zancadas, las inmensas colas de peregrinos que deseaban confesarse aquella mañana limpia y soleada.

El día era claro y caluroso. De pronto, sin saber cómo ni porqué, sentí una intensa necesidad de dirigir mis ojos hacia ese luminoso cielo primaveral. No capté nada fuera de lo normal, o de carácter sobrenatural, como muchos peregrinos admiten haber visto en Medjugorje. Pero sí sentí una extraordinaria experiencia de amor. En mi corazón lo que me ocurrió duró 10 minutos, pero en la realidad, cuando comprobé el tiempo transcurrido real por mi reloj, sólo  3 segundos se habían sucedido. Créanme si les digo que esos tres segundos cambiaron mi vida para siempre…. En tan poco tiempo, me invadió todo el cuerpo y el alma un inmenso e indescriptible amor. Parecía a mis ojos como un rocío que se me posaba en el pelo, la cabeza, los brazos, en todo el cuerpo… Algo indescriptiblemente bello se derramó sobre mí. No puedo describirlo, pues no se parece a nada de lo que conocemos a nivel material, o físico. No era agua, no era tierra… Era un rocío incoloro, fino como la brisa o como el suspiro de un niño.

El poder de ese rocío, o de esa sensación era extraordinariamente poderosa. Su carga era sólo amor, pero un amor en grado hiperbólico, infinito… Mis pasos se pararon en seco; quedé totalmente rígida y fijé la vista forzadamente sobre las nubes, el sol, el cielo... El tiempo parecía haberse detenido. Nada se movía a mi alrededor: la gente, los pájaros, los ruidos…todo quedó callado, quieto, expectante…. El amor que me rodeaba, que me cubría la piel, los ojos, la ropa, la cabeza, era tan poderoso que me di cuenta que quería seguirlo hasta el final. Me dominó un profundo entendimiento, una luz interior inconcebible , que me anunció sin lugar a dudas de que lo que se estaba derramando sobre mí, era el eterno y perfecto amor de Jesucristo. Entonces, una voz me habló al corazón. Era masculina, suave y a la vez regia y mandataria. No puedo describirla bien, pues no encuentro las palabras adecuadas para hacerlo correctamente… Esas palabras dijeron: “Hija mía, así es como te amo. Así es como amo a TODOS Y CADA UNO de vosotros”.

De pronto algo explotó dentro de mi corazón. ¡Quería llorar, quería morirme! Cerré los ojos, y con el alma en vilo sé que contesté: “ mi Señor, mi pobre Dios. Si esa es la manera en que nos amas, qué injusto es el amor del hombre, porque humanamente es imposible corresponder a este amor tan perfecto, completo y eterno. No es justo para todo un Dios…” Entonces, aquel amor vivo me contestó: “No puedes, ni podrás entender jamás la magnitud del amor de tu Dios. Pero es un Amor Real, y lo doy a cada ser humano gratuita e individualmente.”  Antes de que pudiera reaccionar, todo volvió a la “realidad”. Esa sensación de estar impregnada de un amor infinito había desaparecido tan bruscamente como había llegado, y allí me encontré yo, completamente confundida, asustada, dudando de mi cordura y a la vez deseando contar al mundo lo increíblemente bello que acababa de experimentar. Sólo sabía que debía de contar al mundo, dando voces si era preciso, cuanto Dios nos ama. Sentí el impulso de salir corriendo, esconderme del gentío, de aquellas nuevas amistades, para que nadie descubriera la confusión en la que estaba sumida. Sentí una terrible vergüenza al comprender que Dios todo lo ve, todo lo observa y todo lo sabe de nosotros. Cuan ingrata había sido mi vida… Jamás le había agradecido nada, ni le había amado.

Sentí un deseo irrefrenable de esconderme de los ojos de Dios. ¡Tantos pecados, tanto egoísmo hacia el prójimo, y tanto desprecio hacia la Iglesia y hacia el sacerdocio! Cuanto arrepentimiento… Quise gritar de dolor, pero gracias a Dios me aguanté las ganas… Tampoco revelé a nadie lo que me acababa de ocurrir. Deseaba ardientemente pensar, sopesar y analizar en mi interior lo vivido y dejar escapar ese dolor a través del amor que acababa de descubrir. A mi alrededor nadie se había percatado de mi experiencia, ya que, como decía, sólo habían transcurrido realmente 3 segundos. Recorrí el corto camino que me separaba del recinto de las conferencias cabizbaja y aturdida, con el corazón bulliendo entre sentimientos confusos, y con el alma cargada a la vez de miedo, vergüenza y felicidad. Por fin pude sentarme en las gradas a escuchar el precioso testimonio de un muchacho que juraba ver a la Santísima Vírgen. El testimonio de Jacov fue estremecedor por su belleza y espiritualidad. Fue entonces cuando permití que fluyeran por fin torrentes de lágrimas de mis ojos. Me percaté de que muchos de los peregrinos que me rodeaban, también lloraban con gran emoción.

Todos mis compañeros pensaron que las palabras de aquel joven vidente me calaban hasta lo más profundo del alma, y aunque así fue, mis lágrimas no se debieron a él. Tardé 6 meses en contar esta experiencia a mi querido sacerdote irlandés y a mi familia más cercana. Sé positivamente que mi conversión se produjo esa mañana de primavera, en el momento en el que el mismo Dios me reveló su amor infinito hacia los hombres, entrando así en mi vida como un huracán de emociones que no me ha abandonado hasta el momento presente. Sé que todo esto fue una realidad ocurrida en Medjugorje, mientras caminaba al lado de los confesionarios fuera de la iglesia. Sé que nunca seré la misma persona. Hay una mujer diferente en mí tras aquel golpe de ternura. Regresé a mi hogar londinense colmada de excitación, y de información sobre el Catolicismo. Desde ese extraordinario momento en mi vida, solo sentía una imperante necesidad de saber más sobre Dios; una insaciable e incomprensible sed de Dios me acompañaba en cada paso. Antes de que me pudiera percatar, una tierna influencia me enamoró de la misa. Y así, esta celebración se convirtió en el milagro más valioso e importante de mi vida.

Valiosa información sobre mi religión comenzó a entrar en mi vida con la fuerza de un huracán. Me esforcé en encontrar el sacerdote adecuado con quien confesarme cada mes, el sacerdote más sabio a quien hacer preguntas y el momento adecuado para rezar en casa con mi maravillosa familia. En casa, nuestro crecimiento en la fe no ha sido siempre un camino fácil. Han hecho falta 5 años y tres peregrinajes a Medjugorje, (uno de ellos fue un retiro con el Padre Jozo), para comprender claramente lo que me había pasado. Como consecuencia de mi conversión mis hijos rezan con nosotros desde el corazón. Ellos son creyentes y somos indudablemente muy felices como una pequeña familia católica unida.

La Virgen vive con nosotros, en nuestra casa. Es nuestra permanente y más regia invitada, y acude a nuestra llamada a través de las oraciones y los ayunos. En nuestro hogar se habla de Dios, y sí, a veces sufrimos por ello. Hoy puedo estar muy feliz, pues sé que el Señor ha borrado mis culpas del pasado a través de la confesión. Pero también sé que hasta el día en el que me vaya al cielo, debo reparar. Las humillaciones y burlas por seguir a Cristo comenzaron a llegar también a mi vida. Hay incluso personas que han dicho que he perdido la cordura. Cuando oigo semejantes críticas, no puedo dejar de sonreír y de pensar: “Si supieran lo que Dios les ama, también ellos perderían la cabeza por seguirle.” Nunca olvidaré el inmenso regalo de amor que recibí en Medjugorje. Solo le pido al Señor estar a la altura para ser un obrero para Él, con Él y en Él.

María Vallejo-Najera www.mariavallejonagera.com


Breve biografía de la autora del texto
Maria Vallejo-Nágera, (Madrid 1.964), es la tercera hija del prestigioso psiquiatra y escritor Don Juan Antonio Vallejo-Nágera. Licenciada en Pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su ascendente trayectoria en el mundo de las letras tras ser publicada su primera novela, (“El patio de los silencios”, Editorial Styria), que quedó quinta entre las cuatrocientas novelas presentadas en el año 1999 al Premio Planeta. A continuación, publicó su segunda novela, (“El castigo de los ángeles”, Editorial Planeta,  2.001), basada en los hechos reales experimentados por la protagonista durante un viaje a la desolada Bosnia en los más cruentos momentos de la guerra, obteniendo el halago de la prensa y del público lector y reimprimiéndose en varias ediciones.

Fue sin embargo su tercera novela, (“Un mensajero en la noche”, 2003, Editorial Belaqva), la que la ha encumbrado como las escritoras más leídas y elogiadas del mundo literario en España. Reeditada hasta el momento hasta 19 veces y publicándose también en Francia y Portugal, María Vallejo-Nágera trabaja actualmente en un proyecto cinematográfico sobre esta fascinante historia basada en hechos reales. En el año 2004 publicó su cuarta novela, (“Luna negra”, 2004, Editorial Belaqva), que ha alcanzado enorme éxito entre los medios de comunicación. Basada al igual que las tres anteriores en hechos reales, la autora se mete en ella de lleno en la espantosa realidad del éxodo africano hacia las costas de España.

Su quinta novela es su primera histórica, “La Nodriza” (Ediciones B, 2006), basada en la vida de la reina Maria Antonieta, y que la ha encumbrado como una de las novelistas históricas más leídas de nuestro país.

En “Entre el cielo y la tierra, historias curiosas sobre el Purgatorio”, (Editorial Planeta, 2007), es su sexto y hasta ahora último trabajo. En él, la escritora madrileña nos presenta su primer ensayo, esta vez adentrándose en el interesante y desconocido mundo de lo que la Iglesia Católica llama “purgatorio”. En esta curiosa obra, también relata los avatares vividos por personajes de relevancia social en España que han tenido experiencias con los fantasmas, o “almas del purgatorio”.

Actualmente reside en Madrid, está casada y es madre de tres hijos.

UN ANGEL ME ABRAZO

Reseña de una peregrinación a Medjugorje

Gladys, mi esposa, quien fuera ya peregrina por segunda vez, insistía en que en un momento dado, la Virgen me llamaría y que yo, milagrosamente me encontraría un amanecer allí. El llamado vino y lo percibí con una intensidad poco común. Volar a Italia, luego a Split (Croacia) desde allí a Medjugorje por camino de montaña, fronteras aun en conflicto que fuimos salvando una a una, hasta llegar a la tan esperada Medjugorje, pero mí relato ya tiene mucho que ver, desde el mismo momento en que subimos al micro que nos trasladaría a destino.-

Luego de unos cuantos minutos de comenzar la ascensión a los cerros que debíamos atravesar, una voz ampliada, microfónica, la que supuestamente seria la de nuestro guía. Leo, un chileno de unos 52 años, altura imponente, quien hace mas o menos 30 años decidió con su familia trasladarse a Croacia y hoy domina el idioma y dialectos a la perfección, comenzó un relato histórico-religioso que nos ambientaría a cada uno de nosotros respecto a todo lo que íbamos a vivir.-

Su relato, su respeto y devoción por la Santa Madre y su Hijo, su cambiante tono de voz cuya modulación se imponía frente a mas de 20 personas que en profundo silencio vibraban ante tan conmovedora revelaciones, producto de su gran fe, que me hizo sentir la presencia de alguien muy superior a la de un simple guía y me dije , este hombre es un elegido, nos ha colocado en una posición espiritual que nos permitiría asimilar lo sagrado del lugar a donde nos dirigíamos y lo que íbamos a encontrar. Yo, para mis adentros tenia la plena convicción de que quien nos hablaba era “Un Ángel”.-

Llegamos a destino, la ciudad de Medjugorje, ya entrada la noche y sin más, nos dirigimos directamente a la pensión donde nos hospedaríamos los días subsiguientes, La Pensión Sulic. Fuimos recibidos por sus propietarios, una hermosa y trabajadora familia croata, con un afecto inconmensurable y con la mesa ya preparada para la primera cena.-

Magnifica la comida, totalmente casera moderadamente condimentada, abundante y adornada con ingredientes típicos de la zona, etc. A mi lado, pues nos sentamos sin elegir compañeros en una auténtica manifestación de confraternidad. Lo hizo una simpática monja, la hermana Inés, quien en un momento propicio nos hablaba con palabras elegidas llenas de paz, de fe, amor a la Virgen y respeto profundo a Dios, con una voz trémula pero firme y llena de una dulzura que no nos dejaba distraernos y esperábamos mas y mas. Y nuevamente sentí la misma sensación que cuando hablaba Leo, esta cálida mujer vestida de monja no cabe ninguna duda, es también un Ángel.-

Ya con lo sucedido, yo me encontraba desconcertado, había vivido en menos de 24 horas dos casos atípicos que me habían ubicado en el lugar en que realmente me encontraba.-

A la mañana siguiente luego de haber descansado placidamente después de un agotador viaje; Roma a Split y de Split casi 4 horas en ómnibus hasta Medjugorje serpenteando por la montaña y permanentemente subiéndola, nos presentaron el programa para este nuestro primer día. Misa y comunión y luego una entrevista con una monja peruana, Sor Vicky dedicada a la adoración a la Virgen, con conceptos claros de cómo ejercer el amor a Dios y a la Virgen.- Terminada su suave conferencia llena de espiritualidad y enseñanzas, llegaron los saludos, uno de los cuales y más afectuosos se los dedicó a Gladys: la recordaba con todo amor, quien a su vez me presentó como su marido, y ella, me estrechó sobre su pecho apretando mi mano y dándome un beso que sacudió todo mi ser aflojándome al punto de sentir que mis rodillas temblaban, mi piel se sensibilizaba al máximo y con todas esa sensaciones dije con un orgullo imposible de describir........ Un Ángel me abrazó.

Ya en este punto mi viaje estaba plenamente justificado, mi espíritu lleno de eso que solo se obtiene cuando la fe se reafirma y donde se dejan de lado los intereses personales y se acepta la voluntad de Dios por sobre todas las cosas. Comenzaron los días propiamente de peregrinación. Primera acción del día, ir a Misa, la que se realizaba en una capilla secundaria, hermosa y cálida al punto tal que participábamos de ella como si la rezáramos nosotros mismos. El sacerdote, el padre Juan Carlos, parte de nuestra peregrinación, un elegido como los otros que anteriormente describiera, con su guitarra a cuesta, la tenía a su lado mientras rezaba la santa misa y cantaba acompañándose él mismo, selecciones que te obligaban a cantar y participar y que el entonaba con una voz y una modulación, también angelical. Me pregunté: ¿Será este lugar el que Dios nuestro Señor eligió para establecer su Comando Superior, y todos estos personajes que voy relatando (y que hay mas) sus oficiales superiores preparándose para contrarrestar la maldita embestida que se ha desatado contra la Iglesia y nuestra religión en el mundo entero? Solo se que de ser así, sus oficiales funcionan pero sus soldados, nosotros, cada vez somos más y lo demuestra el hecho de que en cualquier lugar que uno entra, ya sea comercio, templo etc. Siempre hay alguien rezando el Santo Rosario.- A la tardecita, cuando el sol gira alocadamente y la hora 18.40 marca el momento en que la Virgen prefiere para hacer sus apariciones, se inunda el lugar de un suave y persistente aroma a rosas para unos, y de incienso para otros, como es mi caso. Un silencio diferente invade el lugar, todo el mundo detiene su actividad en homenaje a la Gospa, como se la llama a la Virgen y en seguida comienza la Adoración, donde en la iglesia principal se exhibe el Santísimo Sacramento y decenas de peregrinos hacen su confesión en las afueras de la iglesia con confesores en diferentes idiomas y siguen el ritual con devoción poco habituales, sintiéndose solamente la voz del sacerdote que en croata dirige las oraciones. Esto eriza la piel y obliga a uno a sumergirse en ese mar de oraciones, agradecimientos, arrepentimientos y promesas... conmovedor a tal punto que uno se fusiona y renuncia a bienes materiales, y frente a tanta espiritualidad valora las cosas de manera muy diferente.-

Unos ciento cincuenta metros atrás de la iglesia en una placita rodeada de plantas y flores con alguna cruz entrelazada entre la vegetación indicando el lugar donde descansa el alma de algunos o algunas de las protagonistas del nacimiento de ese rincón privilegiado, se alza una escultura maravillosa, la del Cristo Resucitado, de cuya pierna brota incesantemente gotitas de un liquido viscoso que los científicos no han podido determinar su origen. Radiografías, movimientos del lugar, pruebas científicas exigidas por los más descreídos y se espera que de un momento a otro sea declarada como efecto milagroso.-

Mientras cada uno se sumerge en lo más profundo de su conciencia, ya entrada la noche a pleno, inusitadamente se comienza a oír el trino de diversos tipos de pájaros, que cual amanecer, lo hacen durante todo el tiempo que duran las oraciones y alabanzas conjuntamente con los cánticos que configuran la ceremonia. Las adyacencias a la Iglesia cubiertas por millares de peregrinos arrodillados y orando sienten la compañía de las pequeñas aves trinando en alegre ofrecimiento.- La noche ya muestra la señal del descanso y poco a poco los peregrinos se van retirando lentamente, tratando de aprovechar hasta el último segundo, la paz atesorada, el bienestar de las bendiciones y la alegría inconmensurable de haber sentido la presencia de Dios y la Virgen una vez más.-

La peregrinación ofrece diferentes matices, siempre dentro de un marco de espiritualidad, como la visita al cerro de la Cruz Azul, el Oasis de Paz o el Cenáculo, todos lugares donde la oración, el amor a Dios y a la Virgen son los protagonistas, la visita a Siroki Brijeg, hogar del Padre Jozo y Tihalina, donde se encuentra la muy conocida imagen de Nuestra Señora. La conferencia dada por el Padre Jozo fue imperdible. El Padre Jozo, es un hombre, santo sin lugar a dudas, que tiene una historia durante la guerra con los serbios que es muy larga de contar pero llena de anécdotas muy tristes por cierto, una de las cuales y quizás la principal, la de haber visto quemar vivos a sus compañeros prisioneros durante la guerra.- Al terminar la charla con el Padre Jozo, nos reunió a todos y a cada uno fue haciéndole imposición de manos, cuando llegó a mi y puso sus manos sobre mi cabeza y hombro, sentí un gran estremecimiento hasta el punto de acongojarme y derramar algunas lágrimas, estado que él apaciguó, palmeándome la espalda. Solamente quien tuvo el privilegio de vivirlo, puede contar la experiencia fantástica, espiritual y conmovedora de ese santo ritual.-

El ascenso al monte Krizevac es otra de las posibilidades que tienen los peregrinos. Muy alto y con algunas dificultades, yo confieso que no me he animado por las advertencias que nos hacen antes del intento, pero es admirable como algunos con sus niños de 4 o 5 años, lo hacen sin inconvenientes como ofrecimiento y agradecimiento a la Virgen, nada es competencia y todo es solidaridad. Una monja bajaba con cierta dificultad y de repente apareció un peregrino con una estatura superlativa y físico privilegiado, la tomo de los brazos que pasó por su cintura y comenzaron a bajar cual canguro con su cría y en un abrir y cerrar de ojos estaba cumplida la misión. Ah, del peregrino con físico privilegiado nunca más se supo nada... ¿también ahí?

Algo que no puedo omitir en mi relato y que fue impactante, es la visita programada a la casa de un personaje, irlandés él, poseedor de una importante fortuna, quien construyera en la parte baja de su residencia, un pesebre con especiales características, lugar donde reúne a los peregrinos que lo visitan. Sentado en pequeños y bajitos banquitos, comienza la charla, la cual brota de su boca con un sonido profundo, pausado y habla sobre la Virgen, el lugar, donde la Virgen eligió y las múltiples experiencias vividas, sus cualidades espirituales como la de la sanación y sobretodo la predicación.

Pasaron muchas otras experiencias notables y a este punto ya todo era de un color diferente, se vibraba permanentemente pero en forma natural, una de ellas fue la "imposición de la vela" que me efectuara un sacerdote africano quien hacia este ritual y lo ofrecía amablemente a quien se lo solicitara. Yo se lo pedí y él solemnemente puso sus velas con forma de tridente como abrazando mi cuerpo y al finalizar puso su mano sobre mi costado izquierdo, precisamente sobre el "bazo" donde estaba radicada mi dolencia, y me susurró en un bastante claro español: "todo está bien" y siguió con su misión a las puertas de la catedral de Dubrovnick

Llegó la fecha del regreso, la que se hizo muy dura, pues abandonar un sitio como Medugorje lugar donde mucha gente que como yo, vivió una conversión la que no puedo calificar, como tampoco puedo explicar e hice, después de 50 años, una plena confesión, y menos manifestar  cuales fueron los mecanismos que movieron toda mi estructura humana y que me hicieran vivir esa espiritualidad, ya instalada definitivamente en mi corazón y en toda mi alma.-

Ya retornados y sumergidos en la rutina diaria, la cual estaba matizada con esa infinidad de circunstancias verdaderamente maravillosas vividas en el viejo continente y que nos marcaron para siempre, continuamos nuestras vidas imponiéndonos la misión de difundirlas siguiendo al pie de la letra los deseos de nuestra madre,  La Virgen María.-

Testimonio Final:  A pocos días de llegar y de acuerdo a lo convenido con mi hematólogo, que dicho sea de paso, quería efectuarme una “esplenéctomía” (extirpación del Bazo pues se encontraba de tamaño excesivo, antes de que viajara), concurrí  para un examen y evaluación general. Él, experto “palpador” cuyo tacto determinara con precisión el tamaño del órgano afectado en oportunidades anteriores, encontró dificultad para el diagnóstico y me programó una TAC (Tomografía Axial Computada) y análisis con distintas determinaciones expresando; “aquí algo pasó”. A los pocos días volví a la consulta con todos los resultados y el médico dijo: Aquí no hay nada, bueno Miguel, vuelva dentro de dos meses para hacer un chequeo y siga su vida normal sin disimular su asombro.- Yo agradecí en ese instante la Gracia recibida. En ningún momento fuí a Medjugorje pidiendo mi sanación pero si resignación, y sobretodo que mi familia no sufriera mi decadencia física y moral.-

Todos sabemos que en la vida hay indefectiblemente un final y aparentemente el mío se aplazó, pero me dió una oportunidad de una vida espiritual mejor, de corregir actitudes que no estaban de acuerdo con lo que quiere el Señor, de entender que hay almas en el purgatorio y que desde aquí podemos ayudarlas con nuestras oraciones a pasar a un plano superior y sobretodo orar, orar y orar que es lo que la Virgen pide y que en cada oración hablemos con el señor pidiéndole que nos perdone en ocasiones y en otras recibiendo sus bendiciones por llevar una vida acorde con lo que mandan los Sagrados Mandamientos y Preceptos de la Santa Iglesia.

Miguel Angel Tarruella
arrimat@fibertel.com.ar





Visita a la Argentina del Padre Jozo



CARTA DE PASCUA PARA LOS HERMANOS QUE ORAN

"Querida y atesorada familia orante,
 
La pascua está delante nuestro, la fiesta de la paz. Para que el mundo, La Iglesia y cada familia encuentren paz y posean La Paz, deben estar aquellos que oran y velan con María, como  lo hicieron los discípulos, en la antesala de la Última Cena. Nuestra Familia es una respuesta a Su llamado: " Formen grupos de oración".
 
El objetivo y el sentido de nuestra gran familia, es esforzarse por la conversión, e inspirar una decisión por la santidad, en respuesta al llamado de Nuestra Señora del 25 de Noviembre de 1988: "Queridos Hijos, decídanse por la santidad. Dejen que su conversión y la decisión por la santidad, comience hoy, y no mañana……".
 
Nuestro movimiento de oración nació en el corazón de Nuestra Señora, dentro del plan para la conversión del mundo. Nuestro llamado es para estar con los otros, para sentir con los otros y sacrificarnos por los otros.
En cualquier caso en que yo introduzco a nuestra familia que está desparramada en tantos países alrededor del mundo, todos sienten la grandeza y la fuerza de nuestro llamado. Estamos unidos como una red que el Señor, como Divino Pescador de las almas, sostiene en sus manos.
 
Esa unidad y apertura a la voluntad de Dios - ese testimonio del amor de Dios-  es la fuerza de nuestra comunidad. Cada orador que se une, como  leal vidente, es llamado a dar fruto, testimoniando el Amor de Dios. Es el fruto que habla del árbol, como el Señor nos dice:" si el fruto es bueno, el árbol es bueno".
 
Miremos más profundamente en los mensajes en que "La Reina de la Paz", intensifica nuestro compromiso "que la oración se transforme en un gozo para ustedes. Renueven la oración en sus familias, y formen grupos de oración. De este modo, experimentaran alegría y unidad. Todos aquellos que oran y son miembros de grupos de oración, están abiertos en sus corazones, a la voluntad de Dios, y con alegría testimoniarán el amor de Dios." (25 de septiembre de 2000)
 
Hay muchos entre nosotros que no han llegado a conocer el amor de Dios, y es por eso que necesitamos orar. La oración es la fuerza que lleva  al hombre hacia Dios. La oración es ese magnetismo espiritual, que irresistiblemente arrastra a la gente, y los libera de todo tipo de mal y errores de nuestro tiempo.
 
Una vieja anécdota dice: "Las palabras inspiran, los ejemplos atraen". Esto se aplica a cada uno de nosotros y a nuestras misiones. Nuestro ejemplo es nuestra mejor recomendación. El llamado a la santidad, es nuestro llamado, y necesitamos responder a él diariamente. Es de este modo que Nuestra Señora, nos educa y nos dirige a la realización del llamado fundamental de la santidad. Es imposible alcanzar la santidad, sin los mensajes de  Nuestra  Señora, llamado: "Su Programa".
 
En el mensaje del 25 de febrero de 2004, Ella  nos implora que abramos nuestros corazones a Sus mensajes, como hasta ahora nunca lo habíamos hecho, y que los recibamos como una nueva semilla en nuestras vidas. El fruto de esa semilla es visible. Es el llevar a otros a Dios.
 
Esta es la misión de la Iglesia. El amor hacia Dios, y a nuestro prójimo,  nos transforma en aquellos que poderosamente llevan a otros a Dios. En ello está el secreto de todo  llamado y apostolado.
 
Hoy, somos testigos de tantos individuos y familias que están quebrados y desconformes, como el apóstol Tomás, ellos no pueden creer. Ellos no saben como rezar.  No pueden perdonar. No se pueden confesar o retornar al Padre. Solo el Jesús resucitado, a través de sus testigos, puede liberar, convertir, cambiar y llenar esos corazones que están sin esperanza, y llenarlos con paz y nuevo entusiasmo. Que importante es la vocación de ser los instrumentos en las manos de Dios. Que importante, es hoy, ser una señal en el camino, para todos aquellos que están buscando - como las vírgenes previsoras, tener la luz y eliminar la oscuridad del corazón, tener la lámpara y el aceite y encenderlas en la vida del prójimo.
Este es siempre el trabajo de Dios.
 
Mis queridos, que la experiencia de la Pascua, los sobrecoja, y una nueva esperanza los colme. Para cada miembro de nuestra familia de oración, que la Santa Misa se transforme en la experiencia de los dos discípulos camino de Meaux, en este tiempo santo. Lo reconocemos a Él, en la misa. Lo reconocemos cuando parte el Pan de Vida, para nosotros. Este reconocimiento se ha transformado en nuestra inspiración fundamental; para caminar el mismo viaje, y para testimoniar a todos lo que ha pasado. Nuestra vida y nuestro apostolado en nuestras familias, en nuestras Parroquias, en nuestras Iglesias, es la fuerza que recibimos de la EUCARISTÍA. La Eucaristía es nuestro corazón. Es nuestro rayo de sol que ilumina nuestro camino. Es la fuerza que nos da coraje para estar en nuestros encuentros sin miedo, y dejarlos a los demás como nuevos individuos, como testigos. Este será el tema de reflexión en la reunión anual de este año, bajo la luz de los mensajes de Nuestra Señora.

 
Oren para que esta reunión anual, sea una reunión fructífera y de gozo en el Señor, para todos nosotros. Que la alegría y la paz de la Pascua, llene sus corazones, y que fluya abundantemente de sus corazones a todas las almas que encuentren. Que el Señor Resucitado les dé paz y perseverancia. Que Él ilumine sus corazones, para que puedan reconocer el apremiante llamado que Él nos hace.
 
Con total gratitud a Dios por ustedes, me arrodillo y oro por cada uno de ustedes. ¡Una Bendita y Feliz Pascua para todos ustedes, con todo mi corazón!
 
Muy sinceramente, su hermano en Cristo, Fr. Jozo Zovko, O.F.M





Padre Slavko Barbaric


Hermanos de Medjugorje:

Este año se cumplen 5 años de la desaparición física de Fr. Slavko Barbaric
Una buena foto para recordarlo sonriente y tenerlo presente en el corazón junto al mensaje que nuestra Santísima Madre nos diera aquel 25 de noviembre de 2000:

Queridos hijos! ”Hoy, cuando el cielo está de manera especial cerca de ustedes, los invito a la oración, para que a través de la oración pongan a Dios en el primer lugar. Hijitos, hoy estoy cerca de ustedes y bendigo a cada uno con mi bendición maternal, para que tengan fuerza y amor para todas las personas que encuentren en su vida terrena y para que puedan dar el amor de Dios. Me recocijo con ustedes y deseo decirles que vuestro hermano Slavko ha nacido al Cielo y que intercede por ustedes. “¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”



LETANÍAS DE FR. SLAVKO

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, escúchanos.
Cristo misericordioso, escúchanos.
Dios, Padre del Cielo, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad,ten piedad de nosotros.
Santísima Virgen María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Fr. Slavko, intercede por nosotros.
Hijo amado de nuestra Madre María, intercede por nosotros.
Hijo fiel de nuestro hermano Francisco, intercede por nosotros.
Apóstol consagrado a nuestra Señora Reina de la Paz, intercede por nosotros.
Santo administrador de los misterios sagrados de Dios, intercede por nosotros.
Abogado celoso de la paz entre Dios y los hombres, intercede por nosotros.
Abogado infatigable de paz de toda la humanidad, intercede por nosotros.
Abogado enérgico de la paz entre las naciones, intercede por nosotros.
Maestro ejemplar de la oración con el corazón, intercede por nosotros.
Facilitador y oficiante de las Santas Liturgias, intercede por nosotros.
Discípulo entendedor de los mensajes de la Gospa, intercede por nosotros.
Delicado terapeuta para aquellos que sufren, intercede por nosotros.
Proveedor generoso de huérfanos y necesitados, intercede por nosotros.
Cuidador santo del Santuario de la Gospa, Intercede por nosotros.
Oremos,


Fr. Slavko – La Gospa te ha llamado a su santo santuario en la Parroquia de Santiago Apóstol para que puedas ayudar a entender y difundir con ternura sus mensajes de paz al mundo, pastor de peregrinos de cada nación.

Gracias a tu santa vida y obras, consagradas a la Reina de la Paz, ni siquiera percibiste el paso de esta vida a la otra, precisamente como Nuestra Santísima Madre lo había prometido.

Dado que Ella nos asegura tu constante intercesión por nosotros, íntimamente te pido continúes guiándome en mi peregrinar durante esta vida, y encomienda los deseos de mi corazón al Corazón Inmaculado de mi Madre y al Sagrado Corazón de su Hijo, Jesús.
Y te pido esto en el nombre de Jesucristo que vive y reina con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo.

Amén.

KRIZEVAC - EL MONTE DE LA CRUZ

El 24 de noviembre de 2001, en el primer aniversario de la muerte de Fr. Slavko Barbaric, y en el lugar en que entregó su alma en las manos del Señor, fue levantado un monumento: un relieve en bronce de Fr. Slavko Barbaric empotrado en piedra. Entre dos estaciones del Vía Crucis, quedará como símbolo y recuerdo de un hombre que decía lo que pensaba y hacía lo que decía, siguiendo el Evangelio y los mensajes de la Reina de la Paz.

Padre Slavko Barbaric
Fra Slavko Barbaric

DIMENSIONES ANTROPOLOGICO-BIBLICAS Y RELIGIOSO-ESPIRITUALES DE LAS PEREGRINACIONES
CON APLICACION CONCRETA A MEDJUGORJE

I. EL HOMBRE EN BUSCA DE DIOS


Las peregrinaciones son conocidas en todas las religiones. Ellas son expresión del hombre que busca a Dios en los lugares en que Dios se ha manifestado de manera particular, donde ha dado a las personas la posibilidad de sentir más fácilmente Su presencia o a través de personas especialmente dotadas, los cuales, gracias a sus dones, llegaron a ser signos especiales de la presencia de Dios. Por tanto, existen lugares de peregrinación que atraen a la gente, que los visita buscando nuevas experiencias de Dios, especialmente la experiencia de la paz, del gozo, del amor y de la esperanza. Con cada peregrinación, el hombre sale de su vida cotidiana, dejando el trabajo, la familia, a los amigos, la seguridad y emprende el camino empujado por un anhelo propio de encontrar nuevamente a Dios.

Aunque el fundamento de toda peregrinación es el anhelo de Dios, el salir de la vida cotidiana y abrirse a lo divino, motivo primario de toda peregrinación, también existen seguramente motivos secundarios que acompañan a las peregrinaciones de hoy - conocer el mundo y sus parajes, los pueblos y sus costumbres. Si sucediera que todo quedara únicamente en esto, entonces, sería turismo. Una gran aporte al motivo primario y a todos los posibles motivos secundarios lo representa la curiosidad humana, que, en un primer momento, puede superar todos los demás motivos. Existen lugares de peregrinación que surgieron por causa de una intervención divina directa en la vida de un hombre o de varios (así principalmente han surgido los lugares de peregrinación marianos vinculados con las apariciones) o han surgido lentamente con el pasar del tiempo, frecuentemente después de la muerte de algún elegido especialmente por Dios o bien, por medio de intervenciones carismáticas de algunas personas de la Iglesia. Independientemente del hecho de cómo han surgido los lugares de peregrinación, en todos, el hombre-peregrino siempre busca lo mismo. Debido a que frecuentemente el peregrino acude a estos lugares por motivos diversos, es deber de las personas que organizan el trabajo en los lugares de peregrinación, ayudar a cada peregrino a llegar a ser conscientes de la verdadera motivación de la peregrinación: un encuentro con Dios, el cual está esperando al hombre. A fin de dar forma a una peregrinación, hay que utilizar todos los medios a disposición, para que entonces suceda lo que debe suceder: el encuentro entre Dios, que está esperando, y el hombre que lo busca. Por tanto, es necesario tener claro quén es el hombre y qué es lo que desea, y lo que Dios ofrece como respuesta. Una particular disposición de ánimo peregrinante nos permite decir que el hombre es por sí mismo PREGUNTA Y BUSQUEDA DE UNA RESPUESTA, MIENTRAS QUE DIOS ES LA RESPUESTA Y ESPERA AL QUE BUSCA.


II. EL HOMBRE BUSCA LA PAZ

El hombre es un ser físico y compuesto de alma y espíritu. Está dotado de razón, de libre voluntad y de un espectro amplio de experiencias espirituales. El hombre lleva en sí mismo un profundo anhelo de realización. Esta autorealización es buscada por el hombre de manera permanente y lo que él busca se puede expresar con estas palabras: El hombre es un ser que tiende hacia la paz. Por tanto y sin lugar a duda, se puede decir que la casa del hombre es el lugar donde encuentra "su paz". La búsqueda de la paz es el motivo principal de toda accion humana y de toda la vida. La experiencia nos dice que el está dispuesto a hacer todo lo bueno - incluso el sacrificio de la propia vida - cuando en su camino siente la "paz". Pero, de la misma manera, si el hombre no encuentra la paz haciendo el bien y abriéndode a valores humanos positivos, comienza a buscar la paz en el mundo de lo negativo y de lo destructivo. Así el hombre puede destruirse a sí mismo, destruir a los demás y todo lo que lo rodea, con tal de conseguir la paz. Si observamos el crecimiento y el desarrollo del hombre a partir de su fecundación, entonces descubrimos que le es necesaria la paz a fin de poder crecer y desarrollarse. Si la madre está en paz, entonces el niño que lleva en sus entrañas gozará de la paz y se desarrollará "en gozo". Si la paz de la madre se ve afectada por alguna razón mientras lleva a su hijo en sus entrañas, el niño nacerá con profundas consecuencias y perturbaciones de las cuales no se podrá liberar durante toda su vida. El niño, cuando nace, para que pueda continuar su vida en el mundo de manera pacífica, necesita ser aceptado y amado. La experiencia también muestra que muchos niños experimentan serias perturbaciones por causa de los celos, cuando se dan cuenta que la familia está esperando la llegada de un nuevo hijo. Sólo la experiencia que demuestre que con este nuevo niño no se verá amenazado sino enriquecido, y que será en adelante amado y aceptado, permitirá que la paz vuelva a este niño. Durante el crecimiento y el desarrollo nada se cambia, sólo que el hombre, de una manera diversa, manifestará su perturbación y buscará de otra forma la paz - de un modo positivo o negativo. Aquí se nos pone una pregunta fundamental: Es el hombre un desterrado que una vez, hace mucho tiempo, perdió su "casa de la paz" y procura por todos los medios encontrarla o en su corazón ha sido imprimido un anhelo de paz que supera todas las promesas ofrecidas por el mundo en que vive? No es tarea nuestra aquí analizar todas las premisas antropológico-psicológicas y las respuestas, ya que hay algo común para todos: el hombre concreto, dotado de razón, de libre voluntad y de alma, desea vivir en paz y el mundo que experimenta en sí mismo, no le asegura totalmente tal paz, por lo que la busca incansablemente y no puede desechar el deseo de realizarla. Para poder experimentar la paz y permanecer en "su casa de la paz", deben ser satisfechos todos los niveles humanos, es decir, la razón, el libre albedrío, el espíritu y el alma.

En eso el hombre se diferencia esencialmente del mundo animal. Los animales no se superan a sí mismos en búsqueda de la paz. Les basta haber calmado el hambre y la sed, haber satisfecho sus necesidades instintivas y quedan en paz. Y las bestias más feroces pierden su agresividad cuando satisfacen sus instintos. No podemos olvidar que existen corrientes de pensamiento en la antropología, psicología y sociología que procuran convencer al hombre que para la paz se necesita algo más de lo que necesitan los animales, pero ese algo más no supera en ningún caso los horizontes de este mundo. Nuevamente la experiencia nos confirma que, a medida que el hombre se siente cada vez más satisfecho a nivel físico-instintivo, en la misma medida se pone más intranquilo, agresivo y, por tanto, más peligroso para sí mismo y para su ambiente, si su ser no ha sido permeado por realidades espirituales.


III. LA IMAGEN BIBLICA DEL HOMBRE - UN DESTERRADO SIN PAZ

La imagen bíblica del hombre es transcendental. El hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gén. 1,27). Dios le ha dado la posibilidad de colaborar con El y en unidad con Dios, la de realizar su paz y felicidad en esta tierra. El hombre había sido colocado en el paraíso terrenal en el cual gozaba de la paz en amistad con Dios. Sin embargo, sucedió algo que la narración bíblica define como el pecado original. El hombre se equivocó puesto que quiso apoderarse de algo que le había sido prohibido y con eso, destruyó la unidad con Dios y la recíproca unidad. El no soporta más la presencia de Dios, ya que los pasos de Dios, es decir, la presencia de Dios lo ha asustado y él se ha escondido. Las consecuencias que recaen sobre el hombre son pesadas. El no reconoce su culpa sino que la atribuye a otro, el hombre - Adán - a su mujer - Eva, y Eva, por su parte, la atribuye a la serpiente-satanás, que la ha engañado.
Seguidamente, el hombre pierde su paz, su existencia se ve amenazada, ya que todo se ha puesto en contra de él y debe abandonar el paraíso terrestre, debe salir de su "casa de paz" y ser un desterrado, expuesto a dificultades y problemas, a un trabajo agotador, debe comer un pan amargo trabajando con el sudor de su frente (cfr. Gén. 3,17-19). Según la narración bíblica, por consiguiente, el hombre antes había gozado de la paz, pero la perdió y fue expulsado del paraíso, y llegó a ser un desterrado. El destierro se transforma en una peregrinación, ya que Dios no abandonó al hombre sino que le dio una esperanza, le anunció a la mujer con el niño que vencerá el mal y hará regresar al hombre a su paraíso perdido, a un nueva "casa de la paz". Toda la historia bíblica muestra a un hombre que erra y busca a Dios, a un Dios que se manifiesta y va al encuentro del hombre y le ofrece la paz.

Según la narración bíblica, el hombre se halla cruficado entre el recuerdo de la vida en el paraíso y las necesidades interiores de una entrada definitiva al ámbito de la paz, la cual ya le ha sido prometida aquí en la tierra, pero que se consolida definitivamente en el eterno Reino de Dios, reino de paz, justicia y verdad. Los profetas continuamente han anhelado la paz, han orado y cantado por la paz que el Señor en Su amor dará a Su pueblo. Todas las expectativas de los profetas se tenían que realizar en el Mesías que habría de venir y de crear condiciones nuevas para la realización de una paz definitiva, mesiánica.

En la tradicion bíblica se mencionan diversos lugares de peregrinación, lugares a los cuales el pueblo acude para buscar a su Dios. Se mencionan reuniones religiosas de peregrinos. Uno de ellos es Sekem, lugar en que el pueblo se reunió en el santuario con el Señor y en el que pactó una alianza con Yavé (cfr. Jos 24,25). Además de Sekem como lugar de reunión se mencionan Betel (1 Sam 10,3), Bersebá (Am 5,5), y Ofra y Sorá (Jue 6,24 y 13,19 y sig.).

Posteriormente se suprimieron todos los santuarios y se introduce la Pascua (2 Re 23; 2 Cro 35) y la fiesta de las Siete Semanas y la de los Tabernáculos (cfr. Dt 16,1-17) que se celebran en Jerusalén. El sentido de estas reuniones en un lugar tienen dos objetivos: reunir al pueblo ante su Dios y protegerlo de la idolatría y del paganismo. Por último, el único lugar de peregrinación que queda es el templo de Jerusalén. Alrededor del templo se renían multitudes provenientes de Palestina y de la migración con una misma finalidad: que el pueblo se mantenga en la fe verdadera y no se desvíe de su Dios. Aquellos fueron días de oración y adoración hacia el Dios verdadero, días de expresión de devoción a la ciudad santa y, por último, la realización de una profunda alianza del pueblo de Dios. La peregrinación no se realiza únicamente como una visita concreta a un lugar santo, en que Dios se ha manifestado, sino que se explica como un evento escatológico. Se habla del "día de la salvación" que ha sido ideado como una reunión de peregrinos de todos los pueblos y de los paganos. En Isaías, el Señor dice: "Ahora vengo a reunir a todos los pueblos de todos los idiomas. Y cuando habrán venido, serán testigos de mi gloria. Yo haré un prodigio en medio de ellos y, luego, mandaré los sobrevivientes hacia todas las naciones y las islas más lejanas ... Y, de todos los pueblos, traerán a todos tus hermanos dispersos como una ofrenda a Yavé, a caballo, en carro, en carretas, a lomo de mula o de camello. Me los traerán a mi cerro santo en Jerusalén ... (Is 66,18-20). Y el profeta Miqueas escribe: "..., el día en que vendrán a ti desde Asiria hasta Egipto, desde Tiro hasta el Eufrates, de uno a otro mar, de una a otra cordillera." (Mi 7,12).

Es suficiente aquí recordar los salmos peregrinos del 120 al 134 para sentir todo el significado del peregrinaje en el pueblo israelita:

"Me puse alegre cuando me dijeron:
Iremos a la casa del Señor.
Ahora nuestros pasos se detienen,
Jerusalén, delante de tus puertas.
Jerusalén ha sido edificada
como ciudad que forma un buen conjunto;
allá suben las tribus,
las tribus del Señor. A alabar, com es ley en Israel,
el Nombre del Señor.
Pues allí es donde están
la justicia y la casa de David.
Para Jerusalén pidan la paz:
que disfruten de paz tus moradores! Que la tranquilidad reine en tus muros
y dentro de tus fuertes! Por el amor que tengo a mis hermanos
y a mis amigoa, déjenme decir:
Que vivas siempre en paz.

Por la casa del Señor que es nuestro Dios, te deseo pura felicidad.
(Sal 122,1-9)

  • Según la revelación bíblica, se ve claramente que el hombre ha sido llamado para hacer todo lo posible de su parte para aceptar lo que Dios, en Su amor, ha preparado para él. Es por eso que el hombre ha sido llamado a la conversión, el cual es un camino hacia la paz en que él va dejando todo lo que le impide experimentar y vivir la paz. Para que la conversión tenga éxito, lo cual significa dejar el mundo y sus promesas, y abrirse a Dios, que es paz, el individuo, la familia y, de tiempo en tiempo, todo un pueblo, debía no sólo orar sino también ayunar, creer y amar, reconciliarse y perdonar, a fin de superar todas las dificultades para finalmente conseguir la paz prometida por Dios. Todo esto sucede de una manera especial en la peregrinación.

    El Santo Padre Juan Pablo II. escribe sobre la peregrinación en el documento "Peregrinación en el gran jubileo del 2000" y sobre la peregrinación de Israel en el núm. 8: "Al pueblo de Dios, víctima del desaliento y oprimido por la ausencia de fe, los profetas le anuncian también una peregrinación mesiánica de redención, que está abierta a un horizonte escatológico en que todos los pueblos de la tierra se reunirán en Sión, sitio de la Palabra de Dios, lugar de paz y esperanza. Al experimentar de nuevo la experiencia del éxodo, el pueblo de Dios debe permitir que el Espíritu le remueva el corazón de piedra y le conceda un corazón de carne, en el camino de la existencia debe expresar justicia y una celosa fidelidad, y llegar a ser luz para todos los pueblos hasta el día en que el Señor Dios ofrecerá en el monte santo un banquete para todos los pueblos."


    IV. JESUS PEREGRINO

    Durante el curso de la historia, en la plenitud de los tiempos, Dios mismo, a través de Su Hijo, Jesucristo, se hace hombre y sale al encuentro del hombre y desea restituirle la "casa de la paz". Por esto, se puede afirmar que Jesús es también peregrino, pero con una connotación diferente. El, en Su peregrinación por la tierra, no buscó a Dios sino al hombre y le ofreció un camino simple hacia la paz que viene de Dios, ya que El da la paz (cfr. Jn 14,27). Su encarnación es el principio de Su peregrinación que continuó en aquel momento en que María y José lo llevaron al templo, para presentarlo como Su primogénito, de acuerdo con el precepto y la Ley que dice que todo varón primógenito será consagrado al Señor (cfr. Lc 2,22-26).
    Jesús, a la edad de 12 años, continuó Su camino de peregrino. Fue con sus padres a Jerusalén (cfr. Lc. 2,41) para cumplir con el antiguo precepto de presentarse en el templo: "Tres veces por año se presentarán tus varones delante de Yavé, tu Señor." (Ex 23,17). Durante Su vida pública, Jesús, de cuando en cuando, peregrina con ocasión de diversas festividades (cfr. Jn 2,13; 5,1 y sig.). Las ascensiones de Jesús a los montes, Su ayuno en el desierto y Su muerte en el monte fuera de la ciudad son estaciones de Su camino de peregrino, y en el monte de la Ascensión termina Su camino terrenal de peregrino (cfr. Mt 5,1-2; 4,1-11; Jn 19,17; He 1,6-12).


    Después de prometer a sus discípulos que permanecerá con ellos, los envía a los límites de la tierra, y Su presencia la realiza con Su presencia eucarística y viaja con Su pueblo a través de la historia hasta el fin del mundo y de los tiempos. El Papa escribe en el documento "Peregrinación", núm. 29, reflexionando acerca de la peregrinación de la humanidad: "El camino de la humanidad, que acaece entre tensiones y contradicciones, se dirige en segura peregrinación hacia el Reino de Dios, que la Iglesia debe anunciar y realizar resueltamente en total fidelidad y perseverancia, puesto que ha sido llamada por su Señor para que sea sal, levadura, luz y ciudad en el monte. Sólo así se abrirán los caminos en los que la Gracia y la Verdad se encontrarán, y la Justicia y la Paz se abrazarán (Sal 85,11). A este camino peregrinante de la Iglesia, del pueblo de Dios y de toda la humanidad han sido llamados todos los cristianos. "Para el cristiano, la peregrinación es la celebración de la propia fe, una manifestación del culto, que debe ser vivida fiel a la tradición, con un sentimiento religioso intenso y como la realización de su existencia pascual" (Peregrinación núm. 32).

    En resumidas cuentas, el sentido de la peregrinación es la búsqueda de Dios que se ha manifestado en épocas diversas, de modos diversos y en lugares diversos, y para que el encuentro con Dios se realice en el camino del peregrino, el hombre debe salir de su vida cotidiana y emprender el camino, y celebrar su fe en la oración y en la celebración del culto, a fin de que Dios pueda liberar al hombre de la levadura vieja del pecado y de la maldad y ponerse nuevamente en camino con él como peregrino hacia el Reino de Dios.
    Por tanto, en los lugares de peregrinación se debe dar forma a un culto divino que llegará a ser culto humano.


    V. PEREGRINACION - SALIDA Y ASCENSION

    De lo dicho anteriormente, queda claro que se debe hacer todo a fin de que el hombre, tal como es en su realidad antropológico-psíquica y religioso-espiritual, se ponga en movimiento, se motive, se abra y acepte, se encuentre y permanezca en el camino con Dios, que es fiel al hombre. Dios se manifiesta en los lugares de peregrinación de una manera extraordinaria a través de la Biblia y de personas especiales. Esto es lo que impulsa al hombre a dejar su vida cotidiana y a dirigirse a estos lugares. Dios primeramente ofrece al hombre Su presencia con la intención de que el hombre, buscador de la presencia amada, Lo encuentre. Al experimentar la presencia amada, el hombre experimentará en sí la liberación de los pesos que se han acumulado durante el transcurso de su camino terrenal de peregrino, que son consecuencias de debilidades personales y de pecados propios y de otros.

    Después de la experiencia de liberación del peso de los pecados y de sus consecuencias, debe seguir la experiencia de la paz, de la alegría, del amor, de la esperanza, de la confianza y de la decisión de aceptar la presencia de Dios en su vida y hacer todo para que esa presencia permanezca, e incluso en las ocasiones en que el camino de la vida lo aparte y separe de la presencia divina, pueda buscarla nuevamente y realizarla. A medida que la experiencia de la paz y del amor se hace más profunda, el hombre permanecerá con mayor facilidad en el camino con Dios y esto lo hará luchar con mayor decisión contra todo lo que lo separa de Dios.


    A fin de que el hombre pueda liberarse con mayor facilidad del abrazo mortal del pecado y de sus consecuencias, en cada lugar de peregrinación, por consiguiente, se deben ofrecer diversas formas de encuentro con Dios. Según la revelación bíblica y las experiencias de los profetas en primer lugar, existe el LLAMADO de salir de la ciudad, dejar la vida cotidiana y buscar un lugar de paz y de silencio, en términos bíblicos, ir al desierto, luego, el llamado a acudir al monte y subirlo, lugar en que los profetas oraron y encontraron al Señor y luego regresaron de nuevo a su lugar, su ciudad y continuaron su tarea.

    En la praxis bíblica de peregrinación, lo más importante era el templo, como centro de reunión del pueblo fiel. Durante su permanencia en los sitios a los que fueron llamados, los fieles ORABAN Y AYUNABAN.

    En el templo se presentaban sacrificios, se celebraba el culto, acaecía la RECONCILIACION CON DIOS Y CON EL PROJIMO. Regresaban renovados y dispuestos a ACEPTAR sus tareas, a hacer el bien, a ocuparse de los pobres y de las viudas.

    En otras palabras, el hombre llega con sus deseos y presionado por sus dificultades y pecados y sus consecuencias, él necesita, en el lugar de peregrinación, tener la posibilidad de recordar todo a la luz del amor de Dios y de ver todo a la luz de Su misericordia para así experimentar la autenticidad de aquellas palabras de Jesús con las que llama a todos los que se sienten cargados y agobiados a que acudan a El, porque los aliviará. (cfr. Mt 11,28). Por consiguiente, hay que ayudar al peregrino a que emprenda el camino del peregrino representado en la Biblia, a que disponga de tiempo, es decir, no permitir que todo lo haga a toda prisa como si fuese una visita turística a las regiones y sus bellezas naturales. El debe detenerse, debe disponer de tiempo, debe ascender el monte, debe encontrarse en el templo con el Señor que perdona y hace retornar la paz.


    VI. MEDJUGORJE - UN OFRECIMIENTO ACTUAL

    A la luz de lo dicho no es difícil comprender lo que sucede en Medjugorje y lo que sucederá, es decir, cómo debería ser organizado el culto y por qué ha sido organizado del modo existente y por qué se ofrece al peregrino de Medjugorje lo que actualmente se ofrece.

    Hay un hecho irrefutable y es el que ningún santuario, y por consiguiente, ningún santuario mariano, no se ha desarrollado ni se desarrolla como Medjugorje y me atrevo a decir que ninguno de ellos no corresponde a una imagen ideal de la peregrinación, que toma en cuenta al hombre que busca y a Dios que se ofrece, como es el caso de Medjugorje (la excepción puede ser la peregrinación a Tierra Santa, ya que en ese lugar es posible visitar los lugares en los que Dios se manifestó y en los que Jesús mismo obró!


    1. EL MONTE DE LAS APARICIONES

    La Virgen comenzó a aparecer en el monte Crnica, que ahora se llama el Monte de las Apariciones. Llamó a la paz, la oración, el ayuno, la fe y el amor. Las personas que la vieron fueron niños, ahora personas adultas, con las cuales los peregrinos pueden reunirse. Todo comenzó con un llamado a la paz y a la fe en Dios en un país cuya ideología oficial era el ateísmo. Por un lado estaba el gobierno que reaccionó violentamente, y por otro lado existía un estímulo increíble a fin de que la gente viniera y viera, experimentara y respondiera.

    El hombre, por naturaleza, busca la paz. Allí, Dios por medio de la Reina de la Paz se la ofrece acertando el deseo más profundo del hombre, la paz como la plenitud de los bienes - físicos, psíquicos y espirituales. La gente se ha puesto en movimiento. El Monte de las Apariciones es como la bíblica Belén, con el Nacimiento de Jesús y Su llamado a la paz, y por ser un monte, un llamado a venir y a ascender. Allí el peregrino experimenta el primer llamado y la primera apertura del corazón en "condiciones bien preparadas" para este fin. Ese es un lugar en que el hombre experimenta el gozo y la paz y no hay peregrino que no visite ese lugar. Por tanto, no puede existir una peregrinación bien organizada, si no se incluye "la salida y el ascenso" a ese monte.

    En el Monte de las Apariciones se oran los misterios gozosos y dolorosos y se permanece en oración y en silencio en el sitio señalado como el lugar en que los videntes vieron a la Virgen. Hay que dedicar bastante tiempo para la "visita" al Monte de las Apariciones, y en especial, hay que dedicar tiempo y permanecer en silencio en el sitio de la aparición. En ese silencio, hay que leer algún mensaje de la Virgen y meditar sobre él y consagrarse a la Virgen, es decir, aceptarla conscientemente como Madre, puesto que tantas veces, en este lugar precisamente, ha dicho que es nuestra Madre. Hay que abrirse a Su bendición, porque repite en los mensajes "yo los bendigo con mi bendición maternal". En ese lugar es también importante, tomar la decisión de aceptar a María como nuestra Maestra, ya que Ella educa y nos muestra el camino hacia Jesús. Si bien es importante venir con un grupo, también es importante venir solo y orar, es decir, que mientras se rece el Rosario, estemos con Jesús y María y que atendamos a Su voz que nos llama a la paz. Esa es la misma paz a la que nos llamaron los ángeles con ocasión de la Natividad de Jesús. Se recomienda especialmente orar por la paz ante la cruz que se halla colocada frente al segundo misterio gozoso, puesto que allí, Marija Pavlovic, el tercer día de la aparición, el 26 de junio de 1981, vio a la Virgen llorando con la cruz que repetía: Paz!Paz!Paz!Sólo paz!Paz entre Dios y los hombres y paz entre los hombres! Muchos peregrinos acuden en la noche al Monte de las Apariciones y tienen realmente hermosas experiencias de oración. Así se repite lo que Jesús hacía frecuentemente saliendo en la noche y orando en los montes.


    2. LA CRUZ AZUL

    En este rincón silencioso de oración, nacido con el pasar del tiempo, muchos personas, individualmente o en grupo, transcurren momentos de oración. El nombre es casual, puesto que alguien colocó una cruz azul allí en el período en que la Virgen se aparecía en ese lugar debido a que la policía en ese entonces no permitía el acceso al monte. Allí se reunía frecuentemente el grupo de oración de Ivan, cuando el encuentro era sólo para grupos, y en ese encuentro para el grupo, la Virgen se aparecía a Ivan. Para este lugar, valen los mismos criterios que se aplican a los demás sitios de oración. Estar en oración, permanecer en silencio, descansar en una atmósfera de oración. En este sitio, viene a orar frecuentemente Mirjana los días dos de cada mes, cuando tiene sus encuentros de oración con la Virgen y ora por los no creyentes. Todos estos son estímulos al peregrino para que acuda a este lugar y para que ore. Existe también un aspecto práctico característico de este sitio de oración. Aquellos peregrinos que no pueden subir el Podbrdo o el Krizevac por causa de su estado físico, a menudo están en condiciones de al menos venir a la Cruz Azul y de tener una experiencia de oración en el monte.

    3. KRIZEVAC

    Después del encuentro en el Monte de las Apariciones, lugar en que se escuchó el primer llamado que resonó en el corazón de los videntes y posteriormente en el de millones de peregrinos, el camino del peregrino en un sentido bíblico continúa. El peregrino, que llega agobiado por sus debilidades y pecados, y herido por las debilidades y pecados de los otros, debe continuar el camino que es al mismo tiempo el camino de Jesús, recorrido por El después de Belén. Ese camino llevó a Jesús a través de otro monte y de otra ascensión con la cruz a la cima del monte Calvario. El peregrino, siguiendo a Jesús peregrino, "sale y asciende" al Krizevac. Aquí el hombre tiene la posibilidad de encontrar a Jesús sufriente, que padece y muere, absolviendo su examen para Rey de la Paz precisamente en la Cruz, en la cual con amor acepta el padecimiento, ora y perdona. Allí está María, atribulada, que permanece fiel a Su Hijo y, al mismo tiempo, ama como El ama, ora como El ora y perdona como El perdona. A la luz de Cristo que transcurre de tal manera la parte final de su camino de peregrino, el peregrino reconoce, por un lado, un amor inconmensurable, que padece por él, y por otro, la maldad humana en la que él se reconoce a sí mismo, su conducta y la conducta de los demás. Este reconocimiento no deja amargura en el corazón, ya que ni Jesús murió en la amargura, sino que despierta el deseo de perdonar, de buscar el perdón y la reconciliación. Al ascender el Krizevac, el peregrino se pone en contacto con la vida y la muerte, la temporalidad y la eternidad, el amor y el odio, la oración y la maldición, la reconciliación y la venganza, la violencia y la misericordia, la pobreza y la avidez, la potencia y la impotencia, la verdad y la mentira, la tumba y la resurrección, la bondad de la gente y su maldad, la caída y el alzarse. Por medio de tal encuentro en el Krizevac, se abre al corazón del peregrino a Dios y seguidamente, él está dispuesto a arrepentirse de sus pecados, perdonar y buscar el perdón. Aquí el hombre reconoce su camino terrenal con Dios y con el prójimo. Sin tal encuentro, el hombre no podría ponerse en contacto con su sufrimiento ni abrirse a Dios por causa de su padecimiento y desgracia. En este camino, el alma se prepara para un nuevo encuentro que acaece en el templo.
    Es por eso que se debe dedicar bastante tiempo a la oración en el Krizevac. Allí se ora el Via Crucis, el cual está representado en este lugar por 16 estaciones. La primera es la oración en huerto de Getsemaní, y la última es la Resurrección. Hay que orar ante cada estación y meditar sobre Jesús y la gente en torno de El, y en este contexto, observarse a sí mismo y su propia conducta y la de las personas que nos rodean. Cuando se asciende el Krizevac de tal modo, entonces sucede en el hombre lo que debe acaecer: reconoce el amor de Dios que redime y reconoce su pecado y debilidad y la necesidad de redención. Es particularmente importante orar por la fe, para que todo se vuelva bueno para aquellos amados por Dios. No se va al Krizevac para dejar las propias cruces, sino para aprender a llevarlas y ayudar a otros a cargarlas. Es importante también, cuando se va al Krizevac, permanecer en oración ante la Cruz, para unirnos conscientemente con María, que estaba al pie de la Cruz y nos invitaba para que también nosotros mismos nos pongamos ante la Cruz y oremos. Ante la Cruz, en profunda meditación se muestran a Jesús las heridas personales y las heridas que nosotros hemos inflingido a los demás, y además presentamos el padecimiento de la familia, de la Iglesia y del mundo. Es precisamente en este lugar que hay que orar por la curación espiritual y del alma.


    "Queridos hijos!, hoy los invito de manera especial a tomar la cruz en sus manos y a contemplar las llagas de Jesús. Pidan a Jesús que sane las heridas que ustedes, hijitos, han recibido en el transcurso de su vida a causa de sus pecados o de los pecados de sus padres. Sólo así comprenderán, hijitos, que el mundo necesita la curación de la fe en Dios Creador. Mediante la pasión y muerte de Jesús en la cruz, comprenderán que, sólo con la oración, podrán también ustedes llegar a ser verdaderos apóstoles de la fe, al vivir en sencillez y oración la fe que es un don. Gracias por haber respondido a mi llamado!"
    (Mensaje del 25 de marzo de 1997).


    Este es un tiempo y un lugar de total recogimiento y de seriedad espiritual. Por tanto, existen actitudes que están lejos del espíritu de peregrino, cuando, por ejemplo, en al Krizevac, ante la Cruz, se conversa, come y bebe, lo que lamentablemente a menudo hacen algunos grupos y personas al finalizar su ascensión al Krizevac. Es contrario a todo espíritu de peregrinación cualquier forma de venta y compra o dejar basura. También el descenso debería ser en total recogimiento, como María lo estuvo al regresar del calvario después de todo lo que había vivido y después de haber sepultado a Su Hijo. Al descender, se podría rezar el Rosario de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María.
    Después de tal ascensión y regreso del Krizevac, el alma del peregrino está preparada para nuevos encuentros.
    En la iglesia, el peregrino se encuentra con el Señor resucitado que da a sus discípulos el poder para perdonar los pecados y de alimentar a los fieles con la celebración de la Eucaristía.


    4. CONFESION

    Por consiguiente no es casualidad que Medjugorje, para muchos peregrinos, ha llegado a ser un lugar de confesiones que convierten. Por tanto es importante ayudar a los peregrinos para que con un examen concienzudo de conciencia se preparen para la Confesión. De esta manera estarán preparados para arrepentirse, perdonar y buscar el perdón, para una limpieza total del alma y del corazón y una reconciliación con Dios y con las personas. Además de la preparación, es importante que los sacerdotes estén a disposición de los peregrinos y que dediquen el tiempo necesario para cada confesión. Además de escuchar la confesión, el sacerdote debe, en el espíritu de María, alentar a los fieles no sólo a cuidarse del pecado sino que también a que procuren crecer en el bien: no sólo advertir sobre el pecado, ya que la vida cristiana no consiste únicamente en la lucha contra el pecado - sino que también estimularlos para una lucha incansable por el bien. En otras palabras, según los mensajes, María no llama sólo a que se realice la ausencia de guerras y confrontaciones, odios y otros males, sino que también se participe activamente en la realización de la paz, del amor y de la justicia. Quien no participe activamente en este campo, no obstante no cometa pecado por causa de un conflicto, sin embargo lo comete puesto que no es suficientemente activo en el bien.

    María nos llama a la Confesión y la explica claramente:


    "Queridos hijos!,
    Los invito a abrir sus corazones a Jesús como se abre la flor al sol. Jesús desea llenar sus corazones de paz y de gozo. Ustedes, queridos hijos, no pueden realizar la paz si no están en paz con Jesús. Por eso los invito a la confesión, a fin de que Jesús sea su verdad y su paz. Por tanto, hijitos, oren para tener la fortaleza de realizar lo que les digo. Yo estoy con ustedes y los amo.
    Gracias por haber respondido a mi llamado!"
    (Mensaje del 25 de enero de 1995)


    5. PROGRAMA DE ORACION VESPERTINO

    La primera parte del programa de oración es el rezo del Rosario. Este es un tiempo de preparación para la Santa Misa. La Virgen misma ha pedido que nos preparemos para la celebración eucaristica. También este es un momento en que muchos fieles se confiesan en esta atmósfera de oración. Durante esta preparación de oración acaece la aparición. Los fieles se se reunen ya que la Virgen viene, Ella ora y bendice a todos, y así con Su presencia prepara a los fieles a la celebración eucarística.

    La Santa Misa se celebra de un modo que permite a todos los fieles de diversos idiomas participar de la forma más activa posible en la Santa Misa. Se leen los Evangelios en los idiomas de los peregrinos y también algunas oraciones, según las posibilidades. También los cantos de la Santa Misa se adecúan a fin de que el mayor número posible de peregrinos pueda participar.

    Después de la Santa Misa, se reza el Credo y los Siete Padre Nuestros, y la oración de sanación. La Virgen ha pedido que no nos vayamos inmediatamente después de la Santa Misa, sino que permanezcamos con Jesús. Ese es el momento más propicio para la oración de sanación, dado que, antes de la Comunión, hemos dicho: ..., pero una palabra tuya bastará para sanarme. Durante esa oración, suceden muchas curaciones interiores, hemos sido testigos incluso de curaciones físicas. Al final, se rezan los misterios gloriosos. El sentido de estos misterios al final del programa de oración y al final del día, es que el alma y el corazón puedan presentir lo que le espera al hombre después de la muerte, de conmemorar la gloria del Señor Resucitado, participar en ella y dirigir nuestra mirada espiritual hacia María, quien ha sido en gloria asunta al Cielo y coronada como Reina. Así el corazón y el alma se abren a la vida y a la esperanza de Dios, que da consuelo y fuerza para que nuestro camino terrenal continue hasta la victoria final.

    Tal es el programa que ha querido la Virgen. Por tanto, hay que recomendar a los peregrinos que participen en el programa de oración en su totalidad. No es importante que todas las palabras no se entiendan, ya que el misterio no puede entenderse sino únicamente con el corazón se puede comprender, y todos aquellos que se quedan durante todo el programa saben cuán importante es éste para el peregrino. A veces sucede que algún peregrino no asista a la Misa con la excusa de que no entiende o, incluso, se organiza otra actividad paralela, un encuentro o una cena, hay algunos que, a decir verdad, asisten al programa, pero durante la Santa Misa pasean en torno de la iglesia esperando la oración de sanación. Hay que evitar esto, asistir al programa en su totalidad a fin de que, en lo más hondo de nuestro corazón, podamos comprender lo que la Virgen desea de nosotros.


    6. ADORACION EUCARISTICA

    Muchos en Medjugorje precisamente como peregrinos experimentaron por primera vez lo que significa la Adoración Eucarística - un encuentro con Jesús, que en el pan divino se quedó con Su pueblo. En todos estos encuentros en el Podbrdo, en el Krizevac y en la iglesia, el peregrino se encontró a sí mismo en dimensiones diversas y habló sobre un nuevo inicio de su vida con Dios, lo objetivo final de toda peregrinación.

    En la tradición de la Iglesia, existe otro modo más de encuentro con Jesús, la Adoración Eucarística. La Virgen nos pide que adoremos a Jesús, Su Hijo:


    "También esta noche, queridos hijos, les estoy especialmente agradecida por haber venido aquí. Adorad sin cesar al Santísimo Sacramento del Altar. Yo estoy siempre presente cuando los fieles están en adoración. En esos momentos se obtienen gracias particulares. Gracias por haber respondido a mi llamado!"
    (15 de marzo de 1984)


    La Virgen ha pedido a la comunidad parroquial la adoración los jueves después de la Misa. El jueves es un día especial, el día de la Eucaristía y del Sacerdocio. Habla de Su presencia en esos momentos. En adelante, pide que nos enamoremos de Jesús en la Eucaristía. Sólo el que está enamorado, tiene tiempo:

    "Queridos hijos!,
    Hoy los invito a enamorarse del Santísimo Sacramento del altar. Adórenlo, hijitos, en sus parroquias y así estarán unidos con todo el mundo. Jesús será su amigo y no hablarán de El como de alguien a quien apenas conocen. La unión con El será para ustedes gozo y serán testigos del amor que Jesús tiene por cada creatura. Hijitos, cuando adoran a Jesús también están cerca de Mí. Gracias por haber respondido a mi llamado!"
    (Mensaje del 25 de septiembre de 1995)


    Con el pasar del tiempo ha sido introducida la adoración el miércoles y el sábado en la noche y en la vigilia de grandes festividades. En la capilla de la Adoración, muchos fieles encuentran momentos de silencio que les permiten realizar encuentros con Jesús en la Eucaristía. A decir verdad, muchos fieles experimentaron la Adoración Eucarística por primera vez en Medjugorje y transmitieron esta experiencia a sus grupos de oración y, con el tiempo, a sus comunidades parroquiales. Existen ya grupos de peregrinos que en sus comunidades parroquiales han organizado la Adoración perpetua. La adoración es de por sí un encuentro con Jesús en el pan eucarístico. Cuando el creyente está solo en adoración, entonces es bueno que con pocas palabras se introduzca al silencio y permanezca ante Jesús. Muchas veces se menciona la experiencia de San Juan, el Cura de Ars: Yo lo miro, El me mira. Estar ante Jesús en silencio, significa encontrar la entrada al misterio de Su Presencia eucarística, significa detener toda la carrera, la exterior y la interior, y tener la experiencia de la eternidad. Cuando la adoración se realiza en grupo, entonces es necesario tener meditaciones breves que ayudan a que se entre en la presencia de Jesús, canciones livianas y mucho silencio. No hay que recargar con meditaciones en forma de predicaciones. No debería rezarse el Rosario ni las Letanías. En realidad, hay que circunscribirse a formas simples de oración y canciones, para que el alma tenga tiempo para entrar en el silencio.

    Al organizar los días de la peregrinación en Medjugorje hay que cuidar que el peregrino no se disperse mucho en la carrera de asistir a las conferencias, de hacer excursiones, etc., sino que hay ayudarlo a encontrar tiempo para este tipo de encuentro con Jesús.


    7. VENERACION DE LA CRUZ

    Además del encuentro con Jesús en el Krizevac, en el que el peregrino encuentra al Jesús que sufre y con El asciende acompañandolo en Su Vía Crucis, en la iglesia, el viernes después de la Santa Misa, se celebra la adoración de la cruz y al témino se ora por la curación. También es éste un momento oportuno en que el peregrino encuentra la Cruz de nuestro Señor Jesucristo por medio de la cual hemos obtenido la salvación y que queda como un signo del amor de Jesús. La oración delante de la cruz se organiza de modo similar a la adoración de Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. En Su mensaje la Virgen dice:

    "Queridos hijos!,
    En estos días los invito a poner la Cruz en el centro de todo. Oren especialmente ante la Cruz, porque de ella se derraman grandes gracias. En estos días, hagan en sus casas una consagración especial a la Cruz. Prometan que no ofenderán más a Jesús ni a la Cruz y que no pronunciarán más blasfemias. Gracias por haber respondido a mi llamado!"
    (12 de septiembre de 1985)

    Esta es también una parte importante del programa de peregrinación ya que, en caso contrario, al creyente le sucede de no encontrar jamás al Jesús sufriente. Aquel que no está con Jesús en el sufrimiento, difícilmente logrará penetrar en el misterio del amor que sufre y que vence gracias a la resurrección.

    Si observamos el programa vespertino del jueves, viernes y sábado, con la adoración vespertina, nos damos que se trata verdaderamente del triduo santo - el Jueves Santo, el Viernes Santo y el Sábado Santo con la liturgia de la vigilia pascual y la espera de la mañana de la resurrección. Por esta razón, la mañana del domingo puede ser una gozosa victoria sobre el mal y el pecado, sobre la muerte y las tinieblas, ya que se pasa con Jesús por el Jueves Santo, fundamento de la Eucaristía, el Viernes Santo, con Su muerte, y el Sábado Santo, con los preparativos para la resurrección.

    De este modo es posible descubrir la plenitud de la escuela de la Virgen. Ella desea guiarnos y ayudarnos a encontrar a Jesús, nuestra Vida y nuestra Resurrección.

    8. LAS PERSONAS - LOS TESTIMONIOS DE LA PRESENCIA DE LA VIRGEN

    El peregrino en Medjugorje, ademas de estar en los lugares en que Dios por medio de María, que aquí se aparece, se ha acercado al hombre, tiene la posibilidad de encontrar también a las personas por medio de las cuales El, a través de María, ha hablado. Son testimonios importantes y una ayuda a lo largo del camino que nos lleva a Dios. Se trata de los videntes. Por este motivo, su testimonio es de extrema importancia. Su tarea fundamental es aquella de simplemente transmitir los mensajes de la Virgen y de narrar la propia experiencia de su encuentro con María. Sea los videntes, sea los peregrinos, deben poner atención en no superar el límite del mensaje y de la experiencia personal. Sería por consiguiente peligroso si los videntes se transformaran en especialistas para todo tipo de cuestiones, suministrando respuestas, ya que podría fácilmente suceder que los encuentros con ellos se transformaran en encuentros con personas omnisapientes, con una especie de profetas, de los cuales la gente esperaría respuestas, sin escuchar los mensajes. Esto sería un daño para los peregrinos, los cuales no lograrían distinguir los mensajes de la Virgen de su opinión personal. Durante tales encuentros está seguramente presente la curiosidad. La curiosidad es de por sí algo positivo puesto que motiva al peregrino a decidirse más fácilmente a "salir de la propia vida cotidiana". Tal curiosidad debe ser transformada en un estímulo para encuentros ulteriores con Dios que de esta forma habla a Su pueblo (por lo demás, cómo no podría no existir la curiosidad del encuentro con personas que afirman tener encuentros cotidianos con la Virgen?!).

    La curiosidad prepara al hombre a escuchar y atender y facilita la comprensión de lo que Dios dice. Es por consiguiente importante proseguir el camino a través del Monte hasta el encuentro en la iglesia, en la experiencia de la realidad sacramental. Estimo que para el peregrino en Medjugorje sea suficiente encontrar uno de los videntes. Hay que evitar estar corriendo todo el tiempo detrás de los videntes y de valorar en demasía su papel. Existe el peligro de que en torno de los videntes se cree un "círculo de amigos" que podrían comenzar a tomar ventaja de su cercanía y dar al peregrino una imagen particular de posibles negocios y ganancias, por ejemplo, si el peregrino está en la casa del vidente, debe pagar más o se siente particularmente privilegiado. Tales peligros y otros similares deben ser evitados por el bien de los videntes, de los peregrinos y, en el fondo, por el bien de los mensajes que ellos comunican.


    9. SIGNOS Y MILAGROS

    El hecho es que muchos peregrinos que han venido a Medjugorje, han testimoniado haber visto signos particulares en el cielo, o sobre la cruz y de haber percibido de modo particularmente intenso la presencia de María y Sus invitaciones. Si bien es difícil decir lo que está acaeciendo realmente, de todos modos es necesario subrayar que también esto es un hecho importante en el camino del peregrino. Como quiera que sea, también en este caso, vale la norma debido a la cual, el criterio último de todo es lo que el peregrino hace después de haber vivido estas excepcionales intervenciones de Dios. A esto se pueden también agregar las curaciones físicas, espirituales y del alma. Aquellos que las han experimentado, con su testimonio despiertan, además de la fe, también curiosidad, y motivan a la gente a dejar la vida y la actividad cotidianas y a dirigirse al lugar y a las personas que, gracias a la excepcional obra de Dios, han llegado a ser meta de multitudes de peregrinos.

    10. PAN Y AGUA

    Un signo particular de la peregrinación es el mensaje de la Virgen a fin de que se ayune a pan y agua. El pan es el alimento fundamental del hombre y por tanto también símbolo de vida. También el agua es insustituible en la vida del hombre. Se trata sobre todo de un símbolo de purificación espiritual. Ya en estas dos realidades y en estos dos símbolos está contenido un mensaje: regresen a la vida y vivan, abandonen su suciedad y háganse puros.

    En una palabra, somos llamados a vivir dos días a pan y agua. Es este el ayuno ideal. Ciertamente quien toma a la letra todo esto hará un bien a la propia alma y al propio cuerpo, pero es necesario también tomar en cuenta la vida cotidiana, los problemas y las dificultades. Por lo demás, una tal invitación es, en todo caso, un llamado al que se responde en plena libertad y responsabilidad. El pan y el agua eran la vianda del peregrino de otros tiempos. El no podía llevar alguna otra cosa a lo largo de su camino que duraba varios días o semanas. Viviendo y caminando con pan y agua, el hombre se ha pruficado y se ha preparado al encuentro con Dios, ha abandonado la propia vida cotidiana y ha encontrado un lugar en el que Dios se ha manifestado y a personas a las que El se ha aparecido.


    11. LA COMUNIDAD "CENACULO"

    Un encuentro muy importante para los peregrinos es aquel con los jóvenes que se encuentran en la comunidad de Sor Elvira. Ellos ofrecen el propio testimonio concreto sobre la dependencia de la droga y sobre la vía de salida de la muerte a la vida, de la total esclavitud, criminalidad y ateísmo a la libertad y la paz que Dios da cuando el hombre se abre a El. Aquí muchos peregrinos, en particular muchos padres, toman conciencia de su propio papel y reconocen las propias carencias en la educación de los propios hijos, pero también la esperanza de que todo puede convertirse en bien. También para los jóvenes este es un encuentro importante, porque en las sinceras confesiones de los adictos, ellos reconocen y comprenden todos los peligros de loa males modernos: droga y alcohol. Cada uno de ellos y todos juntos son una prueba particular de aquello que sucede en el hombre cuando encuentra a Dios y se decide por El. Frecuentemente sucede que después del encuentro con la comunidad los peregrinos pidan confesarse y hablar con un sacerdote, porque se han dado cuenta de las propias omisiones o bien, porque tienen ncesidad de un consejo. Esta estación en el Vía Crucis del peregrino a través de Medjugorje es de ayuda para muchos: ellos retornan a sus hogares conscientes de sus propias responsabilidades, pero también de los peligros que pueden obstaculizar al hombre en su camino hacia la paz, ya que cada forma de dependencia se reconoce justamente por el hecho de que el hombre es dependiente, y está prisionero y encerrado en el horizonte de este mundo. Aquí se manifiesta la profunda aspiración de proseguir a lo largo de un camino de libertad y la decisión de luchar contra la esclavitud.

    VII. LA SITUACION DEL HOMBRE Y DEL MUNDO - EL DESEO DE UNA VIA DE SALIDA

    Todo esto acaece y da forma al lugar de peregrinación y al modo de peregrinar con todas las dimensiones que el hombre trae consigo. Cuando tomamos conciencia que todo esto sucede a fines del siglo veinte, las cosas se vuelven aún más interesantes y comprensibles. El hombre, en la búsqueda de Dios, hoy en día es invadido por una serie de ofrecimientos que en su vida cotidiana, lo amenazan de hacerle perder el sentido de la vida y de caer en una sombría desesperación y por fin de sofocarlo en la muerte. Cuanto más se aleja de Dios, tanto más el hombre busca y llega a ser más sensible a todas a todos los ofrecimientos que le prometen seguridad y paz. Cada vez más el hombre se aleja de su propia vida cotidiana, si no en la búsqueda de Dios, seguramente como aquel que sale de la vida de todos los días para gozar de substancias estupefacientes que lo alienan de sí mismo, de todos los valores humanos y cristianos, y que lo aprisionan. La droga y el alcohol, el pansexualismo y el hedonismo, la carrera al poder y al dinero no son otra cosa que una "peregrinación" de la realidad a la irrealidad, de la esperanza a la desesperación, de una concreta colaboración con Dios a un comportamiento decepcionante hacia sí mismo y hacia los demás. El aumento de los suicidios, el asesinato legalizado de vidas aún no nacidas dentro del período de gestación de 9 meses e incluso en los momentos del nacimiento, no son otra cosa que un intento del hombre de crearse nuevos espacios en que dominará lo gris de su prisión en el horizonte de este mundo.

    La violencia que surge en las guerras, en los homicidios cotidianos es también la prueba de que para el hombre su espacio vital ha llegado a ser demasiado reducido y desea aumentarlo, pero siempre sin Dios.
    Junto con estos catastróficas tentativas de dirigir al hombre hacia algo y de hacerlo salir por alguna parte, surgen y son aceptadas, a fines de este siglo y de este milenio, las teoría de la "nueva era" (New Age!), que prometen al hombre salvación y paz, pero sin la conversión a Dios. Muchos movimientos meditativos que atraen a la gente y a los jóvenes en particular, prometen paz y salvación gracias a la introspección y a la individualización y activación de las propias fuerzas y energías. A la vez que hay unos que prometen una nueva era que vendrá, hay otros que preveen eventos catastróficos y apocalípticos, en los que mucha gente y muchos pueblos serán borrados de la faz de la tierra y quedarán solo algunos, los elegidos y otros casuales afortunados.

    VIII. EN PEREGRINACION HACIA EL TERCER MILENIO

    El Santo Padre, Juan Pablo II, invita incesantemente a todos los cristianos y a todos los hombres a prepararse a entrar en el tercer milenio, pero juntos con Jesús y María. En la Encíclica la "Madre del Redentor" (1987), se habla de María que peregrina con la Iglesia peregrinante, que vive Su segundo Adviento y como Madre, Maestra y Peregrina prepara la Iglesia para el cumpleaños núm. 2000 de Su Hijo, ya que Ella es quien nos puede preparar de la mejor manera al encuentro con Jesús, que conoce mejor que cualquier otro santo, dado que fue Su Madre y Maestra.

    Si hay un lugar en que esta palabra del Papa se puede aplicar y en que se pueda crear una disposición mariana de peregrino, este lugar es propiamente Medjugorje. Ella "viene en peregrinación" cada día y se aparece desde hace ya casi 18 años y enseña al pueblo de Dios a orar y a ayunar, a peregrinar, a encontrar a Dios y a regresar a El con todo el corazón. En el mensaje del 25 de agosto de 1998 (después de 17 años y dos meses de Su presencia en Medjugorje), María dice:

    "Queridos hijos!,
    Hoy los invito para que a través de la oración se acerquen aún más a mí. Hijitos, yo soy Su Madre, los amo y deseo que cada uno de ustedes se salve y esté conmigo en el Paraíso. Por tanto, hijitos, oren, oren, oren hasta que su vida llegue a ser oración. Gracias por haber respondido a mi llamado!"


    Medjugorje es por tanto un lugar de peregrinación en el verdadero sentido de la palabra, sea en lo concerniente a las manifestaciones de Dios, sea en lo referido a las necesidades de los hombres, sea en lo concerniente a las posibilidades de encontrar a Dios, y como respuesta a todos los llamados que el Papa ha dirigido a contar del período en que ha iniciado a preparar el mundo para el ingreso al tercer milenio.

    IX. ADMONICIONES Y ADVERTENCIAS

    Es bueno poner en guardia sobre los peligros que se encuentran en cada lugar en que la gente se reune, por lo que ni Medjugorje no es una excepción. Por una parte, hay que estar atentos a fin de que los mensajes se preserven puros y su concreta aplicación litúrgica sea clara (oración, Misa, adoración, confesión, subidas a los montes), por otro lado, los protagonistas deben permanecer instrumentos humildes y abiertos, por medio de los cuales Dios obra. En todo caso, es necesario evitar el peligro de sofocar los mensajes con el materialismo, el espíritu turístico, la carrera al dinero y a la comercialización.

    Hay que advertir a los que acompañan a los peregrinos a fin de que esto no se llegue a ser para ellos un "business" (negocio), y a aquellos que los reciben a fin de que no olviden los motivos de su venida a Medjugorje. Es claro para todos que, donde se hace presente la carrera al dinero, donde hay espíritu mundanal de competencia al estilo de "quien más gana, más recibe", entonces el verdadero espíritu de la peregrinación está en peligro. Es necesario poner especial atención en no abusar de la curiosidad humana, sino canalizarla y guiarla de una manera correcta. Sin exagerar se puede decir que espiritualmente Medjugorje es aún reconocible y que no ha sido sofocado por los peligros mencionados anteriormente.

    X. CUANDO EL PEREGRINO RETORNA A CASA

    Al retornar a casa, los peregrinos deben prestar atención en continuar en el mismo espíritu y en cuidarse de fanatismos y elitismos, es decir, no crear grupos separados de la comunidad parroquial. Hay que optar por una oración personal y familiar, y participar en los grupos de oración, y según las posibilidades, crear condiciones similares para la oración. Medjugorje no ha sido donada a fin de que algo se sepa mejor, sino para vivir mejor el Evangelio de Jesucristo, que es el único Salvador.

    Aparte de posibles excepciones, y aquí podemos decir sin exagerar que por doquier se procura permanecer en el espíritu de los mensajes de María y continuar viviendo el Evangelio. Y en este caso, Medjugorje ha realizado algo de importancia excepcional. Los sacerdotes de Medjugorje, y en parte los videntes, participan en encuentros en todo el mundo, en los cuales participan miles de fieles, los que son son ayudados para permanecer en la vía recta. Esta es una cosa que ningún otro santuario hace. También este encuentro no cumple otra función más que la de comprender nuestro papel en esta magistral empresa divina y de ejecutarla dignamente. En la esperanza de que Dios, por medio de María, continuará guiando lo que ha comenzado entre nosotros, digamos con María: Hágase Tu voluntad. Estoy dispuesto a hacer todo lo que Tú me digas, y ayúdame a comprender lo que me pides.


    Oración de intercesión al P. Slavko

    Señor, ten piedad de nosotros.
    Cristo, ten piedad de nosotros.
    Señor, ten piedad de nosotros.
    Cristo, óyenos.
    Cristo, escúchanos.
    Dios, Padre de los Cielos, ten piedad de nosotros.
    Dios, Hijo Redentor del mundo, ten piedad del nosotros
    Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
    Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
    Santa María, ruega por nosotros.
    San José, ruega por nosotros.Padre Slavko, Intercede por nosotros.
    Amado hijo de nuestra Madre María, ....
    Hijo fiel de nuestro Hermano Francisco, ....
    Apóstol consagrado a Nuestra Señora, Reina de la Paz, ....
    Administrador santo de los sagrados misterios de Dios, ....
    Celoso abogado de la paz entre Dios y el hombre, ....
    Abogado incansable de la paz entre toda la humanidad, ....
    Vigoroso abogado de la paz entre las naciones, ....
    Maestro ejemplar de la oración del corazón, ....
    Ministro de Sagradas Liturgias, ....
    Díscipulo de la Gospa que discierne su mensaje, ....
    Terapista amable de los que están heridos y sufren, ....
    Providente generoso de huérfanos y necesitados, ....
    Custodio santo del Santuario de la Gospa, ....


    Oremos,

    Padre Slavko, la Gospa te llamó a su santo santuario en la Parroquia de Santiago Apóstol para que pudieras discernir y diseminar sus mensajes de paz al mundo, y fueras ministro al servicio amoroso de los peregrinos de todas las naciones. Por tu vida santa y tus obras, consagrado a la Reina de la Paz, tú ni siquiera notaste el paso de esta vida a la otra, precisamente como Nuestra Madre Bendita lo prometió. Ya que ella nos asegura tu constante intercesión por nosotros, te pido con confianza que continúes guiándome en mi peregrinar en esta vida, y encomiendo a través tuyo los deseos de mi corazón al Corazón de mi Madre Inmaculada y al Sagrado Corazón de su Hijo, Jesús.
    Te pido en el nombre de Jesucristo Nuestro Señor, que vive y reina con Nuestro Padre, en la unidad del Espíritu Santo. Amén