Mapa Videntes Mensajes Peregrinaciones Programa Info Parroquia Links
Noticias
Comentarios de mensajes
Bibliografía y Oraciones
Comunidad de las Bienaventuranzas
Encuentos y Visitas
Clero y Testimonios
Datos Útiles
Fotos
Otros Santuarios
Cenáculo
Newsletters

Comentarios de mensajes

del Padre Francisco Verar

Mensajes de Adviento de 2015 de la Santísima Virgen María Reina de la Paz desde Medjugorje, Bosnia Herzegovina y reflexión del P. Francisco Á. Verar Hernández

1. Mensaje del 25 de noviembre de 2015

"Queridos hijos, hoy los llamo a todos: oren por mis intenciones. La paz está en peligro, por lo tanto, hijitos, oren y sean portadores de paz y esperanza en este mundo sin paz donde Satanás ataca y pone a prueba de todas las formas. Hijitos, sean fuertes en la oración y valientes en la fe. Yo estoy con ustedes e intercedo ante mi Hijo Jesús por todos ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

¡Gracias a Dios el Cielo nos sigue hablando! María no está cansada de hablar y, de igual modo, nosotros no debemos cansarnos de escucharla. Sus mensajes son palabras que nos ayudan, son una especial hoja de ruta para los tiempos que vivimos, un GPS para construir la paz y salvar el alma, para ser testigos de Jesús.

a) En este Adviento que prepara el Año Santo Jubilar de la Misericordia, la Reina de la Paz nos pone en guardia y nos muestra lo que se debe hacer. Nos lo señala desde su condición de Madre de Dios y de la humanidad, desde su condición de Reina de Cielos y Tierra. Precisamente, frente a los últimos acontecimientos conocidos por todos dice: «Queridos hijos, hoy los llamo a todos: oren por mis intenciones.» ¿Por qué? Porque desde 1981 sus intenciones van dirigidas a la paz y la conversión de los hombres. Y quizá algunos han olvidado del porqué Dios la ha enviado al mundo. Un cristiano católico no puede permanecer indiferente ante el Signo extraordinario de María en Medjugorje. Toda vez que la Mujer vestida del Sol que anuncia el Apocalipsis, antes de la venida de Jesús, aparece todos los días. La Virgen dijo al principio: «tomen en serio mis mensajes, Dios no juega con la humanidad al haberme enviado entre ustedes». Entonces, estamos frente a un tiempo especial de gracia: «Medjugorje es, -ha dicho la Virgen-, un tiempo de gracia para la humanidad». Es cierto que aun la Iglesia no ha reconocido oficialmente la sobrenaturalidad de Medjugorje, pero tampoco la ha negado. Entonces, debemos ayudar a la Virgen y a la Iglesia a construir la paz y trabajar por la conversión de las almas. La Madre ha dicho: «Oren por mis intenciones.» Eso quiere decir, que cuando tomes la corona del Rosario en mano, antes de comenzar a rezar, debes decir: -«ofrezco esta corona del Rosario por las intenciones de María Reina de la Paz, lo ofrezco porque la paz está en peligro». Lo mismo hay que hacer en el rezo de la Liturgia de la Horas, lo mismo delante de Jesús Sacramentado: adorar por la intenciones de la Virgen y porque la paz está en peligro. Al igual, los miércoles y viernes con el ayuno a pan y agua. La Virgen ha dicho que las guerras pueden ser suprimidas con el ayuno a pan y agua. Quien ama a la Virgen no debe tener miedo al ayuno y debe ofrecer cada semana este pequeño sacrificio por sus intenciones.

b) La Virgen también ha dicho que «Satanás pone a prueba con todas las formas», y un día dijo que él «quería destruir hasta el planeta en el que vivimos». Pero hay que considerar, que para vencer a Satanás no solo hay que realizar exorcismos y oraciones de liberación, sino que hay que tomar con seriedad la vida de oración. Satanás toma la delantera en el mundo porque no se está orando y ayunando como se debe. Este tiempo de Adviento no es tiempo de comidas y bebidas, de bailes, de fiestas... sino de oración, sobriedad y ayunos. Tiempo para ofrecer renuncias especiales, porque la paz está en peligro; hay una gran amenaza contra la paz de la humanidad. Lo que puede suceder depende de nosotros, no de Dios. Depende de nuestra respuesta. El Cielo habla y nos dice lo debemos hacer, de nosotros depende la respuesta. La Madre ha dicho: «Hijitos, sean fuertes en la oración y valientes en la fe.» Luego, hay que estar atentos frente a la sociedad de consumo y vencer la tentación de las compras, de las diversiones y comidas en este tiempo y más bien, ayudar a la humanidad y pasar más tiempo delante de Jesús. María ante la llega de Jesús en Navidad, preparaba Su Corazón, para que, al salir de su vientre, místicamente continuara permaneciendo en su alma, y por eso oraba y ponía más su mente y Su Corazón en Él. Lo mismo hacía San José. José añora conocer cara a cara a Jesús, lo quería cargar en sus brazos, pero, quería aun más que morara en su corazón. Y para él y María, la Navidad significaba acoger a Jesús y consagrarse totalmente a Su persona. También nosotros hoy: todas la fuerzas de nuestro interior deben estar focalizadas en Jesús y por eso la Virgen nos pide orar tanto. El alma se llena de Jesús cuando ora, no cuando come, o cuando bebe licor, o cuando baila, o cuando compra en la calle. Entonces estos días son días de oración y penitencia. La Madre quiere que hagamos grupos de oración y nos preparemos para la llegada espiritual de Jesús a nuestros corazones y así se detengan todas las guerras y los engaños de Satanás, el príncipe falso de la mentira, el homicida desde el principio.

2. Mensaje del 2 de diciembre de 2015.

«Queridos hijos, yo estoy siempre con ustedes, porque mi Hijo me los ha confiado. Y ustedes hijos míos, ustedes me necesitan, me buscan, vienen a mi y alegran mi Corazón materno. Yo tengo -y siempre tendré- amor para ustedes, para ustedes que sufren y que ofrecen sus dolores y sufrimientos a Mi Hijo y a mí. Mi amor busca el amor de todos mis hijos y mis hijos buscan mi amor. Por medio del amor, Jesús busca la comunión entre el Cielo y la Tierra, entre el Padre celestial y ustedes, mis hijos, su Iglesia. Por eso necesitamos orar mucho, orar y amar la Iglesia a la cual pertenecen. Ahora la Iglesia está sufriendo y necesita apóstoles que, al amar la comunión, al testimoniar y dar, muestren los caminos de Dios. Necesita apóstoles que, viviendo la Eucaristía con el corazón, realicen grandes obras; necesita de ustedes, mis apóstoles del amor. Hijos míos, la Iglesia ha sido perseguida y traicionada desde sus inicios, pero ha crecido día a día. Es indestructible, porque mi Hijo le ha dado un corazón: la Eucaristía. La luz de Su Resurrección ha brillado y brillará sobre ella. ¡Por eso no teman! Oren por sus pastores para que tengan la fuerza y el amor de ser puentes de salvación. ¡Les doy las gracias!»

a) En el mensaje del 2 de diciembre la Virgen comienza diciendo: «Queridos hijos, yo estoy siempre con ustedes, porque mi Hijo me los ha confiado. Y ustedes hijos míos, ustedes me necesitan, me buscan, vienen a mi y alegran mi Corazón materno. Yo tengo -y siempre tendré- amor para ustedes, para ustedes que sufren y que ofrecen sus dolores y sufrimientos a Mi Hijo y a mí. Mi amor busca el amor de todos mis hijos y mis hijos buscan mi amor. Por medio del amor, Jesús busca la comunión entre el Cielo y la Tierra, entre el Padre celestial y ustedes, mis hijos, su Iglesia.» Esta primera parte del mensaje, es una ayuda que la Madre nos da para vivir sus mensajes. Comienza diciendo que Ella está siempre con nosotros. Si bien, habían miles de peregrinos con Mirjana en la Cruz Azul en el momento de la aparición, el mensaje es para todos. Por lo tanto, la Virgen quiere que todos sintamos que está siempre con sus hijos, y para sentirla, experimentarla hay que abrirle el corazón. La Virgen dice que nosotros la necesitamos, la buscamos y vamos a Ella, pero del mismo modo Ella viene a nosotros, porque es verdadera Madre de todos. Por eso dice «Yo tengo -y siempre tendré- amor para ustedes, para ustedes que sufren y que ofrecen sus dolores y sufrimientos a Mi Hijo y a mí. Mi amor busca el amor de todos mis hijos y mis hijos buscan mi amor.» Luego, Medjugorje es una gran oportunidad para crecer en el amor a María, la Reina de la Paz. Definitivamente, gracias a Medjugorje muchos descubren en su vida el rol de María y aprenden a caminar con Ella. En este mensaje la Virgen destaca ese papel mediador de intercesión.

En la segunda parte del mensaje la Madre dice: «Por medio del amor, Jesús busca la comunión entre el Cielo y la Tierra, entre el Padre celestial y ustedes, mis hijos, su Iglesia. Por eso necesitamos orar mucho, orar y amar la Iglesia a la cual pertenecen.» Este enunciado es muy importante, ya que la Madre recuerda uno de los propósitos de Su venida: la unión de todos con Su Hijo por medio del amor, porque el amor es el resumen de toda la Ley de Dios, lo esencial de la vida cristiana. Entonces la Madre lo vuelve a recordar, seguramente porque muchos de sus hijos lo están olvidando o bien, piensan que ya aman lo suficiente; cuando en realidad, sus obras pueden decir lo contrario. También conviene recordar, que uno de los fines precisamente del Año de la Misericordia que vamos a comenzar, es que todas las obras del cristiano deben ir acompañadas de gestos de ternura, de amor; ha subrayado en varias ocasiones el Papa Francisco. Entonces, el Año de la Misericordia quiere decir Año de Amor, porque la Misericordia es la expresión más radical del amor, es el rostro de Dios que Jesús nos manifestó, al extremo de inmolarse en la Cruz por nuestros pecados. Entonces, una vez más la Madre nos invita a deponer toda actitud de odio, rencor, celos, antagonismos... y ser testigos de lo que más cuenta ante Dios, el amor. Y para poder amar en plenitud, también hay que orar, porque la oración siempre es un encuentro de amor. Oramos cuando en la oración amamos. Orar con el corazón significa orar con amor, desde el amor.

La tercera parte de mensaje dice: «Ahora la Iglesia está sufriendo y necesita apóstoles que, al amar la comunión, al testimoniar y dar, muestren los caminos de Dios. Necesita apóstoles que, viviendo la Eucaristía con el corazón, realicen grandes obras; necesita de ustedes, mis apóstoles del amor. Hijos míos, la Iglesia ha sido perseguida y traicionada desde sus inicios, pero ha crecido día a día.» Cuando la Madre dice que la Iglesia está sufriendo, se refiere al sufrimiento que debe acompañar a todos los bautizados, todos debemos sentir y experimentar ese dolor. Pero no para criticar o juzgar sino para consolar y sanar, para amar. El amor construye, pero la lengua destruye. Es más fácil criticar que amar. La Madre nos ha dicho bien claro cual debe ser nuestra actitud frente a las pruebas que atravesamos en la Iglesia: primero que todo el amor, apóstoles que amen de verdad, y que el amor no sea solo sentimentalismo, sino testimonio de luz con las obras. Y la Madre dice además, que ante el sufrimiento de la Iglesia hay que amar la Comunión eucarística, saber que en ella cada día nuestra vida humana se une al Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Pero obsérvese que en este mensaje no ha dicho amar la presencia de Jesús en la Eucaristía, sino amar la Comunión, es decir: vivir en plenitud el momento de la unión sacramental en cada Misa. Ella dijo en un mensaje que «el momento más importante del día es cuando Jesús vivo viene a nosotros en la comunión» Y recuérdese que no hay acción del ser humano que se asemeje tanto a la Encarnación que, precisamente, el momento de nuestra sagrada Comunión eucarística. Entonces, la Madre quiere que en estos tiempos vivamos más en profundidad el momento de la Comunión sacramental. Y, que, del mismo modo, también se de testimonio del amor cada día con las obras de caridad, por eso dice que hay que «DAR», también habla de «REALIZAR GRANDES OBRAS». Luego, frente a los malos testimonios que encontramos en la Iglesia y de cara a las persecuciones no hay más que amar. Y esa opción por el amor es lo que salvará a la Iglesia. Entonces, el triunfo del Corazón Inmaculado de María es el triunfo del amor, y Medjugorje y el Pontificado del Papa Francisco son signos de ello. Por lo tanto, debemos esforzarnos en amar y pedir en esta Novena de Navidad que comienza el 16 de diciembre, el don del amor.

d)En la última parte del mensaje la Madre dice: la Iglesia es «indestructible, porque mi Hijo le ha dado un corazón: la Eucaristía. La luz de Su Resurrección ha brillado y brillará sobre ella. ¡Por eso no teman! Oren por sus pastores para que tengan la fuerza y el amor de ser puentes de salvación. ¡Les doy las gracias!» La última parte del mensaje, es una llamada a redescubrir en este tiempo de Adviento, la fuerza de la Eucaristía. La Iglesia es indestructible porque vive de la Eucaristía, se alimenta de Ella, es Su corazón. Luego, es tiempo para asistir frecuentemente a Misa, en preparación a la Navidad. Más que pensar en manjares exquisitos en este Adviento, la Madre quiere que se descubra el «sabor» que tiene la Eucaristía. En cada celebración eucarística, Jesús baja del Cielo a la Tierra para unirse a nosotros, para ser uno con Su pueblo, la Iglesia. Quizá la Madre al darnos este mensaje, piensa también en las muchas profanaciones eucarísticas que se dan, pero también pensará en las Reparaciones que se puedan hacer. Entonces, es tiempo de amar a Jesús Hostia Viva, y a adorarle frecuentemente en preparación a la Navidad.

Al final la Madre nos pide una vez más, oración por los sacerdotes. Ha dicho: «para que tengan la fuerza y el amor de ser puentes de salvación». Entonces, así como oramos en estos días por la paz, de igual modo, hay que hacerlo por los sacerdotes, que estamos urgidos de oraciones, ahora más que nunca cuando nuestro testimonio debe ser más radical, sobre todo en el amor y en la paz.

 

Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz del 25 de octubre de 2015
Medjugorje – Bosnia & Herzegovina y reflexión del P. Francisco Verar

Queridos hijos! Mi oración también hoy es para todos ustedes, especialmente para aquellos que se han vuelto duros de corazón a mi llamado. Ustedes viven días de gracia y no son conscientes de los dones que Dios les da a través de mi presencia. Hijitos, decídanse también hoy por la santidad y tomen el ejemplo de los santos de estos tiempos y verán que la santidad es una realidad para todos ustedes. Regocíjense en el amor, hijitos, porque ustedes son únicos e insustituibles ante los ojos de Dios, porque son la alegría de Dios en este mundo. Testimonien la paz, la oración y el amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

1. María ora por los de corazón duro.

Cada mensaje que la Virgen da es una tarea mensual, pero no anula la anterior sino que la refuerza y la complementa. Se recuerda, una vez más, que María aparece en Medjugorje como catequista, como Maestra de vida espiritual que quiere ayudar a sus hijos en este periodo particular de la historia cargado de muchas sombras, pero también de mucha luz porque María aparece todos los días.

Este mes nos ha dicho: «Queridos hijos, mi oración también hoy es para todos ustedes, especialmente para aquellos que se han vuelto duros de corazón a mi llamado». Esta frase expresa el dolor de María por la indiferencia de muchos de sus hijos, porque a pesar de tantas exhortaciones y muchos signos, aún permanecen indiferentes, cerrados de corazón. Seguramente, al hablar de esta manera, la Virgen piensa en los miles y miles que han peregrinado a Medjugorje, y en otros tantos que, al seguir sus mensajes, no cambian de rumbo y no quieren abandonar el pecado. Por eso, una vez más, Ella ora por esa intención, es decir: para que caiga el muro de la indiferencia mariana. Y espera, además, que su oración cause efecto. Entonces, este mes lo iniciamos contemplando a María en oración por la conversión de hijos «endurecidos», lo cual nos debe llevar a todos a responder con mayor empeño a su llamado, toda vez que la Madre desea que tomemos conciencia que su presencia en Medjugorje obedece a un tiempo de gracia, ha dicho: «Ustedes viven días de gracia y no son conscientes de los dones que Dios les da a través de mi presencia.»

2. Decidirse por la santidad

En la segunda parte del mensaje, la Madre invita nuevamente a sus hijos a que se decidan por la santidad: «Hijitos, decídanse también hoy por la santidad y tomen el ejemplo de los santos de estos tiempos y verán que la santidad es una realidad para todos ustedes.» Es sabido, que exhortaciones similares ha hecho a lo largo de todo el tiempo que aparece en Medjugorje, pero ahora nuevamente vuelve sobre el tema, al contraponer la dureza del corazón, de algunos de sus hijos, a la decisión por la santidad. Son polos opuestos, y como se observa, para la Madre no hay posiciones intermedias, en las cuales, quizá, la mayoría se refleja. Por lo tanto hay que dejarse interpelar por sus palabras.

Es difícil encontrar hoy personas que se decidan por la santidad. Sin embargo, son innumerables las que viven bajo el peso del pecado. Adviértase que Satanás no tiene necesidad de invitar a alguno al pecado, porque a la gente le gusta disfrutar del placer que a Dios ofende. Pero, cuando se habla de la santidad, es diferente, porque para ser santo hay que tomar la decisión de serlo, y además hay que perseverar en esa decisión. Una persona que desee glorificar a Dios con la santidad en su vida, debe hacer de ella una opción continua y colocar a Dios siempre en primer lugar. Sin embrago, es mucho más fácil renunciar a esa vocación y vivir sujeto al pecado. Pero el resultado podría ser nefasto: la condenación eterna con la pena de daño -no ver jamás a Dios- y la pena del sentido- el fuego eterno o el purgatorio. Entonces, la Madre invita al camino de la luz, de la verdad, de la santidad. Y por el contenido de sus palabras, aparece claro que quien se proponga vivir la santidad puede alcanzarla sin problemas mayores. La canonización es otra cosa, porque nadie debe buscar la santidad con el fin de ser un día canonizado; porque sería un gravísimo error de orgullo y vanagloria.

Hubo un santo llamado Simeón (de Siria) que al darse cuenta que todo el mundo lo consideraba como tal, debido a los milagros que hacía y a los consejos atinados que daba a las multitudes, decidió fingir que se había desquiciado y comenzó hacer excentricidades, con el fin que la gente dejada de hablar de su santidad. Y de modo inverosímil, comenzó su hazaña en el mismo pueblo que lo vio nacer. Un día entró en él arrastrando a un perro muerto que encontró en el basurero; le ató una pata al ceñidor de su hábito; corría y gritaba por el pueblo llevando tras de sí una pila de chiquillos que le gritaban al unísono, entre risas y burlas, contra el monje que se había vuelto «loco». Otro día, comenzó a tirar nueces a las velas del altar con el fin de apagarlas, y cuando se indignaron el sacerdote y sus feligreses, se subió al púlpito y tiró las que le quedaban a las mujeres piadosas del templo. Volcó las mesas de los vendedores de pan y repostería para la ofrenda del culto, lo que le costó una buena paliza. Al ser contratado para vender verduras, repartió entre los pobres la mercancía... Reñía entre seriedad y risas a los borrachos diciéndoles que arruinaban su vida libando licor, mientras él bebía un vaso de vino. Vivió sucio y desaliñado en una cueva, y se paseaba por el pueblo adornado con ramas de palmera en la cabeza y llevando uvas y ajos en su cuerpo. Así iba a la plaza del pueblo predicando conversión...Se retorcía entre risas y saltos como un reptil por el suelo.... Y como decían que no probaba bocado en Cuaresma, apareció a la salida de una Iglesia un Jueves Santo, devorando -no comiendo- medio cordero. También buscaba ocasiones para ser humillado, y aceptó con gusto la calumnia de una criada joven embarazada que dijo que él era el padre del niño que lleva en su seno. Sin embargo, a la hora del parto, confesó que era mentira, descubriendo la estrategia del Loco que la cuidó con esmero durante todo el tiempo del embarazo. A su muerte, todos lo tenían por loco, pero 30 años después muerto, el Obispo de Chipre, Leoncio, escribió su vida y milagros bien probados relatados por el diácono Juan, de Edesa. Las excentricidades que hacía eran encausadas para frenar su orgullo, su amor propio, porque los demás lo consideraban santo. Por otro lado, las penitencias que hacía, ya no les satisfacían y por tanto tuvo que recurrir fingir ser esquizofrénico. ¡Hasta donde puede llegar el amor por Cristo y la salvación de las almas!

En el mensaje la Virgen también invita a imitar la vida de los santos, pero de este tiempo. En efecto, Ella no espera que alguno imite las virtudes y excentricidades de Simeón el Loco, porque el camino que presenta María es distinto, es un «camino», en palabra de Santa Teresa de Liseux. Ese «caminito» no es otra cosa que el amor, la paz del corazón y la oración continua con el corazón. Con eso es suficiente para llegar a la santidad. Esta parte del mensaje es importante porque fija la atención en ejemplos concretos contemporáneos, y no en santos del siglo octavo como Simeón el Loco, y, ¡gracias a Dios! tenemos una gran lista. Por ejemplo, el Papa acaba de canonizar el primer matrimonio -juntos marido y mujer- a los padres de santa Teresa de Lisieux. Y recuérdese que una de las constantes llamadas que ha hecho la Gospa en Medjugorje, ha sido precisamente, la de meditar la vida de los santos. Y ahora especifica: que sean de los tiempos nuestros. Seguramente también está pensando, como ha hecho en otros años, en la preparación espiritual para la Solemnidad de «Todos los Santos», y que durante el mes de noviembre, se medite en la vida de ellos.

3. Regocijarse en el amor.

En la tercera parte del mensaje, la Virgen invita a regocijarnos en el amor, quizá porque es el amor el signo más característico de la santidad. Muchos no lo saben, pero el amor divino es, precisamente, la praxis de la santidad, y quien opta por él, debe permanecer alegre porque ha elegido el camino correcto para la salvación de su alma y la de los demás. Luego, esta tercera parte del mensaje, enuncia la síntesis de la vida de virtud: el amor. Quien quiera ser santo debe esforzarse en amar: amar a Dios y amar al prójimo. Solo el amor, y nada más que el amor; porque el amor es el fundamento de todas las demás virtudes. Recuérdese, que los santos fueron quienes más amaron y quienes encarnaron el desafío del amor. ¡Y no hay nada tan bello en este mundo que vivir de amor! Francisco de Asís dijo muchas veces: «el Amor no es amado». Se refería a Jesús crucificado que no era suficientemente amado, pero también hacía una exhortación a dejarse amar por Él, toda vez que cuando se le ama Él mismo da la capacidad para amar al prójimo, por muy herido que esté un corazón. Entonces, la Madre quiere que se busque siempre el amor y desde el amor se pueda crecer en la santidad. Y esto no es complicado. Lo complicado, al parecer, es decidirse por el amor, por la santidad. Y la vía para empezar y permanecer en esta opción es la oración. Porque quien sabe orar sabe amar y aprende amar. Recuérdese que lo que aumenta el «mercurio» del termómetro del amor es la oración con el corazón. Por eso no hay que olvidar los mensajes anteriores donde la Madre invitó tres meses seguidos a la oración continua y con el corazón. Entonces, sin oración no hay amor.

La Virgen en el mensaje, también ha dicho que nosotros somos «la alegría de Dios en este mundo». Esta expresión es hermosa, toda vez que Dios se regocija en nosotros, a pesar de nuestras fallas y miserias. Su mirada permanece en sus hijos que son el deleite de Su Corazón, y por lo mismo, hay razón poderosa para vivir contento y superar la imagen negativa, o disminuida, que alguno pueda tener de sí mismo. Lo ideal sería, que, con este mensaje que la Madre ha dado, todos nos comencemos a ver con el prisma de la estima que Dios tiene por nosotros. Obsérvese, lo que ha dicho la Madre: «ustedes son únicos e insustituibles ante los ojos de Dios, porque son la alegría de Dios en este mundo». Entonces, quien se sienta apesadumbrado por el peso de sus errores, o bien por las arideces en las que se encuentra, bien le ayudaría a meditar en las palabras de la Virgen porque Dios está siempre de parte de sus hijos y con el deseo de ayudarles. Probablemente, con este mensaje, la Madre nos esté introduciendo ya en la espiritualidad del Año Santo de la Misericordia que está a las puertas y que inicia el próximo 8 de diciembre con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Recuérdese que el fin de este Año Santo es: «contemplar la Misericordia de Dios para ser en el mundo misericordiosos como el Padre» y el mensaje de la Virgen habla claramente de la Misericordia de Dios hacia nosotros: «ustedes son únicos e insustituibles ante los ojos de Dios, porque son la alegría de Dios en este mundo».

4. Testimoniar la paz, la oración y el amor.

En la cuarta parte del mensaje, la Madre hace una última exhortación: «Testimonien la paz, la oración y el amor» y este trinomio es inseparable. Recuérdese que desde el inicio de sus apariciones, la Gospa hizo el llamado a vivir primero la paz en el corazón, luego en la familia, para posteriormente llevarla al entorno. Ese fue el programa pastoral del inicio. Pero luego, comenzó hablar de la oración como el medio por excelencia para lograr la paz, para pedir entonces la santidad. Este, pues, es el resumen de muchas catequesis y exhortaciones Suyas, excelente programa para vivir este mes a las puertas del Año de la Misericordia.

 

Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz del 25 de septiembre de 2015, dado a la vidente Marija y reflexión del p. Francisco Verar

"Queridos hijos, también hoy oro al Espíritu Santo para que llene sus corazones con una fe firme. La oración y la fe llenarán su corazón de amor y de alegría, y ustedes serán una señal para aquellos que están lejos de Dios. Hijitos, exhórtense unos a otros a la oración con el corazón, para que la oración llene su vida, y ustedes, hijitos, cada día serán, sobre todo, testigos del servicio a Dios en la adoración y al prójimo en la necesidad. Yo estoy con ustedes e intercedo por todos ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

El mensaje de este 25 de septiembre, se podría ver como una preparación al mes del santo Rosario, mes de oración por excelencia en la Iglesia. El mensaje se divide en tres partes.

María intercesora. En el mensaje la Madre dice que ora. La oración fue el apostolado que la Virgen en su vida terrena más realizó, a parte de la educación de Su Hijo. Y se observa, como la educación de un Hijo y ser esposa, camina a la par de la vida de oración. Es decir: se educa y se sirve a la vida desde la oración y la oración misma enseña a educar y a servir. Ese fue el rol que la Madre desempeñó en la tierra, pero según el mensaje del 25 de septiembre, aún lo continua ejerciendo por nosotros en el Paraíso. Es decir: la Virgen educa hoy a sus hijos desde Su oración en los Cielos, y mientras los educa también ora. Luego, en el Cielo es donde más se ora y la vida de oración que podamos desarrollar en el tierra, será una preparación para la vida del Paraíso: sin oración no hay vida eterna. Luego, ¿por que María ora o para qué ora? Ella mima lo dirá: para que el Espíritu Santo llene los corazones de sus hijos con una fe firme, porque la oración y la fe llenarán el corazón de amor y de alegría, y nosotros seremos así una señal para aquellos que están lejos de Dios. Pero ¿porqué la Madre en lugar de pedirnos que oremos al Espíritu Santo para que nos dé una fe firme, a fin de ser señal para los que están lejos de Dios prefiere orar por esa intención? La respuesta no es complicada: porque Su oración es tan poderosa como lo pudiera ser un exhortación que Ella misma nos proponga. Y eso es un ejemplo para nosotros. Nosotros debemos, pues, imitarla; más aún, en muchos mensajes nos lo ha pedido: que oremos por esta necesidad: para que el Espíritu Santo llene nuestros corazones y así desarrollemos una fe firme frente a los tiempos que vivimos, de manera que seamos amor y alegría, signos vivos para quienes están lejos de Dios. Pero en el mensaje Ella nos recuerda que ora por esa intención. Entonces, hay que meditar en esas palabras, en esa intención que la Madre tiene en Su Corazón Inmaculado.

Exhortar a los demás a la «oración con el corazón». La segunda parte del mensaje es una petición que la Virgen hace: que sus hijos se exhorten mutuamente a la llamada «oración con el corazón». Y para observar la fuerza que tiene esta llamada, hay que considerar además, que en los dos últimos mensajes del 25, la Virgen ha hablado sobre este particular. Obsérvese que el 25 de agosto dijo: «queridos hijos, también hoy con alegría estoy con ustedes y los invito a todos, hijitos: oren, oren, oren para que comprendan el amor que tengo hacia ustedes». Luego en el mes de agosto, mencionó: «queridos hijos, también hoy los invito a que sean oración. Que la oración sea para ustedes las alas para el encuentro con Dios.» Y ahora mencionó: «exhórtense unos a otros a la oración con el corazón, para que la oración llene su vida, y ustedes, hijitos, cada día serán, sobre todo, testigos del servicio a Dios en la adoración y al prójimo en la necesidad.» Adviértase entonces, la continuidad con el tema de la oración: 1º la oración continua: «oren, oren, oren»; 2º: «ser oración»; 3:º «exhortar a los demás a la oración con el corazón». Son tres llamadas distintas pero relacionadas. Y esto se evidencia, porque quien no tiene vida de oración no puede invita otros a tenerla; sobre todo, la llamada «oración con el corazón».

La «oración con el corazón» es una de las características de la espiritualidad de Medjugorje y para entenderla hay que orar continuamente como enseña la Madre. Ella ha dicho que esa oración no se puede aprender con los libros, sino que cada quien la aprende por sí mismo cuando cada día se esfuerza en practicarla. No se trata de orar en grupo, no de rezar el rosario o meditar la Biblia. Por citar solo algunos recursos para la oración. Sino de abrir primero el corazón; sea cual fuere el recurso que se utilice. Porque lo primero en la «oración del corazón» es abrir el corazón a Dios, ponerse cada día delante de Él, con las puertas abiertas de par en par, sin algún tipo de reservas. Quizá la mayor crisis que estamos confrontando en la Iglesia sea precisamente el no saber orar. Por eso también la Madre exhorta de hablar a los demás sobre esta expresión de oración. Pero quien no ora continuamente y no ha hecho de su vida oración, no podrá ayudar a los demás a orar.

La vida de oración sólo se aprende a los pies de Jesús, por lo que para exhortar a los demás a la «oración con el corazón» hay que doblar rodillas, hay que «tratar de amistad estando mucha veces a solas con Quien sabemos nos ama», ya escribió Santa Teresa de Ávila. Y este tratar de amistad con Quien sabemos nos ama, es ante todo nuestro primer deber. La Madre lo recuerda frecuentemente. Pero queda siempre el inconveniente: ¿puede una persona que no ora frecuentemente ­¾y su vida no es la oración¾, exhortar a los demás a que oren? ¡Imposible! ¡Este es el problema! Y por eso la Madre primero habló de la oración continua, luego hizo la llamada a «ser oración», para luego pedir que exhortemos a los demás a la oración con el corazón.

Nunca antes en la historia de la Iglesia, había resonado, por tantos años, una llamada como esta. Hay que afirmarlo una vez más: Medjugorje no se entiende sin la oración, porque la llamada de Medjugorje fundamental, es a ser de la vida oración. Por eso la Madre vuelve siempre sobre este tema. Pero hay una dificultad: a pesar de tantos llamados, la mayoría quizá no responde. Hay gente que habla mucho de Medjugorje pero tienen poca vida de oración, y hay otros que ven en Medjugorje una oportunidad para lucrar. ¡Peor aun! Porque lo esencial de Medjugorje es la oración: orar continuamente y saber hacerlo. En dicho sentido, hay que ver Medjugorje como una gran escuela de oración, de la oración con el corazón, y esto se entiende a los pies de Jesús. No entenderemos Medjugorje si el Papa lo aprueba o no; se entiende Medjugorje solo delante de Jesús. Luego, para exhortar a los demás a la oración con el corazón, primero hay que orar con el corazón y transformar la vida en oración. Por eso todo comienza al ponerse cada día delante de Jesús. Allí se descubre que la oración no es repetir palabras, pedir algo, cumplir con un deber... sino experimentar cada vez con mayor intensidad, el fuego del amor de Dios. Dios es fuego devorador, Dios es solo amor y el amor mismo. Pero esto no hay que repetirlo a los demás, por el contrario, hay que vivirlo, porque también vivimos para orar y oramos para vivir.

Este año celebramos los 500 años del nacimiento de Tersa de Jesús y el próximo 15 de octubre honramos su Memoria. ¿Y quien fue Teresa? La gran reformadora del Carmelo, pero la «reforma» que primero hizo fue la de su propia vida, y esta reforma la logró por medio de la oración con el corazón. Y Teresa habló de 4 grados de la oración con el corazón en el libro de su Vida (cap. 11 al 18) y en el Castillo Interior de 9. Obsérvese.

Primer grado de oración: «De los que comienzan a tener oración podemos decir son los que sacan el agua del pozo, que es muy a su trabajo, como tengo dicho, que han de cansarse en recoger los sentidos, que, como están acostumbrados a andar derramados, es harto trabajo». (V. 11, 9) En esta manera de orar se experimenta trabajo y esfuerzo, por no estar acostumbrado a recogerse en el interior del alma. El hombre está «derramado» hacia el exterior y por tanto, su oración es fatigosa y con escaso fruto. Sentirá malestar y disgusto cuando, a pesar de su trabajo en recogerse y meditar, no halle en sí más que sequedad y vacío. Santa Teresa invita a quienes comienzan este camino a no quedarse en una praxis de la oración que solo agrada al sentido. No hay que quedarse atado del ejercicio de la oración dura, sino abrirse a una relación de amistad desinteresada.

Segundo grado de oración: Se saca el agua con una noria: «...con noria y arcaduces, que se saca con un torno (yo lo he sacado algunas veces), es a menos trabajo y sacase más agua» (V. 11,7) Aquí el orante experimenta ciertos gustos muy particulares que no vienen de ninguna manera procurados por su mucho discurrir o meditar en las cosas de Dios. Aunque en este grado no se ha de dejar del todo la oración mental, Teresa nos habla de la oración de quietud, que es precisamente una comunicación de Dios al alma en la que la persona siente en sí un recogimiento hacia lo profundo de su ser, en el que su voluntad siente y goza claramente de unos gustos, contentos, que no había conocido antes en ninguna cosa de este mundo: «Aquí se comienza a recoger el alma, toca ya aquí cosa sobrenatural, porque en ninguna manera puede ganar aquello por diligencias que haga» (V. 14,3)

Tercer grado de oración: el agua con que se riega esta huerta del alma «es agua corriente de río o de fuente, que se riega muy a menos trabajo, aunque alguno da el encaminar el agua. Quiere el Señor aquí ayudar al hortelano de manera que casi él es el hortelano y el que hace todo» (V.16,1) Se refiere a que nuevamente Dios sale al encuentro del orante con una acción mucho más abundante. Teresa nos habla del sueño de potencias (memoria, entendimiento y voluntad) como oración propia en esta tercera manera de riego. La experiencia de la gracia es mucho más clara que en la oración anterior. La acción de Dios en este grado de oración, alcanza al hombre en su interior, en sus facultades, de manera más intensa que en la oración de quietud. Esta acción de Dios «adormece» al hombre con relación a todo lo creado, porque está profundamente cautivo por Dios. La persona siente en sí «embriaguez y desatino de amor». «Glorioso desatino, una celestial locura» (V.16,1-2). «Ya, ya se abren las flores, ya comienzan a dar olor» (V.16,3) deseosa de servir a su Señor.

Cuarto grado de oración: «... es agua que viene del cielo para con su abundancia henchir y hartar todo este huerto de agua» (V. 18,9). Se trata de la oración de unión de todas las facultades del alma en la que la acción de Dios envuelve y domina a la persona. Santa Teresa describe así la oración de unión: «Acá no hay sentir, sino gozar sin entender lo que se goza. Entiéndase que se goza un bien adonde juntos se encierran todos los bienes, mas no se comprende esto bien. Ocúpense todos los sentidos en este gozo, de manera que no queda ninguno desocupado para poder en otra cosa exterior ni interiormente» ocuparse. (V.18, 1) El alma «siente con un deleite grandísimo y suave casi desfallecer toda con una manera de desmayo... toda la fuerza exterior se pierde y se aumenta en las del alma para mejor poder gozar de su gloria. El deleite exterior que se siente es grande y muy conocido» (V.18, 10) La acción de Dios es tan fuerte que suspende todas las facultades del alma, de modo que el orante no puede ocuparse en nada. «Dios coge al alma y la lleva consigo» «Viene un ímpetu tan acelerado y fuerte, que veis sentir y sentís levantarse esta nube (de la gran Majestad de Dios)». En esta oración hay una unión total de la persona entera en Dios: interior y exterior. Santa Teresa llama a esta gracia de unión levantamiento de espíritu o vuelo de espíritu y unión.

Es importante destacar que a esta oración de unión se llega normalmente, después que el orante se ha ejercitado durante largo tiempo en la oración mental. Y como se observa, la Virgen quiere que lleguemos a ella. Por eso en el mensaje del 2 de septiembre pasado habló de esta manera: «si se aman unos a otros, orarán con el corazón y alcanzarán cumbres espirituales y se abrirá para ustedes el camino hacia el Paraíso.» Las cumbres espirituales de las que habla María es la plena unión con Dios por medio de la oración con el corazón. Pero el problema mayor es el activismo, sobre todo, encausado para hacer dinero. Porque la gente ha perdido su dimensión sobre natural y muchos piensan, equivocadamente, que el fin del hombre en la tierra es hacer dinero, será más feliz quien más dinero hace. Pero también hay otras argucias del demonio: como meterle en la cabeza a las personas que si no se casan y encuentran una pareja ideal no podrán ser felices, ni realizarán su «vocación» en la tierra. O bien, seguir a toda costa los «atractivos del consumo»: ropa, tecnología, viajes de turismo, droga, alcohol, sexo... Por «allí no», dice la Madre: «hay que darle a Dios el primer lugar en la vida» y la vía para conquistar esto es «la oración con el corazón.»

3. Acompañamiento materno. Al final del mensaje la Madre recuerda su acompañamiento personalizado como tantas veces a mencionado: «Yo estoy con ustedes e intercedo por todos ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!» En la tarea de orar con el corazón y enseñarles a otros a realizarla, no estamos solos la Madre camina con nosotros y esto se experimenta también con el rezo del rosario, por lo cual hay que recordar que además de practicar la oración metal (o de meditación y contemplativa) no debemos dejar nunca de rezar el santo rosario, dulce cadena que nos ata a María.

 

Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz, desde Medjugorje, del 25 de agosto de 2015, y reflexión del P. Francisco Verar

"Queridos hijos! También hoy los invito a que sean oración. Que la oración sea para ustedes las alas para el encuentro con Dios. El mundo se encuentra en un momento de prueba porque ha olvidado y ha abandonado a Dios. Por eso, hijitos, sean aquellos que buscan y aman a Dios sobre todas las cosas. Yo estoy con ustedes y los guio hacia mi Hijo, pero ustedes tienen que dar su sí en la libertad de los hijos de Dios. Intercedo por ustedes, hijitos, y los amo con un amor infinito. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

La Virgen María continúa hablándonos, gracias a Dios, 2 veces a la semana: 25 y 2 de cada mes. Estos mensajes son para la Iglesia y para el mundo. Y si la Madre habla es por alguna razón, entre otras, porque nos quiere ayudar. Y nosotros podemos tomar sus mensajes, o bien, rechazarlos. Sin embargo, Ella como Madre, siente la necesidad de ayudarnos, porque de lo contrario dejaría de hablar. Este mes nos ha dicho: «Queridos hijos, también hoy los invito a que sean oración. Que la oración sea para ustedes las alas para el encuentro con Dios.» Si dice, «también hoy los invito a que sean oración», es para recordarnos que otras veces nos ha pedido lo mismo, y ve la necesidad de volverlo a repetir. Seguramente, porque no ve la respuesta como se debe. Entonces, el mensaje de este mes es una nueva llamada a la oración. Es decir, al diálogo con Dios cara a cara. Esta llamada es siempre la más insistente de la Madre desde que aparece en Medjugorje. En efecto, Ella quiere que sus hijos oren más y hablen menos; como también ha dicho. Quiere que cada día nos encontremos con Jesús en la oración. Pero obsérvese, que nos se trata de orar por orar, como si fuera por compromiso, sino de llegar a ser la oración misma, que es otra cosa. La mayoría de los medjugorianos, seguramente, oran, pero pocos han llegado a ser oración, que es distinto. Entonces, puntualicemos: una cosa es orar y otra llegar a ser la oración misma. Y si una persona ora poco jamás llegará a ser oración. ¿Pero, puede una mujer común, un joven estudiante, un trabajador común llegarse a transformarse en oración? Por su puesto que sí. Porque de lo contrario la Madre no lo pediría. Ahora vemos que significa llegar a ser oración.

Para llegar a ser oración hay que dedicar cada día un tiempo a Dios. Lamentablemente, la gente no quiere orar y no le ve la importancia que la oración tiene. Por eso hay que comenzar con la disciplina: cada día ponerse delante de Dios. Y cuando lo hacemos no son tan importantes las palabras, ni los recursos (liturgia de las horas, el rosario, la Lectio Divina, la coronilla de la Misericordia...), sino que lo más importante es el corazón se abra y permanezca abierto a Dios durante la oración. Y esto hay que hacerlo cada día. No se puede hacer un día si y otro no, de orar «cuando tengo ganas». Porque para llegar ha ser oración hay que colocarse todos los días delante del Amado. Dice la carta a los Hebreos que nuestro «Dios es fuego devorador». Pero ese fuego devorador es un fuego de amor, puro amor. El hombre que llega a ser oración llega a transformarse en eso mismo: «fuego devorador de amor». Pero todo comienza con la disciplina. Quien no se disciplina y se coloca todos los días delante de Dios con el corazón abierto, no sabe lo que es el verdadero amor. Entonces, cuando se ora, todos los días se le debe permitir a Dios que la cera del corazón humano se derrita delante de Él. Es como cuando en una hoguera introducimos la leña para ser consumida por el fuego, porque se espera que arda y caliente la casa porque hace frío. Es lo mismo. El mundo está helado: frío de amor, de paz, de alegría y la Madre quiere que nosotros los cristianos lo calentemos con el fuego del amor de Dios. Pero, lamentablemente, encuentra pocos corazones que quieran derretirse delante de Dios como la cera se derrite en el fuego, como la leña se consume en la una hoguera. La Madre necesita corazones generosos que calienten el mundo con el fuego del amor de Jesús y sin la oración es imposible. Entonces no queda más que enamorar de Jesús, él gran marginado de los tiempos presentes.
Para llegar a ser oración hay que saber orar. Otro problema que se encuentra en la vida de oración es que la gente no sabe orar. Muchos lo hacen solo por rutina. Como hemos dicho, cuando se ora hay que abrir el corazón, hay que disciplinarse, pero también hay que hacer «silencio interior». Este particular es importante. La gente ora pero con la mente, en primer lugar, y luego, nos se saben abrir el corazón, por último: se ora con el ruido del mundo: las preocupaciones, los problemas. La gente cuando ora no sabe abandonar el stress en el que viven. Y de esta forma no se puede escuchar a Dios. Por eso hablamos del «silencio interior». Este concepto es fundamental. En medio de una plaza pública, donde hay coches, gente que camina y cientos que hablan, no se puede escuchar el trinar de una pequeña ave y la tierna voz de un niño que le dice a su madre que la quiere. Lo mismo ocurre en la oración. El corazón de muchos se asemeja a una plaza de un mercado, de uno de nuestro moles modernos. ¿Cómo escuchar a Dios con tanto ruido? Es muy difícil, por no decir que en la mayoría de los casos es imposible. Entonces, para ser oración hay que saber hacer el «silencio interior». Hay que saber callar el corazón y la mente. Por eso se aconseja recogerse en el silencio exterior. Porque ayuda. Pero por otro lado, hay que aprender a dominar la ansiedad de querer encontrar respuestas a todo. Hay que vivir con la paz en el corazón. Los antiguos llamaban a esto «hesicasmo». El hesicasta es aquel que ha hallado la paz del corazón, la paz interior, la paz necesaria para orar. Esto, definitivamente es un don. Pero Dios, sin lugar a dudas, lo da a quien diariamente se esfuerza en orar. Por eso sería ideal pedirle a Dios ­¾para transformarse en oración como quiere la Virgen­¾, el don del silencio interior: pedirle a Dios que serene el alma del ruido que a acumulado del mundo exterior, del trabajo, de los amigos, de la Televisión, del internet, de la esclavitud de las redes sociales. Y por todo esto la Virgen dice: «sean oración». No dice: «oren». Sino «sean oración» y la oración es el recogimiento interior, es paz, es silencio... porque en la oración Dios habla y Su voz es la importante, no la nuestra.

Para llegar a ser oración hay que estar siempre en paz con Dios. Es imposible ser oración enemistado con Dios. Vivir atado al pecado. Por eso, para llegar a ser oración, habría que preguntarse si hay esclavitudes interiores. Y si las hay, recurrir de inmediato al confesonario y hacer una buena confesión. ¡Si es necesario hasta las lágrimas! Pedir perdón por el orgullo, por no dejar al Espíritu Santo actuar en el corazón. Con el pecado nos se puede orar debidamente. Por lo cual, hay que vivir en conversión constante. Con una doble vida es imposible transformarse en oración. De hecho, hay mucha gente que tiene su corazón dividido y quieren tener experiencias fuertes de Dios en la oración. ¡Esto es imposible! y a esa gente el demonio las engaña con las ilusiones. Incluso, con cierto tipo de mociones interiores que se las atribuyen a Dios cuando son fruto de su imaginación. Se creen cerca de Dios cuando en el fondo son sus grandes enemigos porque viven en pecado. Pero lo peor, es que se han acostumbrado en vivir tanto en el pecado que difícilmente pueden salir de él. Y por lo mismo, nunca llegarán a orar con el corazón ni transformarán sus vidas en oración. Entonces, lo único que les queda es dejar el fariseísmo en el que viven y tomar la conversión en serio: dejar de jugar con Dios. En algunos casos en necesario confesarse cada semana, y antes de ir al confesonario hacer el debido examen de conciencia con el evangelio en mano y además repasar cada uno de los pecados capitales.

Para llegar a ser oración hay que ponerse en paz con el prójimo. Lo que significa primero perdonar de corazón. Luego, hay que pedir perdón con el corazón. La Virgen al inicio de las apariciones dijo: «para poder orar con el corazón hay que perdonar y pedir perdón». Y lo mismo se aplica para llegar a ser oración. La persona que no perdona con el corazón no puede llegar a ser oración, porque la oración es reconciliación, fraternidad. Luego, hay que examinar sin hay alguna persona o acción del prójimo, que causa interiormente rencor. Y luego perdonar de corazón. Muchas veces el corazón, como mecanismo de defensa, se engaña: piensa que ha perdonado, que no guarda rencor, que ya todo paso. Por eso es importante recordar las acciones del pasado para ver si al recordarlas todas se recuerdan con paz, con amor... De lo contrario, pude existir el rencor enmascarado y eso dificultará la oración. Lo mismo se dice de la humildad que debemos practicar cuando hemos ofendido a alguien. Si lo herimos debemos pedirle perdón, no disculpas, porque las disculpas la piden los orgullosos pero los humildes piden perdón. Será difícil llegar a ser oración si no se practica la humildad con el prójimo, porque Dios es humilde y quiere que sus hijos sean como Él.

Para llegar a ser oración hay que ser constante en el trato con Dios. Porque una cosa es disciplinarse y orar todos los días con el corazón abierto y otra ser constante, no dejarlo de hacer nunca. En la constancia está la transformación en la oración, es algo que se adquiere con los años y con la ayuda de Dios, a tal punto que luego Dios y el hombre se hacen uno. Como dijo San Pablo: «ya no soy yo quien vive sino Cristo en mi». Se trata entonces de vivir en la presencia de Jesús siempre: las 24 horas del días, los siete días de la semana. Es cuando ocurre lo que Teresa de Ávila denominó en las Moradas: el matrimonio espiritual con Dios. Es semejante a lo que ocurre cuando el agua de la lluvia se mezcla con el agua del mar o cuando los arroyos desembocan en el océano. Es imposible separar las aguas una vez que se han mezclado. Obsérvese que es lo que la Madre pide cuando dice: «Queridos hijos, También hoy los invito a que sean oración. Que la oración sea para ustedes las alas para el encuentro con Dios.» Ser oración es volar hacia Dios con alas propias y vivir sujeto a Él. No se llega a Dios con el móvil en las manos sino con las alas de la oración. María quiere que las almas, en lugar de chatear con el mundo, chateen primero con Dios, con Jesús. Por eso hay que tener el Rosario siempre en las manos en lugar del móvil. Escoger entre el móvil o el Rosario, porque no se puede con las dos cosas, porque se amará a una y se aborrecerá la otra. Cómo ya dijo Jesús respecto al dinero y a Dios.

Luego, la Virgen ha dicho: «El mundo se encuentra en un momento de prueba porque ha olvidado y ha abandonado a Dios.» Esta frase es clave y ¡qué apropiado que la Madre lo recuerde! Porque, al parecer, muchos cristianos no se han percatado de esta realidad. Entonces, el problema de la crisis hoy, se origina porque el ser humano ha olvidado a Dios y ha abandonado a Dios. Luego, el problema no es la economía, la falta de trabajo, la falta de novios y novias serios que quieran compromisos estables y honestos... Tampoco la falta de moralidad, la drogadicción, el alcoholismo, los juegos de azar, los abortos, la eutanasia, el calentamiento global... No. Todo se origina en el distanciamiento de Dios. Este es el verdadero problema y la Madre viene a evangelizarnos, viene a ayudarnos. Ella está preocupada por el mundo. La verdadera crisis se da por que el mundo ha expulsado a Dios, y la manera de acercarse a Él es a través de la conversión y de la vida de oración. Nos toca recordarlo con la Reina de la Paz, sin miedo. Pero para poderlo recordar a todos hay que orar mucho para no caer en las mismas pruebas que la Virgen habla. Porque también puede ocurrir que los cristianos, por dejar de orar, se alejen de Dios; aún participando de la Iglesia. Por lo cual hay que recordar que no basta ir a Misa y trabajar en la Iglesia para estar cerca de Dios. No. Hay que permanecer en silencio cada día delante de Él para que le hable al corazón y lo llene de Su presencia, de Su amor. Por lo tanto, no hay que quedarse observando la «prueba» en la que el mundo se encuentra, sino que hay que «observar» a Dios con el corazón cada día. Y a Dios se le «observa» cuando en la oración se ama. La mejor oración es la que más amor tiene. Ser oración es lo mismo que ser amor.

También al Madre ha dicho: «Por eso, hijitos, sean aquellos que buscan y aman a Dios sobre todas las cosas. Yo estoy con ustedes y los guio hacia mi Hijo, pero ustedes tienen que dar su sí en la libertad de los hijos de Dios.» Esta penúltima parte del mensaje es importantísima, es el desafío, es el reto, la llamada a trabajar por la salvación de las almas y salir de la mediocridad espiritual. La Madre dice «sean aquellos que buscan y aman a Dios sobre todas las cosas» No es difícil cuando se ora y se recuerda que la única manera para cumplir con esta llamada es orando como se debe. Porque es cuando se ora cuando Dios puede ser amado por encima de todas las cosas. Es lo mismo que tener a Dios en primer lugar en el corazón. Cuando una persona está enamorada de otra lo tiene en primer lugar en su corazón. Por lo general, la gente tiene a otras personas en primer lugar y tiene otras cosas: el dinero, el trabajo, el juego... Entonces, se trata de que Dios ocupe el primer lugar y la vía es el amor hacia Él. Y esto es el fruto de la oración. Diríamos el primer fruto. Para la gente es más fácil enamorarse de un ser humano que de Dios, y la razón: porque no quieren orar como se debe.

Al final la Madre dice: «Yo estoy con ustedes y los guio hacia mi Hijo, pero ustedes tienen que dar su sí en la libertad de los hijos de Dios. Intercedo por ustedes, hijitos, y los amo con un amor infinito.» Esta última parte del mensaje se divide en dos partes. En la primera la Madre habla de que está con nosotros: nos ayuda, intercede, nos guía hacia Jesús, pero espera que sus hijos den el «SI». ¿A qué se refiere? A que se decidan a orar, y por medio de la oración Dios ocupe el primer lugar en el corazón, luego ayudar al mundo a salir de la «prueba» en la que está por haber expulsado a Dios. La Madre puede decir muchas cosas bonitas, pero si el ser humano no se decide en responder a las palabras de María estas quedan vacías. La Madre quiere respuesta, no promesas, no deseos de orar, no devocionismo. Muchos medjugorianos ­¾hay que advertirlo¾ han hecho de Medjugorje una devoción más, puro pietismo, en lugar de escuela de vida. Y María no quiere eso. Por eso dice: hay que dar el «SI» y no quedarse en la devoción o en los deseos de colaborar. En otras palabras: se trata de una decisión en la libertad, de salir del «comodismo» (valga el neologismo), de salir de la vida espiritual del menú a la carta: «tomo lo que me gusta, lo que puedo hacer». Esa mentalidad es la errada. María ha dicho que debemos ayunar dos veces a la semana a pan y agua, orar 3 horas diarias, la Confesión mensual, el grupo de oración, el rosario tres veces al día, la Misa diaria, la lectura de la Biblia diaria... y ha hablado mucho de la conversión, que siempre es lo primero. Porque sin la conversión no puede haber respuesta alguna.

 

Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz, desde Medjugorje, del 2 de agosto de 2015, y reflexión del P. Francisco Verar

"Queridos hijos, Yo, como Madre que ama a sus hijos, veo cuan difícil es el tiempo en el que viven. Veo su sufrimiento. Pero deben saber que no están solos. Mi Hijo está con ustedes. Está en todas partes: es invisible, pero lo pueden ver si lo viven. Él es la luz que les ilumina el alma y les concede la paz. Él es la Iglesia que deben amar y por la que siempre deben orar y luchar; pero no solo con las palabras sino con las obras de amor. Hijos míos, hagan que todos conozcan a mi Hijo, hagan que sea amado, porque la verdad está en mi Hijo nacido de Dios, Hijo de Dios. No pierdan el tiempo en reflexionar demasiado, se alejarán de la verdad. Con un corazón simple acepten Su Palabra y vívanla. Si viven Su Palabra, amarán con un amor misericordioso. Se amarán los unos a los otros. Cuanto más amen estarán más lejos de la muerte. Para aquellos que vivan la Palabra de mi Hijo y la amen, la muerte será la vida. ¡Les doy las gracias! Oren para que puedan ver a mi Hijo en sus pastores, oren para que lo puedan abrazar en ellos."

Al momento que la Madre de Dios dio su mensaje habitual del día 2 de mes, se desarrolla el Festival Internacional de los jóvenes, con la asistencia de más de 50,000 chicos y chicas de todo el mundo y más de 500 sacerdotes. El Cardenal Christoph Schönborn, Arzobispo de Viena, envió un mensaje al comienzo del Festival de la Juventud 2015 con estas palabras:

«¡Queridos jóvenes que han regresado nuevamente a Medjugorje en gran número! En estos días estoy con ustedes con el corazón y en la oración intensa. Hoy se celebra la memoria de San Ignacio de Loyola. Él sólo tenía un deseo: colocarse totalmente a disposición de Dios, para la difusión de su Reino. Esta disponibilidad ha dado frutos muy grande, el más reciente de los cuales, en orden a los tiempos, es nuestro querido Papa Francisco, el primer Papa llegado de la Orden de los Jesuitas. ¡Encomendémosle a él a la Virgen y su ministerio! Jesús nos dice que digamos lo que Ignacio ha puesto efectivamente en práctica, a saber: "¡Aquí estoy! ¡Quiero recorrer el camino de mi vida en comunión contigo, junto a ti!. ¡Que el Señor los bendiga a ustedes y los días que están transcurriendo en Medjugorje con Él y Su Madre! Oren también por el Sínodo de la Familia. De ustedes, Christoph Cardenal Schönborn»

El mensaje de este 2 comienza diciendo "Yo como Madre que ama a sus hijos, veo cuan difícil es el tiempo en el que viven. Veo su sufrimiento". Estas palabras de María, expresan su solidaridad con todos sus hijos que pasan una especie de noche oscura. La "noche oscura" siempre trae bendición, porque es una purificación del alma, pero también trae sufrimiento, dolor. Pero en el mensaje la Virgen se refiere que es a causa de los tiempos en los que estamos viviendo: son tiempos de "lucha". Lo ha dicho muchas veces la Virgen. Esta es una de las razones del porqué Ella está con nosotros: nos quiere ayudar.

En el mensaje, la Virgen dice que, en el tiempo del sufrimiento, causado por los tiempos que se viven, no estamos solos: Jesús está con nosotros. "Él es invisible", ha dicho la Virgen, pero también nos ha dicho cómo se puede ver: solo si lo vivimos en el corazón, porque viviéndolo nos da la luz que necesita el alma, y de esta manera nos concede la paz. Entonces, el mensaje de este 2 de mes, más que una invitación a abrirle el corazón a María, es una invitación a abrirle el corazón a Jesús, para que Él nos dé su luz y nos enseñe a vivir estos tiempos difíciles. Si no le abrimos el corazón a Jesús y Él no vive en nosotros, el sufrimiento puede aplastar a cualquiera. Esta es la razón por la que muchos en el sufrimiento y en el dolor, pueden pensar en quitarse la vida, divorciarse, irse a vivir a otro país, dejar un trabajo, dejar de servir a la Iglesia, etc. Todos estos serían caminos equivocados. Ni la Virgen ni Jesús nos quitarán el sufrimiento, jamás, pero nos enseñan cómo el sufrimiento le da sentido a la vida cuando se le abre el corazón a Jesús. Es entonces, cuando el mismo sufrimiento se llena de luz, en lugar de la oscuridad que trae naturalmente. Los santos llenaron el sufrimiento de luz y por eso anhelaron hasta el martirio. Cuando el sufrimiento no se llena de luz el alma se llena del espíritu derrotista de Satanás.

En el mensaje también la Virgen nos dice que Jesús es la Iglesia. No dice que está en la Iglesia ni que fundó la Iglesia, sino que es la Iglesia misma, porque Jesús está presente en todos los que conformamos la Iglesia: jerarquía, quienes abrazaron la vida religiosa y laicos. Y la Virgen nos dice que debemos amar a la Iglesia y que debemos orar siempre por Ella, que debemos luchar por Ella. Pero también especifica que no se lucha por la Iglesia con palabras, sino con obras de amor. Es decir, con la santidad. Si no hay amor no hay santidad y sin santidad no hay amor verdadero.

En el mensaje de este 2, la Virgen nuevamente nos ha invitado a la evangelización. Tiene más de un año invitando a sus hijos, en el mensaje del día 2, a la evangelización. Es obvio que a la Madre le preocupa la salvación de las almas. Recordemos que ya San Pablo dijo que la fe entra por el oído. Pero la fe no puede entrar por el oído si los bautizados no hablamos de Jesús. Quienes más pueden hablar de Jesús son quienes optan por la vida consagrada, porque su vida se hace palabra de Jesús viviente, aunque no hablen. Pero también los laicos pueden hablar de Jesús y deben hablar de Jesús. La Virgen dice "hagan que todos conozcan a mi Hijo, hagan que sea amado porque la Verdad está en mi Hijo nacido de Dios". "No pierdan el tiempo en reflexionar demasiado, se alejarán de la Verdad".

Reflexionar es importante pero también reflexionar demasiado hace daño, porque entre más una persona reflexiona, más se puede alejar de la Verdad. Y de esta manera la razón no ayudará. Jesús no nos enseñó tanto a reflexionar sino a confiar en Dios. A abandonarnos en Él. La razón por la que muchos se han apartado de Dios es por haber reflexionado demasiado. La razón es un don de Dios, pero cuando la razón se coloca por encima de la fe y de la misma Palabra de Dios, deja de ser un don para convertirse en enemigo de Dios. Puede luchar incluso hasta con el mismo Dios. Satanás usó la razón para hacer caer a Eva y a Adán; y también hoy usa la razón para alejar a multitudes de Dios. La razón es buena pero también es frágil y peligrosa. Hitler utilizó la razón para justificar el exterminio de multitudes, como también los que defienden hoy el Estado Islámico, las mujeres y médicos que abortan, los matrimonios homosexuales con adopción de niños, el alquiler de vientres, el consumo de drogas, etc.

La Virgen en el mensaje dice con claridad: "con un corazón simple acepten la Palabra de Jesús y vívanla. Si viven la Palabra de Jesús, amarán con un amor misericordioso. Se amarán los unos a los otros. Cuanto más amen estarán más lejos de la muerte. Para aquellos que vivan la Palabra de mi Hijo y la amen, la muerte será la vida". Cuando la Virgen pide aceptar la Palabra de Jesús con un corazón simple, está invitando a todos sus hijos a abrirse con sencillez a cuanto Jesús nos ha enseñado, que está por encima de cualquiera palabra humana. Y el medio para acoger la Palabra de Jesús es siempre la humildad. Entre más orgullosa es una persona más le costará encontrarse con Dios porque Dios es humilde, a pesar de su omnipotencia.

En el mensaje la Virgen nos dice que la Palabra de Jesús nos lleva al amor y a la misericordia, y la muerte se transforma en vida. Pero aquel que la rechaza, por haberla rechazado, se acerca cada vez más a la muerte. Esta muerte de la que la Virgen habla es la muerte espiritual, la muerte del alma. Hay muchos que la conocen, porque aún rodeados de afectos humanos y de bienes materiales se sienten vacíos, se sienten siempre heridos: es la muerte del alma. La Escritura nos dice que lo que conduce a la muerte del alma es siempre el pecado. Aunque la Virgen no lo haya mencionado en esta ocasión, la manera también de vencer la muerte del alma, es pidiendo perdón a Dios por los pecados cometidos por medio de la confesión sacramental, luego hay que comenzar a orar y abrirse a Jesús.

Al final, una vez más, la Virgen nos ha invitado a algo práctico: orar para ver a Jesús en los pastores de la Iglesia. No criticarlos, no juzgarlos, sino ver a Jesús en ellos. Cuando se ve a un Obispo, a un Sacerdote, a un Diácono, se debe ver a Jesús en ellos, pero si no hay oración se nos puede olvidar que en ellos está Jesús. Por otro lado, la Virgen ha dicho algo por primera vez: quien ora frecuentemente por los pastores, no solo ve a Jesús en los pastores, sino que es capaz de abrazarlos toda vez que abrazándolos a ellos se abraza al mismo Jesús. Luego en este mensaje la Virgen nos invita a orar mucho por los pastores de la Iglesia y luego abrazarlos. Es decir, manifestarle cariño por medio del abrazo, porque el abrazo a ellos es abrazo a Jesús.

 

Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz, desde Medjugorje, del 2 de junio de 2015, y reflexión del P. Francisco Verar

"Queridos hijos, deseo actuar a través de ustedes, mis hijos, mis apóstoles, para que al final pueda reunir a todos mis hijos allí donde está todo preparado para su felicidad. Oro por ustedes, para que con las obras puedan convertir a los demás, porque ha llegado el tiempo de las obras de la verdad, de mi Hijo. Mi amor obrará en ustedes, me serviré de ustedes. Tengan confianza en mi, porque todo lo que deseo, lo deseo para su bien, eterno bien, creado por el Padre Celestial. Ustedes, hijos míos, apóstoles míos, viven la vida terrena en comunidad con mis hijos que no han conocido el amor de mi Hijo, aquellos que a mí no me llaman Madre. Pero no tengan miedo de dar testimonio de la verdad, porque, si ustedes no tienen miedo y dan testimonio con valor, la verdad milagrosamente vencerá. Pero recuerden: ¡la fuerza está en el amor! Hijos míos, el amor es arrepentimiento, perdón, oración, sacrificio y misericordia. Si saben amar con las obras convertirán a los demás, permitirán que la luz de mi Hijo penetre en las almas. ¡Les doy las gracias! Oren por sus pastores, ellos pertenecen a mi Hijo, Él los ha llamado. Oren para que siempre tengan la fuerza y el valor de brillar con la luz de mi Hijo."


 

Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz del 25 de mayo de 2015, desde Medjugorje, y reflexión del P. Francisco Verar

“¡Queridos hijos! También hoy estoy con ustedes y con alegría los invito a todos: oren y crean en el poder de la oración. Abran sus corazones, hijitos, para que Dios los llene con su amor y ustedes serán alegría para los demás. Su testimonio será poderoso y todo lo que harán estará entretejido con la ternura de Dios. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes y por su conversión, hasta que pongan a Dios en el primer lugar. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”


El mensaje de este mes es una preparación a la Novena de María Reina de la Paz, y por consiguiente, a la Fiesta que celebra los 34 años de la primera aparición. Se recuerda que la Novena de nuestra Madre comienza en 16 de junio, y en esta ocasión, 10 días antes, Bosnia goza también de la presencia del Papa en Sarajevo. Se espera que muchos parroquianos de Medjugorje estén con el Santo Padre en la Eucaristía que celebrará en Sarajevo.

La Virgen ha dicho: «Queridos hijos! También hoy estoy con ustedes» Esta expresión es frecuente en los mensajes de Nuestra Señora. Esencialmente quiere decir dos cosas: la importancia de su visita a Medjugorje y que el mensaje más importante que Ella da con estas apariciones, es su presencia; más que las propias palabras. ¿Qué pasará cuando terminan las apariciones de Medjugorje? No lo sabemos, quizá ni los videntes lo sepan, pero ahora sabemos que María está con nosotros, como nunca ocurrió en la historia de la humanidad desde su Asunción a los Cielos. Y a nosotros nos corresponde aprovechar esta «venida suya», venida de amor, de paz, de esperanza. Y también nos corresponde ayudarla, poner en práctica lo que dice. Nos corresponde, de igual modo, leer este Signo de los Tiempos que Dios nos da.

Luego, la Madre dice: «con alegría los invito a todos: oren y crean en el poder de la oración.» Cuando dice «los invito a todos» significa que no hace acepción de personas. Todos estamos invitados por igual: sacerdotes, religiosas, laicos… absolutamente todos, a responder a la invitación de orar y creer en el poder de la oración. Pero fijémonos que la Madre no ha presentado en el mensaje una intención especial por la que se deba orar; como ha dicho en otras ocasiones. Solo ha dicho que se ore y que se tenga fe en el poder de la oración, dejando libre la intención de cada quien. Sin embargo, el 11 de mayo pasado, Ella misma pidió una intención especial. Dijo: “Queridos hijos, también hoy deseo nuevamente invitarlos a orar en este tiempo por mis intensiones: por mis planes que deseo realizar con mi venida aquí. ¡Oren, queridos hijos, y sean perseverantes en la oración!» Entonces, podemos considerar también que la Madre, en el mensaje del 25 de mayo, nos está pidiendo, que al momento de orar con fe, incluyamos sus intenciones, porque es sabido que Dios ha puesto en sus manos un proyecto que debe realizarse.

Luego, la Virgen ha dicho: «Abran sus corazones, hijitos, para que Dios los llene con su amor y ustedes serán alegría para los demás.» También en los últimos mensajes la Virgen ha estado insistiendo sobre el particular de abrir el corazón. Quizá porque como Madre sabe que muchos de sus Hijos, aunque oren y vayan a la Iglesia, tienen el corazón cerrado a Dios. Ahora bien, para abrir el corazón hay que orar, porque la oración misma es la que abre el corazón. Así, cuanto más se ora, más se le abre el corazón a Dios, y cuanto menos se ore, menos se le abre el corazón a Dios. Entonces, todo depende de la oración. La gente que está habituada a orar no tendría problemas para abrirle el corazón a Dios. Más bien el problema lo presenta quienes no oran como deben. Para captar las cosas que el mundo de hoy ofrece, no es necesario abrir el corazón, sin embargo para captar las cosas de Dios sí. Y la deferencia está en que Dios es amor y el corazón humano es la sede de ese amor. Por eso si no se abre el corazón no se puede experimentar a Dios, porque Dios es amor. Dios no es un sentimiento, sin embargo el sentimiento del amor en el corazón es señal de su presencia.

Mucho se habla “y de manera errada”, que no se debe buscar emoción cuando se ora, pero entonces, ¿¡qué sentido tendría la expresión «abrir el corazón» si no es para experimentar una emoción de amor!? No se abre el corazón para experimentar tristeza, angustia, aridez… sino para experimentar amor. Este es el fin. Y subrayamos este aspecto para que cada quien sepa cuándo puede tener la certeza de haber experimentado a Dios; de saber cuando le ha abierto el corazón a Dios. La señal es siempre el amor. La misma Virgen lo dice que: por medio de la apertura del corazón a Dios seremos alegría para los demás y cuanto haremos estará entretejido de la ternura de Dios.

Este nuevo llamado que la Madre nos ha hecho es para que sus hijos tomen conciencia del deber de ser testimonio de amor de Jesús en el mundo. El testimonio es alegría y ternura de amor. Pero hoy muchos no lo ven así. Se piensa que quien más predica, o quien más ministerios ejecuta dentro de la Iglesia es más apóstol de Jesús. ¡No! El testimonio no radica en hacer muchas, cosas sino en amar mucho. El apóstol verdadero es el que más ama y no el que más acciones realiza en la Iglesia. Teresita de Lisieux vivió muchos años como religiosa buscando su vocación en la Iglesia, pero después de leer 1 de corintos 12, 13 y 14 escribió esto: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado». Eso mismo ya no los dijo Jesús: que en amor reconocerán todos que somos discípulos suyos. Luego, la Madre quiere que demos testimonio de la ternura del amor de Dios frente a quienes nos rodean.

Luego al final la Madre dice: «Yo estoy con ustedes y oro por ustedes y por su conversión, hasta que pongan a Dios en el primer lugar.» La Madre una vez más nos recuerda que está con todos y que le presenta a Dios nuestras necesidades, pero también nos dice porque ora: por nuestra conversión. Y sabemos que la conversión es un cambio de vida hacia Dios y renuncia a todo lo que le ofende. Pero también para la «Gospa» conversión significa poner a Dios en el centro de la vida. Este particular es interesante. Poner a Dios en el centro de todo significa: consultarlo todo con Él, y que todas nuestra acciones lo tengan a Él como su fuente y de igual modo lo tangan a Él como su fin. ¡Sean alabados Jesús y María Reina de la Paz!

 

Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz del 2 de mayo de 2015, por medio de Mirjana y reflexión del P. Francisco Verar

"Queridos hijos, abran sus corazones y traten de sentir cuánto los amo y cuánto deseo que amen a mi Hijo. Deseo que lo conozcan lo más posible, porque es imposible conocerlo y no amarlo, porque Él es amor. Hijos míos, yo los conozco. Conozco sus dolores y sus sufrimientos porque los he vivido. Río con ustedes en sus alegrías. Lloro con ustedes en sus dolores. Nunca los abandonaré. Siempre les hablaré maternal y dulcemente. Y yo como Madre, necesito sus corazones abiertos, para que con sabiduría y sencillez difundan el amor de mi Hijo. Les necesito abiertos y sensibles al bien y a la misericordia. Les necesito unidos a mi Hijo, porque deseo que sean felices y me ayuden a llevar la felicidad a todos mis hijos. Apóstoles míos, les necesito para que a todos les enseñen la verdad de Dios, a fin de que mi Corazón, que ha sufrido y también hoy padece tanto sufrimiento, pueda triunfar en el amor. Oren por la santidad de sus pastores, para que en el Nombre de mi Hijo puedan hacer milagros, porque la santidad hacer milagros. ¡Les agradezco!"


 

Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz desde Medjugorje, del 25 de abril de 2015 y reflexión del P. Francisco Verar

"Queridos hijos, también hoy estoy con ustedes para guiarlos hacia la salvación. Su alma está inquieta porque el espíritu está débil y cansado de todas las cosas terrenas. Ustedes, hijitos, pídanle al Espíritu Santo para que Él los transfigure y llene con su fuerza de fe y esperanza, a fin de que estén firmes en esta lucha contra el mal. Yo estoy con ustedes e intercedo por ustedes ante mi Hijo Jesús. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

 

Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz desde Medjugorje, del 25 de marzo de 2015 y reflexión del P. Francisco Verar

"Queridos hijos, también hoy el Altísimo me permite estar con ustedes y guiarlos por el camino de la conversión. Muchos corazones se han cerrado a la gracia y hecho oídos sordos a mi llamado. Ustedes, hijitos, oren y luchen contra las tentaciones y contra todos los planes malvados que el diablo les ofrece a través del modernismo. Sean fuertes en la oración y con la cruz en las manos, oren para que el mal no los utilice y no venza en ustedes. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"



Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz del 25 de febrero de 2015, desde Medjugorje, B i H. y reflexión del P. Francisco Verar

“Queridos hijos, en este tiempo de gracia, los invito a todos: oren más y hablen menos. En la oración busquen la voluntad de Dios y vívanla según los Mandamientos a los que Dios los invita. Yo estoy con ustedes y oro con ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

Al momento, se encuentran todos los videntes en Medjugorje con excepción de Marija. Por tal razón, a través de Iván, los peregrinos pueden participar de las apariciones extraordinarias en la Cruz Azul o en la Colina los lunes o viernes. Los últimos mensajes extraordinarios han sido los siguientes. El viernes 20 de febrero la Virgen dijo: ¨Queridos hijos, los invito a orar por la paz, la paz está en peligro, oren más, oren con el corazón. La Madre ora con ustedes. Intercedo junto a mi Hijo por todos ustedes. Gracias queridos hijos porque también hoy han respondido a mi llamado.¨ Y el mensaje del lunes en la Cruz Azul fue: ¨Queridos hijos míos, hijitos míos, también hoy deseo invitarlos, en este tiempo de gracia que viene: oren más en sus familias, renueven la oración en sus familias. Particularmente oren, queridos hijos, con sus hijos. Oren, queridos hijos, por mis intenciones, por mis proyectos que deseo realizar con mi venida aquí. Oren, particularmente, por mis proyectos de paz. La Madre ora junto a ustedes y está siempre cerca de ustedes. Por lo tanto, decídanse, decídanse a orar más. ¡Gracias, queridos hijos, por haber respondido también hoy a mi llamado!¨

Por medio de estos mensajes, la Madre invita a los peregrinos —y a quienes siguen sus mensajes—, a que se le ayude en sus proyectos; especialmente, en su proyecto que trae para el mundo de paz. No se olvide. Obsérvese que el viernes pasado advirtió que la paz está en peligro. Por lo tanto, hay que tener presente esta advertencia apremiante, y relacionar los tres últimos mensajes con este imperativo. Si la paz está en peligro, al ayudar a nuestra Madre con nuestras oraciones, también nos ayudamos a nosotros mismos, porque fuera lo que fuera a ocurrir a todos nos afecta. De hecho, muchos cristianos están siendo perseguidos en territorios islámicos. A parte de la violencia que se vive en las calles de muchos países de América, y la violencia que vive en el vientre materno que asesina a seres inocentes con el crimen del aborto. Por lo tanto, se debe recordar, que la Madre quiere que se ore por la paz y que se ore con el corazón. Y esta oración se debe hacer en familia: los padres orar junto a sus hijos por los proyectos de María y por la Paz del mundo. El tiempo de Cuaresma y la Semana Santa que se avecina, son ocasiones para redoblar estos esfuerzos de oración familiar. Y sobre este marco referencial meditamos también el mensaje del 25 de mes que nos vino por medio de Marija: ¨Queridos hijos, en este tiempo de gracia, los invito a todos: oren más y hablen menos. En la oración busquen la voluntad de Dios y vívanla según los Mandamientos a los que Dios los invita. Yo estoy con ustedes y oro con ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado¨

1. La Cuaresma es un tiempo de gracia. Dios mismo ha establecido tiempos especiales de gracia por medio del Año Litúrgico que tenemos en la Iglesia. La Cuaresma no es tiempo un para vacaciones, y muchos menos, la Semana Santa. ¡No! Es tiempo de conversión, de ayuno, de penitencia, de reconciliación y sobre todo, de oración constante. Tiempo para Jesús, para acercarnos a Sus Llagas preciosas, a Su Sacrificio de amor a causa de nuestros pecados. La Madre quiere que utilicemos este precioso tiempo para aquello que ante Dios es lo primero: la oración y la conversión. Porque sin conversión no hay oración y sin oración tampoco hay conversión. El problema de fondo, es que muchos cristianos piensan que ya oran lo suficientes, o bien, que no tienen pecados graves. Por eso la Madre nos habla: para ayudarnos.

2. ¨Los invito a todos: oren más y hablen menos.¨ Esta segunda parte del mensaje es importante, quizá el centro del mensaje. La Madre comienza diciendo: ¨Los invito a todos¨. Recuérdese que Ella habla desde Su autoridad de Madre de la Iglesia. Fue precisamente el Virgen Santo cuando Su Hijo la envistió de tal autoridad al proclamar desde la Cruz, su maternidad espiritual sobre toda la humanidad; no solo sobre la Iglesia toda vez que Jesús moría en la cruz por toda la humanidad, no solo por la Iglesia. Por consiguiente, la maternidad de María recae sobre toda la humanidad. Y esa maternidad dice ahora: ¨los invito a todos¨. No solo a quienes siguen sus mensajes, no solo a los consagrados, no solo a los indiferentes… La Madre invita a todos sus hijos ¨a que oren más y hablen menos¨. Lo que la Madre quiere, es que parte del tiempo que se dedica a charlar en familia, o con los amigos o en negocios o estudios… sea tiempo mejor invertido en la oración. Y obsérvese que la Madre no ha dicho: ¨dejen de hablar o no conversen¨ sino hablen menos, porque Ella sabe que mucho de lo que se platica es tiempo perdido, que muy bien se puede aprovechar en oración. Por lo tanto, hay que ser humilde, y si queremos responder a la Madre durante este mes, hay que disminuir las conversaciones amenas con el fin de aumentar el tiempo de la oración. No se trata de eliminar del todo las conversaciones sino disminuirlas para dedicarnos a orar más.

3. ¨En la oración busquen la voluntad de Dios y vívanla según los Mandamientos a los que Dios los invita¨
Esta parte del mensaje de este mes, también es significativa, porque no se trata solo de pedir por la paz que está en peligro y orar por los proyectos de María, sino que la oración también es una búsqueda continua de la Voluntad de Dios, porque mucha gente cuando ora solo pide, pero no busca la Voluntad de Dios para su vida. Por eso hay mucha gente embrollada en el mundo y en la Iglesia: piensan que Dios no los escucha, porque cuando oran van a Dios cómo se va a un restaurante: eligen el menú y piden lo que quieren comer según sus gustos y apetitos. Sin embargo, cuando se ora no se puede llevar un menú: no hay gustos ni apetito por algo especial. Entonces, la mejor forma de orar, es decirle a Dios, con el corazón humilde: ¨ Señor, que quieres de mí. Yo dejo en este momento todos mis proyectos en tus manos y renuncio por entero a mi voluntad para aceptar la tuya, fuere la que fuere.¨ Considérese que una de la mayores crisis que estamos viviendo —y por lo mismo habla María de eso— es la crisis de la oración: la gente a cambiado su relación con Dios por la tecnología, el internet, la TV, los negocios, el dinero, la diversión en la calle, el deporte… Hay tiempo para todo menos para orar. Y si cuando se ora —por la misma aridez que trae la falta de oración— se va entonces con el menú personal ante el Señor, y no a buscar que Él quiere de nosotros. Y eso se podría llamar fariseísmo ¨platinum o gold¨, buscar a Dios según mi conveniencia. Consecuentemente hay que doblar rodillas, hay que ayunar, y en humildad y recogimiento, buscar la voluntad de Dios en Sus Mandamientos con la oración.

Pienso que antes de orar para buscar la Voluntad de Dios, habría que leer y meditar los 10 Mandamientos y la explicación de ellos que hace Jesús en Mateo 5, 6 y 7. De lo contrario, se podría orar en forma errada. Otra forma de hacer la oración en este sentido, es meditar con el corazón, mientras se ora, el Sermón del Monte: Mateo 5-7. Esta es la plataforma principal de lo demás. Luego, cuando se conoce la Voluntad de Dios, y la buscamos, la recompensa es, sin lugar a dudas, una mejor calidad de vida emocional, de satisfacción, de bienestar… porque Jesús vino para que tengamos vida en abundancia. Recuérdese que la vida en abundancia no viene del dinero, de las relaciones sentimentales, del licor, de la droga, de las diversiones… No, estos son engaños, son comedia porque la verdadera felicidad la da solo Dios y se eterniza en el más allá, en el Paraíso, que María ha dicho que se puede vivir desde ahora; pero sin el pecado, por medio de la humildad y el ejercicio de la caridad.

4. ¨Yo estoy con ustedes y oro con ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!¨ La Madre al final del mensaje infunde esperanza, ánimo, optimismo, confianza: enfatiza que está con nosotros y que ora con nosotros. Esta parte es maravillosa, y poco se medita. Considérese que cuando la Madre habla así está pensando en todos sus hijos. Esas palabras no son para los videntes porque ellos la ven todos los días y no tienen necesidad de escuchar dichas palabras. Tampoco la dice a los peregrinos que están en Medjugorje, porque el mensaje lo recibe Marija en Milán donde vive. Entonces, esas palabras son para toda la Iglesia: María está de manera especial con todos sus hijos, no tiene preferencia, intercede por todos. Y es inútil razonar esas palabras y con criterios científicos no se pueden explicar. Pero si se pueden aceptar a través del amor, porque es por medio del amor como se experimenta la presencia de María entre nosotros. ¡Sea alabado Jesucristo!